Archivos de la categoría ‘OTROS DICEN…’

Anoche eran el plato fuerte del festival y eso, no sólo se notaba sino que debe dar cierta responsabilidad a un grupo. A pesar de que la sala (Discoteca Los Pinos en Alfacar) es bastante pequeña y el lleno por tanto poco significativo la verdad es que la discoteca estaba a tope cuando empezaron a tocar Los Coronas y ellos supieron gratificar a un público que se volcó con ellos.

Para un grupo forjado en una ciudad donde no hay playa, ser el máximo exponente del surf español significa ni más ni menos que hacer la música que les da la gana, la que les gusta y no sólo eso. Los Coronas, en sus casi 20 años de trayectoria musical han mezclado todo tipo de ritmos y han ido surfeando entre supertubos, spaguetti-westerm  y guiños musicales de todo tipo. Lo mismo tocan un pasodoble “a la manera clásica” para terminar tocándolo “a nuestro estilo”, como recorren los sonidos más reconocidos de todo el panorama surf, fronterizo, del este al oeste con la misma soltura. Con referencias y versiones tan originales como “Flamenco” de los Brincos que gira hacia una vertiente más “cañí-surf” de la banda.

Los Coronas lo forman algunas de las figuras más importantes del panorama musical español,  como Fernando Pardo a la guitarra (Sex Museum),  David Krahe (No Wonder) también guitarra,  el tremendo batería “Loza”  Sex Museum), Javier Vacas al bajo (Sex Museum y La Vacazul) y el ucraniano Yevhen Riechkalov que le una gran personalidad al grupo con su magistral trompeta. Un grupo que ha conseguido una formación ideal para el tipo de música que tocan.

Además de la buena música el grupo sabe cómo ganarse al público y trasmiten la sensación de que ellos están pasándolo bien en el escenario, lo cual, normalmente, llega al público y deja ese buen sabor de boca que hace de un concierto una experiencia no sólo musical. Saben ponerle un poco de humor y salvar las dificultades que surgen en todo directo con mucha dignidad (la batería se pasó el concierto en un equilibrio inestable a pesar de lo cual Loza estuvo sublime, como siempre). Detalles como el  “tocarsela uno al otro” ente ambos guitarras ponen también en muchos de sus conciertos esa parte distendida que le vendría muy bien a otros muchos grupos demasiado rígidos sobre el escenario.

Lo que sí puedo decir del grupo es que cada vez tocan mejor y cada vez ganan más adeptos por méritos propios. Por algo es la tercera vez que voy a verlos, de pocos grupos nacionales puedo decir lo mismo. El festival se abrió con el grupo ganador del concurso de maquetas organizado por “Asociación Cultural Hogaza”  (recordemos que Alfacar es un pueblo con que hace pan con denominación de origen),  The Gallardos, procedentes de Motril y se cerró con los suecos Transwagon que aunque se encontraron el ambiente ya caldeado tuvieron que esforzarse bastante por meterse al público en el bolsillo, lo cual, sólo ocurrió casi al final del concierto. El grupo es muy bueno pero Los Coronas habían dejado el listón muy alto.

Y finalmente reseñar la estupenda labor de la “Asociación Cultural Hogaza” que un año más ha conseguido montar sin apenas medios y con una mínima ayuda institucional un festival que como todo en esta tierra está destinado a luchar por su supervivencia por sus propios medios. Ojalá sigan adelante, su labor en apoyo de la música y la cultura lo merece. Nadie imagina el mérito que tiene montar este tipo de conciertos con una entrada simbólica (5 euros consumición incluída) y no morir en el intento.

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Desde el blog de Ángel González

Publicado: diciembre 29, 2009 en OTROS DICEN...

En mi repaso mañanero a las novedades en las entradas de los blogs que tengo a la derecha me encuentro este estupendo post de Ángel González con un párrafo extraído de Utopía de Tomás Moro. Ayer recordaba ese libro tras ver Avatar, que no tiene nada que ver con el tema pero me pareció que seguimos buscando mundos utópicos y que muchas veces éstos se parecen más a lo que hemos dejado atrás. Tal vez eso demuestra que sólo hemos involucionado.

Jebel Toukal

Publicado: agosto 6, 2008 en OTROS DICEN...

Autor: Fernándo Cárcamo Cubero

En nuestro país, cada montañero se ha iniciado en la montaña de una forma diferente. Aunque los clubs de montaña siempre han sido vivero de futuros montañeros, en los años 40-50 del siglo pasado la necesidad hacia “recomendable” utilizar el Frente de Juventudes y sus campamentos; más tarde fueron otras organizaciones las que utilizaron los campamentos de verano para acercar a los jóvenes a la montaña; en los 80-90, con frecuencia se veían a padres que pateaban los senderos con mochilas portabebes; últimamente parece que predomina una corriente de rechazo hacia lo organizado (léase clubs de montaña) y la iniciación va un poco por libre y con frecuencia a través de reseñas escritas en Internet con mejor o peor fortuna…

Pero sea cual sea el camino por el que se llega a la actividad montañera, la mayoría buscamos el más difícil o el más alto, y en cuanto podemos saltamos de las sierras locales a los Pirineos para sobrepasar la mítica barrera de los 3000 metros de altura en picos como el Aneto o el Monte Perdido. Y cuando se queda pequeña esa altura, pensamos en cuatromiles, en cincomiles,…. ¡y hasta en ochomiles!. ¿Y donde podemos subir una montaña de más de 4000 metros?: pues casi todos responderán que en los Alpes.

Esa respuesta – la de los Alpes – es eurocéntrica, porque tenemos un gran macizo montañoso geográficamente cercano (y posiblemente culturalmente tampoco lo tengamos lejano): el Atlas marroquí. Este es un breve relato de mi viaje al Atlas y de la ascensión a su montaña más alta, el Jebel Toubkal (4.167 metros).

Llegados a este punto, algún lector pensará que este relato “de montes” a él ni le va ni le viene, y que no le va a interesar seguir leyéndolo. Intentaré persuadirle diciéndole que la ciudad ideal para llegar al Atlas es Marrakech, la “ciudad roja” que dio nombre a Marruecos. Dice la leyenda que cuando la Kutubia (el alminar de su mezquita) se clavó en su corazón, la ciudad entera sangró y sangró hasta que las murallas y las paredes de todas las casas quedaron totalmente cubiertas de rojo. Creas o no en la leyenda, si llegas a Marrakech al atardecer y comienzas visitando la plaza Jemaa el Fnaa te verás envuelto en un mundo con un atractivo del que no es fácil sustraerse (sobre todo, si dejas aparcados tus prejuicios occidentales).

En esta ciudad con más de mil años de antigüedad, parece que el tiempo se ha detenido en un laberinto de calles sinuosas y retorcidas entre las que surge un inmenso zoco donde las prisas no existen y el regateo representa una forma de ver la vida. Si compras un articulo sin discutir el precio, el vendedor pensará que te está robando y por lo tanto pecando contra Alá; así es que debes comenzar el juego del regateo que invariablemente llevará al comprador a pronunciar la frase “tú ¿cuánto?”. Ya sé que para un occidental puede resultar incómodo el regateo, pero tómatelo como una tradición del mundo árabe. Y por supuesto… nunca intentes llegar a saber cual es el precio real de lo que vas a comprar.

Me estoy dando cuenta que quería hablar de una montaña pero pasan las líneas y estoy bloqueado escribiendo de Marrakech. ¿Cambio el titulo del artículo o me echo la mochila al hombro y dejo de hablar de la ciudad roja?. Vayamos al Atlas pero aconsejemos antes al lector tomarse una naranjada fresca en uno de los puestos de la Jema el Fnaa (3 dirham o 0,30 €uros), sentarse en una terraza de esa plaza viendo como va cambiando de color conforme avanza la tarde, no dejar que un encantador de serpientes nos ponga una en el cuello, y terminar cenando en uno de los tenderetes que brotan de repente en cuanto se apagan las ultimas luces del día. Y por supuesto, no os hospedéis en un hotel de la zona moderna sino en un Riad dentro de la medina.

El punto de partida para comenzar la ascensión al Jebel Toubkal por su vía normal es el pueblo de Imlil a unos 1700 metros de altura. Las condiciones de vida aquí son duras, no hay sistema de alcantarillado y la electricidad llegó en 1997; aún así, en los últimos años ha crecido hasta el punto que algunos hablan de la Chamonix marroquí. Pero que no nos engañe esa afirmación: sigue siendo un pequeño pueblo del Atlas, donde las calles son poco más que caminos de montaña entre bosques de nogales.

De Marrakech a Imlil podemos llegar en un autobús hasta Asni (64 kms), pero es más cómodo alquilar un Grand Taxi y poner en práctica las artes del redondeo que habremos aprendido en el zoco (pueden comenzar pidiéndonos 1000DH y terminar pagando sólo 200DH). A partir de Asni, el taxista normalmente será reacio a continuar y deberemos alquilar una camioneta o una furgoneta, a menudo compartida con otros montañeros o con lugareños. Otra buena opción es recurrir en la propia Marrakech a una agencia especializada, que nos solucionará también el tema de los porteadores y los guías. En cualquier caso, el trayecto hasta Imlil nos introduce de forma perfecta en el territorio del Atlas.

De Imlil hasta la cima del Jebel Toubkal (aclaremos que Jebel significa pico) el desnivel es superior a los 2500 metros por lo que lo habitual es emplear dos jornadas: el refugio Neltner a 3200 metros de altura es el lugar idóneo para pernoctar. Y lo más cómodo es alquilar el servicio de una mula (con su correspondiente mulero) que te lleva la mochila grande hasta el mismo refugio. Además, como nosotros somos un grupo numeroso, contratamos un cocinero y un guía.

El sendero discurre por un estrecho valle llamado Assif n’Ait Mizane. En media hora llegamos a la ultima población del valle: el pueblecito de Aremd construido encima de un enorme caos de bloques producto de un antiguo desprendimiento y con el aspecto típico de los pueblos bereberes del Alto Atlas mimetizado con el entorno. El fondo del valle tiene el color verde de manzanos y nogales, y el resto de la montaña es de color pardo.

De Aremd, el camino desciende levemente atravesando pequeños campos de frutales (cerezos, perales) y de maíz, hasta el cauce pedregoso de un río que en estas fechas va totalmente seco. Dejamos las últimas viviendas pensando que ya no vamos a encontrar rastros de civilización. Pero la necesidad de estas gentes y el elevado número de montañeros hace que a lo largo del camino surjan pequeños puestos donde poder abastecerse de refrescos y de algún alimento; cualquier hilo de agua puede ser utilizado para mantener las bebidas a una temperatura menos caliente que la del ambiente (conseguir en Marruecos una bebida fría-fría no es tarea fácil).

Sorprendentemente vamos a ir cruzándonos o adelantando a pequeños grupos de marroquíes, unos andando y otros en mulos, que no tienen aspecto de montañeros. Y es que hacia los 2300 metros de altitud se encuentra el morabito de Sidi Chamharouch, lugar de peregrinación y de ofrendas distinguible por una enorme piedra pintada de blanco, lugar también de curaciones diversas (locura, infertilidad, etc), y que como es habitual está cerrado a la entrada de no musulmanes. Sí que están abiertos para nosotros unos cuantos tenderetes donde poder tomar un refresco o comprar telas, fósiles, colgantes, etc, y recuperar el arte del regateo.

Dejamos el torrente a nuestra izquierda y a mucha profundidad, y vamos ganando altura en una fuerte subida en diagonal que nos va dejando sin aliento. Cuando volvamos a acercarnos al torrente y las fuerzas flaquean, surge como un pequeño oasis: nuestro cocinero ha extendido unas esterillas y nos espera con la comida preparada (ensalada variada, cuscus, fruta fresca, y el omnipresente te). Aprovecho para hacer un inciso y hablar de las gentes de estas montañas: posiblemente sea su cordialidad y hospitalidad el rasgo que mejor les caracterice, y una de las frases que más escucharemos estos días es el “no problema” (y realmente, pocos problemas no resolubles nos hemos encontrado en nuestra estancia).

Dicen que con la tripa llena se camina peor, pero a nosotros el refrigerio nos ha venido de maravilla y alrededor de las 5 de la tarde llegamos a las cercanías del refugio donde ya están montadas dos jaimas, una para nosotros y otra para el guía y el cocinero, y nos ponemos a montar nuestro pequeño campamento de tiendas biplaza: va a ser nuestro campo base. Hacemos una visita al refugio del Club Alpino Francés que en nada se diferencia de los refugios alpinos; es posible que tenga ventajas como duchas y wc, o sillas y mesas, pero no lo cambio por el ambiente de nuestra jaima donde vamos a hacer nuestras comidas, nuestras tertulias y risas.

El día amanece y nos desperezamos en nuestras tiendas. El Toubkal está a unas 4 horas de marcha y recargamos las pilas con un desayuno un poco más occidental que incluye leche-café-cacao en polvo en vez del te. Las mañanas a esta altitud son frescas y decidimos salir con camisetas técnicas de manga larga y algo más de abrigo porque el sol tardara en alcanzarnos. Hasta la cima, el camino esta perfectamente marcado a través del valle del Ikhibi sur por donde asciende lentamente pero sin tregua. La aparición del sol coincide con la primera visión del Tizi-n-Toubkal (o collado sur, a 3971 metros) y de nuestro objetivo, el Jebel Toubkal.

Desde el collado, subimos una fuerte pendiente hasta asomar a un falso collado desde donde se divisa el gran vértice geodésico que corona la cima: el objetivo está en nuestra mano y lo alcanzamos con menos esfuerzo del que pensábamos cuando salimos de España. Estamos a finales de julio y la cima está muy concurrida, siendo mayoría los montañeros españoles. Las vistas son extraordinarias y nos rodean todos los cuatromiles del circo: Timesguida, Ras-Ouanoukrim, Akioud, Afella, Imouzzer….. En la lejanía podemos apreciar el verdor que rodea a Imlil, y al sur la cadena del Anti-Atlas y las primeras llanuras del Sahara. Las fotos se suceden y se repiten: todo el grupo, con mi hijo, los Andarines, los de Sabiñanigo, con nuestros amigo marroquíes: el día es extraordinario y todos estamos felices de haber llegado hasta aquí arriba y con nuestros amigos.

Ahora queda un descenso que podemos afrontar en dos jornadas volviendo a hacer noche en nuestro campamento base, o bajando directamente a Imlil: si disponéis de tiempo, mi recomendación es hacerlo en dos etapas y aprovechar la noche para hacer una pequeña fiesta de celebración. Además, así podréis disfrutar de un descenso relajado y aprovechar para parar en los tenderetes y hacer alguna compra de fósiles o de geodas con los que recordar el mundo mineral del Atlas. Nosotros nos decantamos por hacer una nueva noche en el campo base, lo que nos permitió acercarnos hasta la cima del Toubkal Oeste (4030 m.) e inscribir un nuevo cuatromil en nuestro currículo.

Abandonamos el Atlas sin poder evitar volver la vista atrás para lanzar una ultima mirada a estas montañas tan diferentes a las nuestras y, quizás por eso, tan bellas. Afortunadamente nos espera de nuevo Marrakech y nuestro Riad que nos recuerda a los palacios cordobeses; aunque… ¿no seria más correcto decir que al-Andalus lo hicieron así almorávides y almohades para combatir la nostalgia de su Marrakech natal…?). Cuando embarcamos en el avión de regreso, todos estamos convencidos de haber vivido una gratificante experiencia y de que Marruecos bien se merece una nueva visita.

NOTAS: en algún momento ya he dicho que este viaje lo hicimos en el mes de julio. Realmente Marrakech puede visitarse en cualquier época del año, pero mi experiencia me dice que debemos evitar los meses de verano por la cantidad de turistas y por no sufrir un calor sahariano. En cuanto a la ascensión al Toubkal, en invierno podemos encontrar nieve abundante y realizar esquí de travesía e incluso escalada de cascadas de hielo, en primavera (por ejemplo, Semana Santa) puede ser un buen momento para evitarnos una buena parte de los caos de piedra a partir del refugio y que todavía conservan la nieve, y otoño puede ser un buen momento para evitar el calor del verano y realizar una ascensión casi en soledad.

Otras alternativas con base en Imlil pueden ser una travesía completa del macizo de una duración entre 8 y 10 días que incluiría entre otras cosas la ascensión al Toubkal, la visita al lago de Ifni, etc. Y un poco más montañera, la travesía entre los refugios Lepiney y Neltner, y la ascensión a algunos de los cuatromiles del macizo.

* Jebel Toukal es un homenaje póstumo a Fernándo Cárcamo, que falleció el pasado 30 de julio en un trágico accidente en el Collado de Chía, en Los Pirineos. Me lo envió el pasado año para otra publicación que nunca vio la luz y creo que es el mejor momento para que podais leerlo. La primera foto es de hace unos días en Mont Blanc y el resto del año pasado en Marruecos. De Fernando me quedan sus imágenes en la cima de las montañas. “Tú sí que has llegado alto, Fernando”.

Autor: F. Cárcamo.
Después de desayunar en el albergue de Astorga, comenzábamos la etapa de forma irregular y al revés: irregular porque no la hacíamos caminando sino en furgoneta, y al revés porque en vez de avanzar retrocedíamos a Hospital de Órbigo. Todo era debido a cómo habíamos terminado la etapa anterior.

Una vez salimos de Puente de Órbigo se indican dos opciones. La primera marca Astorga a 16 kilómetros y la segunda a 17. Si se opta por el más corto, se va por una camino paralelo a la nacional 120. En la segunda opción se pasa por Villares Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias, es un tramo por caminos y pistas. Con buen criterio, elegimos el camino más largo, donde nos reencontraremos en algunos momentos con la soledad del Camino.

Al poco de salir de Hospital de Órbigo se encuentra Villares de Órbigo con su iglesia parroquial dedicada a Santiago. En Santibañez de Valdeiglesias, en su iglesia, hay buenas tallas de San Roque y de Santiago Matamoros. El tema de conversación del día será el agrario, la propiedad de bienes rurales y comunales, los líos con escrituras y contribuciones, etc. Los ponentes serán Santafé y Pablo y la claridad de sus exposiciones será tal que Mariano (quizás influido por su asistencia a las completas en las Carbajalas) exclamará “Señor, te sigo por lo bien que te explicas”. Y poco más adelante, y ante un pajarillo lesionado a la orilla del camino, las atenciones de Donato le harán ganarse el calificativo de “amigo de los animales” (entre los animales a proteger no se encuentran los gatos…).

Santibañez de Valdeiglesias se encuentra en una pequeña hondonada; a lo lejos, en un pequeño collado, vislumbramos dos manchas blancas: son las furgonetas que ya están preparando el almuerzo bajo una gran carrasca y en un lugar donde hay una gran cruz de piedra, una pequeña figura metálica de Santiago, y una estatua de peregrino de tamaño natural y perfectamente vestido: presidente y vice aprovecharán la estatura para colocarle el pañuelo de Andarines e intentar hacerle socio (pero ni rechistó)

Un matrimonio de agricultores de nuestra edad ha subido caminando con una azada al brazo para repasar uno de sus campos y les invitamos a echar un bocado y un trago de vino. Gallego comienza a charlar con ellos y para él va a ser la frase del día: “yo también he trabajado en la agricultura”.

El siguiente tramo nos va a llevar por subidas y bajadas hasta el Crucero de Santo Toribio desde donde ya se ve Astorga; en este lugar Toribio obispo de Astorga se sacudió el polvo de las sandalias al abandonar, triste y calumniado su diócesis camino de Liébana. Un merendero adecuado para el descanso y un majestuoso panorama nos reciben en este punto. Mientras reponemos fuerzas, nos deleitamos con la vista de la vega del río Tuerto, la ciudad de Astorga y, al fondo, la sierra del Teleno, donde los astures creían que moraban sus deidades guerreras.

Tenemos que bajar a San Justo de la Vega y después hacer la entrada en Astorga por la parte trasera: nos queda una sorpresa final que es una durísima rampa de unos 200 metros para poder llegar al refugio de Astorga por la desaparecida Puerta del Sol.

Astorga, antigua ciudad astur y romana, capital hoy de la Maragatería, tuvo una sólida vinculación con el Camino. Era tan abundante la oferta de hospitales para el peregrino que se creó la figura del “veedor”, éste era el encargado de visitar al anochecer todos los establecimientos para que los pobres y los viajeros no repitiesen cada jornada en uno diferente y permaneciesen meses gratuitamente en la ciudad. No en vano en este punto se unían el Camino Francés y la Ruta de la Plata que, arrancando de Mérida, reunía a los peregrinos del sur de la península.

En sus orígenes fue un importante enclave de los astures, posteriormente adquirió protagonismo en la época romana (Asturica Augusta) ya que fue un fundamental centro de comunicación (cuatro calzadas partían de allí). La catedral de Santa María, comenzada en 1471, es de estilo gótico florido, renacentista y barroco, y en su interior destaca el Retablo del Altar Mayor, obra de Gaspar Becerra, la talla románica del Virgen de la Majestad y sus grandes dimensiones y esbeltez.

Tras las murallas se alza el Palacio Episcopal, ahora alberga el Museo del Camino, que fue encargado a Gaudí, que sin salirse del gótico creó un edificio originalísimo variando intencionadamente todos los cánones tradicionales. El poeta Gerardo Diego, cuando lo visitó con unos amigos, se despistó un rato y cuando le preguntaron al encontrarlo qué hacía contestó que “buscaba el sepulcro de Blancanieves”.

Habíamos dejado las bolsas dentro del albergue, donde podemos darnos una reparadora ducha antes de comenzar el viaje de regreso a Zaragoza. A la hora de decidir donde comer, la decisión es unánime: salgamos a comer a Sahagún en el restaurante del primer día; la decisión vuelve a ser acertada. Y desde allí nos quedan unos 400 kms hasta Zaragoza para finalizar este nuevo bloque del Camino.

La próxima vez tendremos que conducir más de 500 kms hasta llegar a la salida, Astorga; y al regreso tendremos casi 700 kms hasta Zaragoza. El sentido común nos diría que ya podía ser el momento de dar el ultimo empujón y evitarnos el atracón del kms en furgoneta; esa idea no es del gusto de todos pero, al menos, creo que deberíamos plantearnos utilizar autopista/autovía siempre que sea posible.

Terminan estas 5 crónicas con el mismo párrafo con el que terminaba el anterior bloque y que reproduzco sin modificar: “Por otra parte, se ha confirmado que hay tantos caminos como caminantes: estoy pensando en la velocidad a la que quiere ir cada uno, al dormir o no en albergues, al tiempo dedicado a visitar iglesias (no Roberto) y similares, etc. Posiblemente sea bueno hablar de todo ello antes del próximo tramo para evitar malos entendidos y que todos podamos hacer “nuestro” Camino…”

Autor: F. Cárcamo.

Las previsiones iniciales indicaban que la etapa de hoy iba a tener 22km y nos llevaba desde León hasta Villadángos del Páramo. Pero el especialista la modifica radicalmente y recorreremos la variante por Villar de Matarife y terminaremos en Hospital de Orbigo (una propina de 12 kms); de esa forma, el día de regreso a Zazagoza nos quedaría una etapa corta.

Lo primero que hacemos antes de salir a caminar es gozar del desayuno que nos proporcionan en el albergue. Después leemos la guía donde dice “Salida de León: el peregrino se puede desorientar debido a la deficiente señalización; en este caso lo mejor es preguntar a la amable gente de León”. Además, como la salida de las grandes ciudades suele ser muy poco gratificante, haremos uso de las furgonetas que nos sacarán hasta La Virgen del Camino y nos ahorrará 7 kms.

El núcleo de La Virgen del Camino, surgió en torno al santuario dedicado a la patrona de León. Actualmente el edificio es de estilo modernista (1961) y el monumental e hierático apostolado que recorre la fachada se ha convertido en emblema del santuario. Las trece estatuas (los 12 apóstoles y la Virgen), en bronce, de seis metros de altura y 700 kilos de peso son obra del escultor José María Subirachs. Cuenta la leyenda que en este punto se apareció a principios del siglo XVI la Virgen María al pastor Alvar Simón quien, escéptico y reticente a creer en el milagro, solicitó a la Señora aparecida pruebas de su identidad. La Virgen arrojó una piedrecita y le dijo que cuando volviese con las autoridades eclesiásticas al lugar esta piedra se habría convertido en una gran roca, cosa que se cumplió. Desde ese momento el sagrado lugar ha sido punto de destino de romerías para los vecinos.

Al salir de León, acometemos unos cuantos toboganes y un cambio de paisaje hasta Fresno del Camino. Pero va a ser un espejismo y pronto retornamos al páramo leones y sus rectas interminables donde despuntan grupos compactos y desperdigados de robles.

El almuerzo lo haremos en Villar de Matarife, pueblo con 3 albergues, uno de ellos con una especie de gran nave vikinga en el jardín. Población de origen mozárabe fundada a finales del siglo IX o principios del X por la familia Mazaref. Asentamiento astur, llamado Vallata, por el que pasaba, en la época romana, la calzada de Astorga a Zaragoza y Tarragona. Para almorzar, además de lo habitual, José Luis ha comprado unas pastas y pronuncia la frase del día ante la elección de galleta de uno de los peregrinos: “como tonto, la más grande…”.

Como es habitual, a la salida se forman dos grupos: el de los rápidos y el de los lentos; en el segundo, vamos charlando sobre temas diversos: desde política hasta las prejubilaciones, pasando por sabrosas anécdotas animales de Donato. Una de ellas cuenta como en los extremos de un largo hilo ponía dos anzuelos con un gusano al que acudían dos gallinas: cuando ambas habían “picado el anzuelo” comenzaban a tirar con el consiguiente desastre en sus estómagos. Menos sangrantes, pero más rotundas, son sus anécdotas sobre su animal odiado: los gatos. Y aprovechamos para recordar lo que les hacia Antonio fuentes a los gatos: con todo su cariño, les preparaba una tortilla con virutas de corcho que al llegar al estómago les producía algún problemilla. Debo reconocer que esto no son charlas de peregrino pero… las rectas infinitas nublan el entendimiento. Y así vamos avanzando entre campos de maíz.

De Villar de Matarife nos separan 12 kms hasta Hospital de Orbigo. Cuando cruzamos la carretera que iría a Villavante, nos están esperando Gallego y Pérez porque alguien del pueblo les ha dicho que el mejor camino no va por donde indican las señales. Se produce una discusión entre Pérez (defiende al del pueblo) y Rafael que defiende las señales y su experiencia; intentamos mediar con alguna broma pero no es bien recibida por ninguno de los dos. Así es que los lentos nos rezagamos voluntariamente para seguir con nuestras cosas.

Desde Villavante, caminamos por algunos tramos con arbolado que agradecemos a estas horas del día; y si no fuésemos tan atropellados, incluso nos hubiésemos podido refrescar en un río que baja con bastante agua. Pero el sino del peregrino (y más si son de Os Andarines) es caminar y caminar sin tregua.

Atravesamos por encima de la autovía y adelantamos a dos chavalas extranjeras que van abrigadas hasta la cabeza mientras nosotros vamos en manga y pantalón corto. No es de extrañar que paren a recuperar fuerzas tras la cuesta del puente de la autovía.

Y allá delante ya tenemos Puente de Órbigo (en la margen izquierda) y Hospital de Órbigo (en la margen derecha). El puente de 19 arcos sobre el río Órbigo, de origen romano aunque remodelado en el siglo XVIII, es famoso por un suceso histórico que le dio fama. En el Año Jubilar de 1434 el caballero leonés don Suero de Quiñones organizó un torneo de armas, retando a todo caballero que quisiera transitar por el puente, a romper tres lanzas contra él y sus nueve acompañantes. Todo para conquistar a su dama Leonor Tovar. Se corrieron 727 carreras y se rompieron 166 lanzas durante un mes, con la excepción del día de Santiago. Cumplido el torneo -sólo murió un caballero- peregrinaron a Santiago donde entregó al apóstol un brazalete con la inscripción “Si a vous ne playst avoyr mesura/ certes ie di que ie suy sans ventura”, que todavía se conserva en la Catedral y. que pertenecía a su dama. Don Suero, 24 años después, moriría en otro torneo contra uno de los caballeros que había vencido en el Paso Honroso de Órbigo

El río Órbigo también fue escenario de un hecho históricamente mucho más relevante; la batalla en el año 446 entre suevos y visigodos capitaneados por Teodorico que llevó a éstos a controlar la totalidad de la península ibérica.

El pueblo, al otro lado del puente, se levantó junto al hospital de los Caballeros de San Juan convertido hoy en un gran centro de servicios. Uno de esos servicios es el circo que se encuentra instalado en unos prados a la orilla del río y que va a actuar durante el fin de semana. Y otro de los servicios es el restaurante donde comemos (aunque algunos querían llegar a comer, no se a que hora, a Astorga). Finalmente, y como ninguno de los 3 albergues está abierto, tenemos que trasladarnos a dormir a Astorga.

Astorga es un pueblo de unos 15.000 habitantes, con parte del centro peatonal y… en consecuencia tenemos que dar alguna vuelta hasta conseguir llegar con las furgonetas hasta el albergue (luego comprobaremos que entrar y salir con coche era mucho más sencillo). El albergue es de lujo: habitaciones de 4 con literas dobles con somier de lamas, limpieza, buena cocina, una terraza asociada al comedor que podrá disfrutarse en las noches de verano, etc. El único pero es la temperatura de las duchas: tan caliente (y no regulable) que podría escaldar a un tocino; seguramente será Pérez el más molesto porque es el único que le gusta el agua fría para ducharse….

Como la etapa no la hemos terminado oficialmente en Astorga, dejo los comentarios sobre Astorga para la siguiente etapa. Pero no me resisto a incluir los datos de Villadangos del Páramo, localidad donde hubiésemos podido finalizar la etapa. Villadangos está situada en un valle típico del páramo leonés próximo a la margen izquierda del río Órbigo. Fue una localidad de las que primero se repoblaron durante la fase inicial de la Reconquista. Tuvo lugar en el año 1111 una sangrienta batalla entre las huestes de la reina doña Urraca y su ex marido el rey Aragonés Alfonso I “el Batallador” acompañado de su hijo Alfonso VII. La iglesia parroquial está dedicada a Santiago que preside el retablo del altar mayor, espada en mano y tocado a la usanza militar. En las puertas del templo, hay tallados dos graciosos populares relieves policromados que representan la mítica victoria del rey leonés Ramiro I sobre Abderramán II en la batalla de Clavijo (La Rioja), gracias a la ayuda de Santiago Apóstol.

Por la tarde, visita a Astorga y compra de productos típicos: mantecadas, hojaldres y chocolate. Además hay que hacer la compra para la ultima cena de esta semana: ensalada, tomate (discusión sobre si se aliña con vinagre o no), sardinas, embutidos y queso, y….¡¡dos tartas y 2 barras de helado!!: es el cumpleaños de José Luis, el administrador del dinero.

Un lugar donde nos detenemos en nuestro paseo es en la plaza del ayuntamiento, con su bella fachada del siglo XVII, donde se custodia el pendón de la batalla de Clavijo. En su reloj de autómatas dos figuras, Colasa y Juan Zancuda, “dan las horas pero no los cuartos” según un dicho popular que hace irónica alusión a la supuesta tacañería de los habitantes de la ciudad

La noche es tranquila pero el despertar es nervioso porque hay prisas por comenzar a caminar y por terminar este periplo del Camino.

Autor: F. Cárcamo.

Llegamos al tercer día o etapa bisagra: la que podría ser una gran etapa, queda reducida a una más “normal” porque ayer avanzamos unos cuentos kms desde Burgo Ranero y porque hoy pretendemos hacer con vehículo los últimos kms que preceden a León y que están rodeados de polígonos industriales, trafico, etc.

Salimos de Reliegos en una clara y fresca mañana (2ºC). Nada más ponernos en marcha, en el grupo de plantea una apuesta sobre cuanto tiempo va a tardar “el kazajo” en ponerse a tirar en cabeza: las opciones para apostar van del minuto a los 3 minutos… y ganó el que apostó que tardaría 1 minuto.

Un cartel nos anuncia que estamos a 1 legua de Mansilla (unos 5 kms), a donde llegamos a través de un agradable andador. Salimos del pueblo por un antiguo puente de piedra que soporta un intenso tráfico regulado semafóricamente, y enseguida hacemos la parada reglamentaria para almorzar.

Hasta el Puente de Villarente, y pasando por Villamoros, un nuevo andadero paralelo a la carretera nacional evita el asfalto, pero no puede impedir los ruidos y humos de coches y camiones. Villarente es una larguísima área de servicios con bares, restaurantes, hostales y gasolineras a lo largo de la N-601 que soporta un intenso tráfico. Lo más destacable es un curioso puente de 20 ojos, en curva y que salva el río Porma: se dice que fueron los romanos los que con la ayuda de los esclavos astures capturados durante las guerras construyeron el primer puente sobre el río Porma, aunque no exista documentación escrita de ello. Lo cierto es que su origen es medieval, que aparece citado en muchas guías de aquella época y fue uno de los pasos más importantes de la ruta en siglos pasados. Aquí levantó el arcediano de Triacastela un hospital de peregrinos que contó con una innovación; una mula para trasladar a los peregrinos enfermos a León, a 15 kms. Primera “ambulancia” documentada en el Camino y antecedente de los coches de atención y apoyo al peregrino que facilitan en la actualidad diversas administraciones autonómicas.

A la salida de Villarente, y tras dejar las últimas casas, a la derecha las flechas amarillas nos llevan a un camino agrícola que se va alejando de la carretera nacional. Comenzamos a ver carteles del Camino con un león vestido de peregrino. De esta forma llegamos a Arcahueja, donde hay una agradable área de descanso, con bancos, fuente y una zona techada. Poco más adelante está Valdelafuente, con una ermita y una fuente. Deberíamos coronar el alto del Portillo, pero eso nos haría meternos en el corredor industrial, por lo que ya tenemos preparados los coches de apoyo que nos van a llevar al albergue de León (o, al menos, lo van a intentar). La furgoneta ha servido también para recuperar las gafas que Mariano se había dejado en Villarente, o la gorra de Roberto en la fuente de Arcahueja.

León es la cuarta ciudad en que nos topamos en el Camino. Tuvo su origen en un campamento romano allá por el año 70 de nuestra era. Importante ciudad romana que en el año 717 fue conquistada por los árabes por primera vez, luego en el 987 Almanzor la volvería a arrasar. Durante el siglo X fue la ciudad más importante del reino cristiano. Sus joyas arquitectónicas son innumerables: la Catedral (siglos XII-XIII) es de estilo gótico inspirada en la catedral de Reims (Francia) El interior de la catedral es grandioso, lleno de armonía gótica, y tiene más de 115 ventanas y tres grandes rosetones (las vidrieras son una joya y con sol resultan espectaculares).

La Real Basílica de San Isidoro es uno de los grandes tesoros del románico español, está coronada por una torre cuadrada y tiene tres naves; panteón de más de 20 reyes, llamada Capilla Sixtina del románico por los frescos del XII que adornan sus bóvedas. El Hostal de San Marcos es un edificio plateresco bellísimo, el Ayuntamiento Viejo tiene una fachada barroca, el Palacio de los Guzmanes posee un magnífico patio. ¡Necesitaríamos una crónica aparte sólo para León!.

Volvamos a la realidad y a dos furgonetas que entran en León y que pretenden llegar al albergue de las Carbajalas, en pleno casco histórico y…. semipeatonal, lo que implica que nos vamos a tropezar con calles cerradas donde menos lo pensemos, direcciones prohibidas, plazas donde damos más de un giro, etc, y todo ello con Jesús pegado como un sello a la furgoneta cabecera. Al final terminamos en una calle sin salida, o con salida pero guardada por unos pirulos que solo se bajan si tienes la tarjeta de acceso; en pleno atasco aparecen unos policías municipales que nos dan el consejo lógico para peregrinos: “aparquen las furgonetas y vayan andando al albergue”.

Mal que bien, conseguimos llegar al albergue regentado por las monjas Carbajalas donde nos atiende con tremenda cordial Pilar, hospitalera en Astorga. El albergue dispone de 152 apretadas plazas en literas distribuidas en habitaciones separadas por sexos; como todavía no han llegado muchos peregrinos, vamos haciéndonos con las literas inferiores. No hay cocina y sí un minúsculo comedor con una bien surtida biblioteca. Pero lo mejor de todo es que hemos conseguido traer los vehículos hasta el albergue.

Comemos en el restaurante “Dos de mayo”, visitamos la catedral y San Isidoro, y después cada uno da un uso distinto a su tiempo libre: Gallego y Roberto a Internet, Fernando va al albergue y charla con sor Ana Maria y consigue por 30 euros una habitación doble que va a compartir con Roberto (finalmente, Roberto debe regresar urgentemente a Zaragoza y su puesto será ocupado por Santafé).

El día finaliza con la asistencia de todos nosotros (incluidos los “rojos”) al último oficio litúrgico del día: Completas. Previamente nos dan las correspondientes explicaciones e instrucciones y entramos en una iglesia vacía; poco después, comienza a aparecer las monjas que se van sentando en sus sitios, perpendicularmente al altar. Todo culmina con el canto del Salve Regina (gran mezcla de voces monjiles con nuestras voces varoniles) y con la bendición a todos los asistentes. Ha sido una experiencia que va a pasar factura a algunos peregrinos en las fiestas de Huesca (deberán asistir a las Completas con su santa esposa…je, je).

La noche es plácida para los que dormimos en habitación y un poco más agitada para los del dormitorio común.

Autor: F. Cárcamo.

La etapa teórica (la que viene en casi todas las guías sea en papel sea en Internet) sería Sahagún-El Brugo Ranero de 18 kms. Sería una etapa corta y de transición: 18 kilómetros de ligera subida y sin grandes dificultades a no ser que vengan dadas por la climatología. No hay sombras y el camino transcurre por un cómodo andadero. La mejor opción es tomárselo con calma y reservar fuerzas.

Pero si hiciésemos lo habitual, la siguiente etapa sería de 36 kms si quisiéramos llegar a León; como León bien se merece que le dediquemos el tiempo suficiente para visitar sus calles y monumentos, vamos a alargar la etapa de hoy hasta Reliegos y de esa forma podremos llegar a comer a León la próxima etapa.

Amanece en Sahagún y desayunamos en el hostal frente al albergue (dichoso frío). Como el día anterior no había tenido luz suficiente para fotografiar las iglesias de San Tirso y de San Lorenzo, me separo del grupo y espero unos minutos a que los primeros rayos de sol den sobre las torres de las iglesias; mientras, José Luis y Jesús andan buscando una panadería.

La salida de Sahún la hago por el Puente de Canto, construido en 1085 por orden de Alfonso VI. En la chopera de la derecha sitúa la leyenda la supuesta batalla entre el rey moro Aigolando y Carlomagno, en la que perecieron 40.000 combatientes ni más ni menos. La fábula añade también que la noche anterior a la batalla, las lanzas de los cristianos que iban a morir en combate florecieron, “adornadas con cortezas y frondosas ramas”; cortadas las lanzas dieron origen a la chopera que cubre el lugar.

El resto del grupo ha salido disparado y voy a caminar más de una hora en soledad y en silencio. Hasta me permito el lujo de salir del camino y hacerle unas fotos a la pequeña laguna de Valdemolgate, refugio de algunos patos. El terreno reseco, sediento, polvoriento que atravesamos en verano no nos permite imaginar que su sustrato arcilloso provoque que las lluvias de otoño se acumulen formando lagunillas habitadas por garzas, ánades reales y fochas, o por avefrías en invierno.

Antes del cruce a Calzada del Coto, (coto porque en esta localidad usufructuaron los monjes de San Facundo de Sahagún una dehesa de encinas para alimento de sus gorrinos) donde hay una marquesina y se ha habilitado un panel informativo, tiene dos alternativas: una por la antigua Vía Trajana (ruta jacobea original) que pasa por la hospitalaria Calzadilla de los Hermanillos y la otra por el moderno Camino Real Francés de 31 kilómetros de extensión. No hay pérdida ninguna con cualquiera de las dos opciones, ambas van a confluir en Mansilla de las Mulas. Como no tengo claro cual es la opción que han elegido, llamo a Gallego que me confirma que han elegido el camino moderno y que están muy cerca y a punto de almorzar.

En el tramo moderno la Junta de Castilla-León ha habilitado una calzada especial de gravilla, rodeada de zonas de descanso y donde cada nueve metros se ha plantado un árbol para cobijar del tórrido sol a los peregrinos. A pesar de la comodidad nada que ver con el encanto que supone pasear por la calzada romana. Y es que el antiguo itinerario atraviesa una dehesa de encinas, transcurre por robledales y antes de poner pie en Calzadilla de los Hermanillos, donde espera el albergue, el peregrino puede aliviar la sed en la fuente en honor al peregrino, construida por los vecinos de Valdelocajo en 1989. Aquí, en el término de Valdelocajo, debió de tener lugar el conocido episodio del peregrino devorado por los lobos “…partimos hacia Brunello (Burgo Ranero), situado a cuatro leguas; Más recorridas tres aproximadamente, dimos con un peregrino muerto y llegaron dos lobos que comenzaron a devorar aquel cuerpo; Les hicimos huir y continuamos hacia Brunello, y llegados a la tarde, fuimos a buscar un capellán para que fuese a levantar el cadáver…..” y que cuenta Domenico Laffi en su Viaggio a San Giacomo, uno de los ilustres peregrinos que comenzaron la moda de las guías a Santiago de Compostela; antes el clérigo Aymeric Picaud había relatado en latín en 1130 lo que se conoce como la primera guía turística europea, el Liber

El almuerzo lo vamos a hacer en un área de descaso junto la ermita de la Virgen de Perales, llamada popularmente la Perala y de gran devoción por estas tierras. El hornillo de butano no termina de funcionar bien y el dúo Gallego-Santafé intenta desatascar el conducto del gas pero sin resultado. Lo que sí resulta es tener a José Luis de responsable de intendencia porque hoy ya tenemos unas pastas para finalizar el almuerzo.

Nos ponemos en marcha porque por delante tenemos 8kms hasta El Burgo Ranero por rectas interminables flanqueadas por plataneros que en verano quizás den algo de sombra. A nuestra izquierda (sur) de despereza una llanura infinita, y hacia el norte vemos próximas las cimas nevadas de la Cordillera Cantábrica.

En ese entorno se va a poner continuación al “¡basta ya!” de Gallego de la anterior jornada: el presi se ve obligado a parar y a internarse en un maizal para liberarse de una pesada (y maloliente) carga mientras algún desalmado le tira piedras para dificultar la tarea; cuando termina, ve las cosas de diferente manera y firmará con Donato y Santafé lo que ya es conocida como “Paz de El Burgo Ranero”. Una fotografía inmortaliza el momento.

Y es que la monotonía de esta parte del Camino da para muchas conversaciones, algún silencio, y también para ilusiones ópticas como la que sufre Mariano que a más de 5km de distancia identifica con claridad un cartel de gasolinera Repsol; cuando lleguemos a El Burgo, la realidad demostrará que de Repsol nada de nada, aunque él se defiende afirmado que el cartel de Hotel tiene colores parecidos a los de Repsol.

Perdido en la llanura, Burgo Ranero ofrece calidez y varios servicios para un final de etapa. El nombre de la localidad viene de la actividad a la que se dedicaban sus primeros habitantes, a coger ranas de sus lagunas para abastecer a los monjes benedictinos de la abadía de Sahagún. Por su trazado y por su nombre remite a la peregrinación, su única calle se llamó Camino Francés, ahora es la calle Mayor. Su iglesia dedicada a San Pedro, guardaba una hermosa talla románica de la Virgen, hoy en el Museo Catedralicio de León. Localidad típica de Tierra de Campos, donde la arquitectura tradicional, el adobe y el tapial se ven muy bien reflejados en el pueblo, con sus palomares, casetas de los huertos y pozos, corrales de ganado, patios de viviendas, y fachadas de barro.

Son casi la una del mediodía y este podría ser un buen sitio para parar a tomar una cerveza y dar tiempo para poder comer y después continuar hasta Mansilla. Pero se impone la opinión de los que creen que tenemos tiempo de sobras para poder llegar a comer a Reliegos… ¡a 12,8 km de distancia!. Ponemos de nuevo en marcha la máquina de dar pasos y enfilamos el andador.

Fernando pone el turbo y se adelanta unos cuantos metros al ultimo pelotón en el que, sorprendentemente, camina Gallego. Cuando se detiene a echar un trago de agua, Fernando se da cuenta que ha estado caminando con la mochila abierta (¿desde dónde?) y que ha perdido el estuche con las gafas; llamada a Gallego para que estén atentos, y devolución de la llamada pocos minutos después para informar que han encontrado el estuche pero que las gafas están rotas: ¡que le vamos a hacer!.

Mientras tanto, los conductores han visto que no era posible comer en Reliegos y reservan mesa en Mansilla de las Mulas, 6kms más alejada. Como no ven claro que seamos capaces de llegar a tiempo, vienen en nuestra búsqueda con la furgoneta cuando estamos a unos 2kms de Reliegos. Gallego da a Fernando el estuche de las gafas y en su interior, ante la incredulidad de Fernando, solo aparece un cristal roto pero de una gafa de sol.

El albergue de Reliegos es sencillo pero está limpio; tiene dos dormitorios con literas y unos jergones un poco blandos, y una cocina equipada y con un amplio comedor. Las duchas son escasas (solo 3) y están en la planta baja. En cuanto a Reliegos, localidad de 300 habitantes, pasaba la gran arteria romana Burdeos-Astorga y después pasó el Real Camino Francés. Las cuevas de la entrada son antiguas bodegas, que ya nadie usa porque la gente se dedica al cereal. La iglesia parroquial esta dedicada conjuntamente al Papa San Cornelio y al Obispo de Cartago San Cipriano, ambos preclaros personajes de la Iglesia Cristiana del siglo III.

Ducha rápida y, como ya he adelantado, nos vamos a comer a Casa Marcelo, en Mansilla. La comida está bien aunque las lentejas pican y los callos…. ¡uff!. A los postres, aprovechamos los objetos que hay en una vitrina y hacemos algunas fotos de esas tontas pero que al verlas hacen esbozar una sonrisa.

La tarde la dedicamos a visitar una de las joyas del arte leonés: el monasterio mozárabe -levantado por monjes cordobeses- de San Miguel de Escalada (siglo X), a unos 15 kms de Mansilla. Al regreso paseamos por las calles de Mansilla de las Mulas, ciudad amurallada (siglo XII) sobre el río Esla. Perteneció al condado de Benavente hasta 1594. De sus siete iglesias, dos conventos y tres hospitales cuando era un importante centro comercial y ganadero (de ahí el apelativo de las Mulas) sólo quedan dos templos en uso: la iglesia parroquial de Santa María (s. XVI) y la ermita de Nuestra Señora de Gracia. El Arco de la Concepción es el único de los cuatro que quedan para entrar en la villa. A esta localidad está asociada una de las figuras más pintorescas de la literatura del Siglo de Oro español, la “pícara” Justina, de la conocida novela publicada en 1605 en Medina del Campo, y que abre posada en Mansilla.

La cena sí que la vamos a efectuar en el albergue, para alegría de José Luis que puede dar rienda a sus instintos compradores: unos macarrones con tomate, unos platos con lechuga, tomate y cebolla, y ¡por fin! una tarta para postre. Todo ello regado con algo de vino y con la famosa mezcla de zumo-cava que tanto gusta a algunos peregrinos.

A la hora de dormir, algunos preferimos pasar una noche tranquila y, aprovechando que todo el albergue es para nosotros, nos cambiamos de habitación; incluso hay alguien que para evitar el ruido y la blandura del jergón, se va a un rincón y duerme sobre 2 colchones que ha puesto en el suelo. De esta forma, la noche va a ser plácida, aunque el frío haga que no asomemos del saco ni la punta de la nariz.

Hemos cubierto otra etapa del Camino.