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Los chicos de Tras la cortina pueden apuntarse un tanto después de lo ocurrido el sábado en BoogaClub. Porque, revivir el espíritu del “Great Googa Mooga”, que estuvo presente en las camisetas de The Little cobras, en las de parte del público y sobre todo, en la actitud de los presentes, era algo que se necesitaba en la ciudad después de que el ciclo que tan buenos grupos hizo pasar por nuestra escena anunciase su punto final. Aunque creo, en vista de lo que vivimos en Boogaclub, que todos deseamos de verdad que sea sólo un punto y aparte.

Abriendo una noche de bailes frenéticos y muchas ganas de fiesta, desde El puerto de Santa María, The Little cobras llegaron con garage/punk cargado de electricidad estática, de la que pone los pelos de punta. Mucha actitud, muchas tablas encima y capacidad para poner a bailar al público desde los primeros temas. La banda, en la que militan los hermanos Sergio Rejano (guitarra y voz) y Daniel Rejano (guitarra y voces) junto a Raúl Rivas (batería) hizo gala de su solvencia con poderosos riffs de guitarra y una base rítmica que invitaba a dejarse las caderas en la pista de baile.

Rock’n’roll portuense para unos dignos herederos de los Stooges que sin embargo han sabido llevar a un terreno más nacional su sonido electrizante y lleno de trallazos musicales con los que conectaron rápidamente con un público que ya desde el comienzo llenó la sala.

Bien caldeado ya el ambiente, incluso dejando ganas de más, terminaba el concierto de The Little cobras para dar paso al cuarteto calavera que forman Los Tiki Phantoms, una banda salida directamente del fondo de un volcán que vuelven periódicamente a la vida con un surf rock que sabe meterse en la piel (o los huesos en este caso) del cuarteto de ultratumba y recurren a todos esos tópicos surferos, como el moverse acompasadamente, elaborar pequeñas coreografías guitarreras e incluso, en su caso, hacer acrobacias en el escenario, mientras surfean las notas más rockanrolleras.

El grupo, que llevaba cinco años sin venir por Granada, lo hacen ahora presentando su último trabajo “Aventuras en celuloide”, otro álbum instrumental, como lo han sido sus cuatro predecesores. Y, precisamente repasando su discografía, comenzaron el show remontándose nada menos que a su primer LP (Los Tiki Phantoms regresan de la tumba), en el que escuchábamos su “Vulcan” y, a partir de ahí, un paseo sobre las olas de todos sus trabajos anteriores. Hubo que esperar al sexto tema para escuchar “Locos sobre ruedas”, el primero que hicieron del que están presentando actualmente.

Sobre el escenario, recursos como su famoso “sacrificio” en el que implican de lleno al público (mira que nos gustan unas máscaras y un sacrificio) en el que hacen pasear sobre una colchoneta de playa a una “pobre inocente” que sobrevuela el recinto, (con peligro para su integridad física a su paso bajo los focos) para diversión de un público que a mitad del concierto ya está dispuesto a todo.

Efectista también la “konga” en la que se pide al público que hagan una (menos mal que las entradas ya estaban pagadas) y momentos más melódicos en la imprescindible “Siberia” uno de los temas de más éxito de la banda además de ser uno de los mejores a nivel musical, si es que puede elegirse un tema entre los muchos que han grabado en los años en los que salen de la tumba para subirse a los escenarios.

Imprescindible también su “Tiki on me”, que ya formó parte de los bises donde también escuchamos “Doble bombo” y “Guatiki” para terminar de redondear una noche musicalmente perfecta.
Ahora que ya sabemos qué hay Tras la cortina, nos quedamos esperando que sigan anunciando conciertos porque si algo hemos averiguado es que con propuestas así da igual a qué lado del telón te sitúes, es igual de divertido.

Crónica: María Villa

Fotos: J.M. Grimaldi 

Más fotos en: THE LITTLE COBRAS + TIKI PHANTOMS

Que el guitarra o el bajista de un grupo se bajen del escenario y se mezclen con el público es un recurso dinámico y muy de agradecer a veces para crear un contacto más estrecho con el público. Que lo haga el batería ya es algo mucho más raro, sobre todo si lo hace con todo el set incluido. Y así, es como terminaba anoche un corto, pero intenso, concierto de It It Anita, precedido por otro igualmente impactante por parte de FAVX.

Con la batería “andando” por Planta Baja y el grupo haciéndose pedazos en el tema final, los belgas It It Anita sorprendieron de principio a fin con su noise-post-punk eléctrico y contundente. Mucha actitud, sin dejar de lado una gran calidad musical, pero sobre todo una gran capacidad (en la que los técnicos tuvieron mucho que ver) para conseguir que un estilo tan complejo de sonorizar en un espacio cerrado sonara con fuerza pero sin pérdida de matices. Un lujo, poder centrarte en cualquiera de los instrumentos y escucharlo con nitidez mientras que la banda se deshacía sobre el escenario con un repertorio demoledor.

Tras varios Ep´s y una larga gira por Europa, It It Anita presenta su primer largo “AGAAIIN” y lo lleva a los escenarios con un directo demoledor, haciéndose con el espectáculo desde el primer tema e interactuando con un público que no fue nada abundante, pero para ellos debió ser como llenar un estadio, a juzgar por las ganas con que lo dieron todo anoche en Planta Baja.

Momentos, como el de colgar la guitarra al cuello de una chica entre el público, convirtiéndola en improvisada estrella del rock con sus minutos de gloria, hicieron que la participación del mismo fuese activa y animada, además de receptiva al desarrollo del propio concierto.

A que el ambiente estuviera bien caldeado contribuyeron, sin duda, unos teloneros que pusieron el listón muy alto, los madrileños FAVX, con los que van a compartir varios carteles en su gira española. Un punk emparentado con lo más exaltado del grunge el trío formado por Nicolás Yubero (batería), Daniel Treviño (guitarra y voces) y Marcos Fairweather (bajo y voces) sorprendieron y engancharon a partes iguales a un público que no sabía exactamente qué se iba a encontrar y conectó rápidamente con la banda.

Ambos, armados de buenos temas para defender, pusieron toda la carne en el asador para dar forma y fondo a una noche donde se escuchó buena música. Poca gente en el Planta, en uno de esos conciertos que rompen la dinámica musical de la ciudad, ofrecen algo alternativo y sin embargo, inexplicablemente (el jueves suele ser buen día para los conciertos) no goza del apoyo de un público que normalmente se queja precisamente de la poca variedad en la oferta cultural.

Un lujo para los que sí pudimos presenciarlo y disfrutar de un cartel redondo, con dos grupos que hay que apuntarse ya en favoritos. Esta noche, esperemos que con más público, volverán a hacerlo en Sala X (Sevilla) y mañana en París 15 (Málaga) así que si aún estáis a tiempo de verles, disfrutad, que espectáculos como este no se ven todos los días.

Crónica: María Villa

Fotos: Leo Leiva

La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra

[crónica] La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra (28/03/2017)

La danza, a caballo entre el baile y el teatro, es una de las disciplinas más elocuentes en cuanto a su capacidad de contar, a través del movimiento de los artistas, una historia. Si a una coreografía que entra en lo experimental para potenciar la expresividad de los artistas, le ponemos de trasfondo una historia como inspirada en ‘El caballero inexistente de Italo Calvino’, obra en la que está inspirada “Mille Batailles”, nos encontramos ante un espectáculo donde conviven espacio y personajes para dar vida a una obra verdaderamente impactante.

Louise Lecavalier presenta su peculiar danza, intensa y frenética como “un personaje insólito, enigma de un cuerpo armadura que se defiende de los envites de la vida y la sociedad en un conflicto permanente”.

Un personaje que interactúa con la luz y el espacio, que se acota, se divide, se acentúa o se amplía gracias a un apartado luminotécnico que forma parte de la propia fuerza representativa y constituye un apoyo imprescindible para conseguir contar la historia.

La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra

Sobre un fondo de música afro-funk electrónico y de profundos riffs de guitarra, y, también, por la música house y techno, interpretada magistralmente en directo por Antoine Berthiaume, la bailarina desarrolla una acción, a veces cercana a la mímica por la propia expresividad de su rostro, que también parece intervenir en la danza.

La bailarina, Louise Lecavalier, hace suyo el ritmo y lo convierte en su propio pulso, sobre el que construye un monólogo de movimientos hipnóticos, frenéticos por momentos, dotados de plasticidad y una expresividad que interioriza desde el sonido para exteriorizar en el movimiento.

Acompañada por Robert Abubo, con quien comparte ese espacio que se fracciona y se acota, sin que ninguno de los personajes se mantenga dentro de los límites –imaginarios- dibujados sobre el espacio, la obra traspasa los límites el propio escenario en un espacio, como es el del Teatro Alhambra, con la versatilidad necesaria para acoger obras de todo tipo, pero especialmente adecuado para realzar éstas.

Crónica: María Villa

Fotos: Dossier fotográfico artistas

Es gallego y, como buen gallego, uno nunca sabe si va o viene. Ya se encarga él mismo de alimentar el tópico. Ante un Palacio de Congresos lleno de mitómanos que adoran al cantante y por qué no decirlo, al personaje que él mismo ha forjado de sí mismo. Lo que viene llamándose, un artista. Porque Iván Ferreiro es eso, un pedazo de artista con recorrido y recursos como para facturar un directo de los que te hacen disfrutar desde el primer minuto.

Con una banda que facilita mucho las cosas, en la que Ricky Falkner ocupa un lugar estelar con una presencia escénica indiscutible y flanqueado, como no, por dos escuderos siempre precisos y certeros en sendas guitarras, Emilio Sainz que se mostraba inquieto sobre el escenario y Amaro Ferreiro. A primera visual se echó en falta la presencia de Pablo Novoa a los teclados, más por la costumbre que de verlo en escena que por falta de esa instrumentación, bien presente en la banda con dos teclistas más el piano de Iván Ferreiro.

Por delante, más de hora y media de concierto para enseñarnos su “Casa” para empezar precisamente por ahí, con Iván sentado al piano y sus “Dioses de la distorsión” recordándonos que “la luz de la mañana tardaba ocho minutos en llegar” con el público aún sentado en los asientos. Dos temas más “El bosson de Higgs” y el que da parte del título al último disco “Casa, ahora vivo aquí” y el permiso del artista ‘podéis levantaros si queréis’ para que el público ya no volviera a sentarse más que en los temas más tranquilos del repertorio.

Un setlist que le puso a pie de confesionario con “Inerte” (Confesiones de un artista de mierda – 2011) para contarnos “Toda la verdad” (Mentiroso, mentiroso – 2008) antes de llevarnos hacia “El viaje de Chihiro” y repasar su amplia carrera en solitario yendo y viniendo por casi todos sus trabajos aunque, obviamente, nosotros estábamos allí para escuchar su “Casa” y de este último trabajo es del que más temas introdujo en su repertorio.

En directo, la guitarra, mucho más atmosférica que en el disco, se hacía más presente en temas en los que podía lucirse especialmente. Alguna “parada técnica” (cosas del directo) por esas pequeñas distracciones que tanto humanizan realmente a los grupos y que Iván Ferreiro resolvió con un “no debí tomar ese vino” y su aviso de que había sacado “Turnedo” del setlist para meter una petición que le habían hecho por Twitter: “Tupolev” justo después de que la chica que se la había pedido se levantara entre el público reclamando la autoría de tweet.

Entre medias, temas que no podían faltar, como “Dies irae” o “Pensamiento circular”, aunque sí se echaron en falta otros como “Laniakea”, que todo el mundo esperaba escuchar en directo. Pero está claro que no se puede tener todo, visitar toda su “Casa” (grande, amplia y acogedora) y disfrutar de sus canciones más conocidas de los últimos años nos hubiera ocupado el doble del tiempo disponible.

Mucha conexión con el público, que por supuesto, se sabía todas las letras y momentos de complicidad en los primeros bises con un “Farsante” interpretado sin batería ni bajo, dándole mucho más énfasis a su interpretación al piano y, por supuesto, en la siempre esperada “Años 80” donde se escuchó mucho más fuerte al público que al propio artista y especial también el momento en el que sonó “Cómo conocía a vuestra madre” (Val miñor – 2013) antes de volver a salir del escenario y dejarnos la imagen de un Ricky Falkner animando al público con las manos para que siguieran pidiendo otra.

Y en ese momento, cuando ya el público sabe que sí, que se acerca el final del concierto y parece que hay más ganas de disfrutar lo que queda del mismo (y sabiendo ya que no iba a tocar Turnedo), tocaba disfrutar a tope de esa última tanda que daba comienzo con “S.P.B.N.” que nos remitía mentalmente a la voz, ahí ausente, de Rubén Pozo para dar paso a “Promesas que no valen nada” magníficamente enlazada con una versión con la que ya nos sorprendió hace tiempo “Insurrección” (El último de la fila) y uno de sus mejores temas, “El dormilón”, antes de finalizar el concierto con… “Turnedo”, por supuesto. Y es que, como decía al principio, Iván Ferreiro es gallego y cuando dice que no va a cantar un tema nunca sabes si lo canta, o no lo canta.

Crónica: María Villa

Fotos: J.J. García

Todo el mundo ha visto alguna vez “El jardín de las delicias” de El Bosco. Muchos han tenido la suerte de estar frente al tríptico y sentirse apabullado por su magnitud simbólica. Otros la han visto reproducida hasta la saciedad en láminas y libros de arte. Recientemente incluso, algunos, pudieron profundizar en los múltiples estudios y significados de su enigmática obra coincidiendo con la exposición que presentó el Prado en su “V Centenario”.

Sobre “El jardín de las delicias” hay estudios de todo tipo, que van desde lo artístico hasta lo psicoanalítico. Teorías, estudios, tesis y libros escritos para tratar de entender todos sus recovecos. Incluso eruditos que han tratado de interpretar la extraña partitura que aparece en una de sus tablas, afirmando poder reproducir la melodía dibujada en las nalgas de uno de los personajes.

Se convierte así, en uno de los cuadros que más expectación ha despertado en nuestros días, no sólo entre estudiosos del arte, sino también entre los de otras disciplinas. En este contexto, el de la enorme fascinación que despierta el tríptico, Producciones Imperdibles presentan una propuesta musical que invita a la observación del detalle, a la reflexión sobre cada pincelada.

Dividiendo el concierto-representación en tres partes (simbolizadas también en tres velas que se van encendiendo paulatinamente) nos muestran cada uno de los rincones, imágenes, personajes, toda la mitología y todo lo onírico que El Bosco depositó en su trabajo más extraño y simbólico.

La música, en la que una base lanzada al aire da pie al acompañamiento de teclados, instrumentos de viento, percusiones y efectos, compone en directo una melodía de acompañamiento para guiarnos a través de nuestros pensamientos y todo lo que nos sugieren las escenas del cuadro.

Resulta curioso cómo, al aislarlas, la mente intenta crear, paralelamente a la melodía que escucha, o apoyándose en ella, una historia, una explicación, un pensamiento que conectar con el resto de pensamientos que van y vienen mientras la oscuridad ampara la escenografía intimista que ocupa el teatro.

 

Una proyección, unos cuantos elementos adicionales y la música como hilo conductor no de algo que sucede ante nosotros, sino de lo que sucede dentro de la mente de cada uno de los que asiste a la función.

Una hora para pensar, desconectar, admirar, disfrutar y escuchar con la mente abierta pero en blanco. Como un lienzo sobre el que escribir, cada uno, su propio paisaje sonoro, alquímico, poético, herético. Un camino entre la música y la pintura para descender a nuestros propios infiernos.

Crónica y fotos: María Villa

Depedro en Industrial Copera

Llegó con“El Pasajero”, en una noche donde era difícil elegir dónde ir en Granada, por lo mucho y lo bueno de la siempre bien nutrida oferta musical de esta ciudad.

Pero llegó respaldado por un discazo, su último trabajo, y toda una carrera musical que, como un viaje, emprendió hace ya más de veintidós años, con La vacazul para seguir, siempre por la senda del éxito, trabajando con Amparanoia, Los Coronas y finalmente Calexico.

Pero su viaje, ese en el que él debía ser el pasajero protagonista, era sin dudas su proyecto personal, Depedro, un “alter ego” a medida con el que Jairo Zavala se siente a gusto para dar rienda suelta a todo el potencial creativo que le desborda.

Compositor brillante, cantante talentoso y sobre todo “un hombre bueno”, características que son imprescindibles, junto a la humildad que destila cuando se dirige al público, para alcanzar el éxito.

Depedro en Industrial Copera

Un éxito que no es sólo nacional, sino que le avala por todos los países (que no son pocos) donde edita sus discos y si bien, los de habla hispana le tienen especial cariño, el resto no se quedan a la zaga a la hora de rendirse a la evidencia.

Depedro es uno de los mejores artistas nacionales de la actualidad musical, uno de los más completos y quizás el que más potencial creativo está exhibiendo en estos momentos.

“El pasajero” es un disco que viene a corroborar la admiración que muchos sentimos hacia él, un disco que atraviesa fronteras humanas y terrestres, que toca la patata, vamos.

El sábado, en Industrial Copera, con una producción impecable, apuesta personal de una sala que ha sabido reinventarse y sacar el máximo provecho a lo que tiene, se presentó con una fuerza ciclogenética.

Sin medias tintas.

Depedro en Industrial Copera

Antes que él, dignos teloneros de lo que se nos venía después, los granadinos SUE caldearon el ambiente a base de ese rock hecho a conciencia, por buenos músicos y con buenas canciones.

Es, sin dudas, una de mis debilidades personales en cuanto a música local, no sólo por la enorme calidad de sus intérpretes, sino por su capacidad y perseverancia en un panorama que no siempre sabe apreciar y agradecer lo que tiene en la ciudad.

Directos, impecables y con un gran sonido que les hizo lucirse especialmente, SUE fueron el prólogo perfecto de la noche.

Podríamos decir que Depedro, sin apenas hacer esperar al público, cada vez más nutrido en Industrial Copera, se lanzó al escenario y lo hizo, con uno de sus grandes temas, si es que pudiéramos decir que alguno no lo sea.

Primeros acordes de “Como el viento” y una exclamación colectiva, un “ohhhhh” que se repetiría con constancia en muchas ocasiones según Jairo Zavala iba presentando temas.

A partir de ahí, una carta a los reyes magos atendida de principio a fin, dudo que alguno de los presentes se quedase con ganas de escuchar el que considere su tema favorito.

Depedro en Industrial Copera

Un repaso a todos sus trabajos, sin excepción, con “¿Hay algo ahí?”, “Nubes de papel”, “Hombre bueno” (uno de mis favoritos), vuelta al último disco con “D.F.”, tema en el que introdujo un final ‘a la veracruzana’, “Tu mediodía”, “Diciembre” (otro de mis preferidos) y llegados a ese punto todo el mundo tenía claro que la noche no podía ser más apoteósica.

Con un público que cantó, bailó y se emocionó a partes iguales con su capacidad de comunicarse con los presentes, sus anécdotas, sus pequeños olvidos en “La memoria”, su viaje por la “Panamericana” y “Ser valiente” para terminar, o hacer como se termina, con su emocionante versión de “Llorona” que a más de uno le hizo saltar las lágrimas.

Una salida del escenario musicalizada, dejando al público cantando el último estribillo para reclamar su vuelta a escena, esta vez él sólo con su acústica, para dejarnos dos temas cantados con suavidad y cercanía.

Uno de ellos “Miguelito”, utilizado para dar entrada al resto de músicos y esta vez ya sí, el final tenía que llegar en un momento u otro y tenía que estar a la altura del mejor concierto que he visto en la ciudad en lo que va de año.

Antes de irse, un alegato, una petición, para que se dejen entrar niños en las salas (eso también me tocó mucho la patata).

Y así, entre la emoción general y las ganas de no-irse, sonaban “Casa de sal” y “Comanche”, a modo de despedida, o de hasta luego. Quién sabe. Ojalá sea lo segundo y le veamos pronto, de nuevo, en Granada.

Crónica y fotos: María Villa

Más fotos (de Fran Ortiz Retratista) en INDUSTRIAL COPERA

Monkey Week Planta Baja

Si el concierto comienza con un “Monkey Week presenta”, los que hayan pasado año tras año por el Puerto de Santa María (al que ojalá vuelva este festival alguna vez) o el pasado año por Sevilla, saben que lo que viene detrás puede ser como mínimo impactante.

No es Monkey Week un festival al uso, de esos de bandas consagradas que se repiten en todos los carteles hasta la saciedad, sino un escaparate, un laboratorio o campo de ensayo donde, como su lema suele recordar “ven a ver hoy las bandas del mañana”.

Ahora, Monkey Week amplía su calendario y fronteras y se pasea por nuestra geografía, ofreciendo una serie de conciertos que beben de las fuentes de esa filosofía de lo novedoso y sorprendente, sin dejar de lado la gran calidad que supone el sello MW y la gran oportunidad para los curiosos que recorremos salas para descubrir nuevos valores.

Todo esto, de manos de 1Molar Producciones, que se están currando un pedazo de eventos increíbles. El viernes, en Granada, fue el turno de El lobo en tu puerta, Chochos y moscas y Gentemayor, con el denominador común de su procedencia gaditana.

Monkey Week Planta Baja

Los primeros en salir a escena, con puntualidad granadina, los chiclaneros El lobo en tu puerta con un Lo-Fi Hard Blues (según ellos mismos) aunque en mi opinión sonaba como un punk-blues absolutamente rabioso y brutal . Despedía tanta fuerza que mantuvo, durante su actuación, ese “cerco” que se traza como con goniómetro para que nadie se meta dentro del semicírculo que “protege” el escenario en algunos conciertos. ‘Acojonáos’ que nos tenía.

Lo dieron todo, con una energía y un desparpajo sobre el escenario que invitaba a unos tímidos pogos, que no se terminaban de formar, a pesar de que el cantante se bajó del escenario, empujó hasta al fotógrafo y provocó hasta la saciedad a un público que quería, pero no terminaba de lanzarse a la acción.Tremendos, no los perdáis de vista porque es uno de esos grupos que hay que seguir de cerca.

Tras ellos, un ¿grupo? ¿comparsa? ¿agrupación carnavalera? Como decía un chaval entre el público “No sé qué es lo que acaba de pasar ahí arriba, pero he flipado con ellos”.

Monkey Week Planta Baja

Ellos eran Chochos y moscas, un “grupo” de grindcore express, por intentar definir lo indefinible.

Con “temas” de menos de 15 segundos, una estética que parecía sacada de lo más cutre y casposo del carnaval de Cádiz y, si trato de explicar que justamente eso es lo que les hace cojonudos lo voy a tener difícil, por lo contradictorio de la propia afirmación.

Monkey Week Planta Baja

La definición que acabo de dar puede hacer pensar que no me gustaron, pero ver al trío, con ese “tipo” (juzguen ustedes mismos) inspirado en los romanceros gaditanos, con batería tipo rock band (el guitar hero para bateras), cantando letras sobre las croquetas congelás y pidiéndole a Rafael que bajase ya (Falling Down) fue de lo más desternillante que he presenciado en años.

Imprescindibles, todavía me estoy riendo con los vídeos y espero volver a encontrármelos sobre los escenarios. Escuchad su bandcamp, en menos de 2 minutos podéis oír sus cuatro últimos discos.

Monkey Week Planta Baja

Para cerrar la noche, los también gaditanos Gentemayor, con un alternative experimental rock hardcore noise rock punk electrónico al que también resulta imposible ponerle etiquetas. La noche iba de eso, de grupos que se salen de cualquier intento de encasillarles.

Ellos, como buenos gaditanos, debieron pensar un día que para qué usar un doble bombo si se pueden meter dos baterías completas. Y claro ¿quién dijo miedo? Como no sea a la hora de cargar y descargar backline ellos no ven problema alguno al contundente formato.

Pero claro, tampoco son dos batería cualquiera, ni las guitarras, ni teclados, ni sintes, son cualquier cosa, todo forma parte de un complot para destruir el pop y realmente son armas de destrucción masiva de algún servicio secreto, porque hablar de contundencia es quedarse tan corto que sólo hay que contar que, por primera vez, he visto cerrar las dobles puestas que aíslan la parte inferior del Planta. Brutales.

Monkey Week Planta Baja

Aún me duele el cuello de moverlo tratando de seguir el ritmo marcado por una banda que nace “tras un concierto de Lisabö en el que Rafa Camisón (GAS Drummers, The Ships…) y Antonio Pérez (Hand of Fatima, 8th of September), tuvieron un cruce de miradas cómplices, íntimas y eróticas que fraguarían lo que iba a ser la semilla del grupo GENTEMAYOR.

Tras duras negociaciones se unieron al proyecto Manuel Gallardo (Hand of Fatima, Inertia…) a la bateria y Andrés Trujillo (Kill Kill, The Crrrrrr!!!, Hyper Talbot…) al bajo; éste último pasó a encargarse de voces extras y sintetizadores, y entró a formar parte del proyecto Borja Aguilera (The Shooters, Bafles) como bajista.

Para finalizar la formación, Pedro Perles (Leda 3, Perlita, Paco Loco Trio)” Todo lo cual recogemos de su biografía, que esperamos esté actualizada, para no recibir correos, tras la publicación de éste, diciendo que tal o cual músico ya no está en la banda desde hace tres años.

No sé, demasiado brutal todo como para hacer una crónica al uso, mejor que sigáis a las bandas, escuchéis sus Bandcamp, compréis sus discos y saquéis entradas para el próximo concierto donde toquen. Es la única manera.

Crónica: María Villa

Fotos: J.M. Grimaldi