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Lugar de celebración: Canal de Isabel II (Madrid)
Fecha: Prorrogada hasta el 15 de abril de 2007.

La única clasificación que podríamos utilizar para definir a Escher es que se trata de un artista inclasificable. No perteneció a ningún movimiento a los que se adscribieron otros artistas contemporáneos, fue un gran dibujante y grabador y a partir de sus composiciones creó juegos visuales y mundos imaginarios a partir de la observación de la realidad.

Una visita a Granada y Córdoba influyó notablemente en una de sus etapas creativas, basando sus obras en los azulejos, zócalos y peculiaridades de la propia composición arquitectónica de sus más notables monumentos, La Alhambra y la Mezquita. La impronta de sus observaciones podemos verla en el traslado que dio a lo aprendido allí en los grabados en los que partiendo de formas geométricas transforma los objetos en animales que cobran vida en el cuadro.

Su etapa más efectista utiliza el dibujo para dar forma tangible a conceptos intangibles y hacer que la realidad y la ficción se mezclen y se recreen a sí mismas a través de dibujos que cobran vida, trazan un camino imposible y se reintegran al dibujo sin que la materia se cree ni se destruya, sino que se transforme.

Precisamente, ese concepto de reintegración y desintegración está también presente en algunas de sus obras más fantásticas.

La exposición, organizada en nueve salas muestra los siguientes contenidos:

Sala 1: La realidad congelada.
Flores, insectos y personas son los motivos más sencillos con los que inicia su investigación en las técnicas de grabado. Es un periodo de aprendizaje instrumental, caracterizado por los fuertes contrastes de la mancha litográfica y por la simplicidad de las composiciones, en las que se vislumbra ya el interés por entender los mínimos detalles que conforma la realidad.

Sala 2: Paisajes Naturales y Artificiales. El Mediterráneo.
Viajes por el Mediterráneo realizados por Escher y esbozados sobre el papel que luego reproducirá en planchas de madera. Los pueblos de la Toscaza, los montes de Calabria, las arquitecturas de Roma y otros bellos parajes mediterráneos enamorarán al artista, que recurrirá a su clima y a su luz para futuras creaciones.

Sala 3: Cruce de mundos.
Realidad y reflejo, blanco y negro, día y noche muestran el carácter dualista de Escher. En sus obras hará descubrir al espectador los mundos imposibles que se reflejan en las superficies del agua y del vidrio. Cruces, continuidades y caminos de unión aparecerán en estos espacios contrapuestos a la realidad.

Sala 4: Juegos tridimensionales y matemáticos.
Los cuerpos regulares y geométricos fascinaron a Escher durante toda su vida. Jugó con las formas poliédricas, contrastando el orden y el caos que generan cuando están cerca de los objetos cotidianos o cuando se alejan de la inmensidad del universo. Con espirales, esferas y otras formas geométricas investigó sobre la proyección del espacio tridimensional en la superficie plana.

Sala 5: La búsqueda del infinito en el plano.
El trabajo con la simetría y la repetición obsesionó constantemente a Escher hasta el punto de teorizarlo en lo que nombró “partición regular del plano”. Inspirado por los elementos decorativos de la Alhambra, Escher habrá encajar peces, ranas, pájaros, lagartos, hormigas y seres imaginarios en la continuidad del papel.

Sala 6: Metamorfosis. Espacio-tiempo.
El proceso de transformación queda concentrado en una de las obras más emblemáticas de Escher, la Metamorfosis, donde las abejas se convierten en pájaros, las piezas de damero construyen edificios y las torres entran en el tablero de ajedrez. Escher investiga el ciclo mutante de las cosas y la división geométrica del espacio, tratando de encontrar el vínculo invisible que sostiene la realidad.

Sala 7: Viajando entre arquitecturas y belvederes.
Arquitecturas imaginarias y construcciones de imposible ejecución, donde los juegos matemáticos y los trucos de perspectiva se conjugan para formar los mundos surrealistas de Escher. Estas obras representan el punto culminante de sus investigaciones teóricas y nos abren una puerta a través de la cual nos acercan al mundo real.

Sala 8: La mezquita isótropa.
Un paseo entre columnas reales y reflejadas. El visitante se traslada a un espacio isótropo, en el que derecha e izquierda, arriba y abajo, afuera y adentro se hallan en todas direcciones. Una invitación a perderse en el blanco y negro del espacio infinito.

Sala 9: La caja mágica.
Los cuadros de Escher cobran vida en este espacio habitado por monjes y lagartos que suben y bajan escaleras de direcciones imposibles. Una animación escheriana con luz y sonido.

Biografía.
Maurits Cornelis Escher nació el 17 de junio de 1898 en Leenwarden (Países Bajos), hijo de un ingeniero hidráulico. Era un pésimo estudiante que tuvo que repetir curso dos veces. Para él la escuela era una pesadilla, excepto las clases de dibujo. Como tantos otros grandes artistas, era zurdo. Su profesor F.W. van der Haagen le enseñó la técnica de los grabados en linóleo y fue una gran influencia para el joven Escher.

En 1919 comenzó a estudiar en la Escuela de Arquitectura, pero abandonó sus estudios. A cambio, comenzó a aprender la técnica del grabado en madera o xilografía de Samuel Jesserun de Mesquita, su maestro, que utilizaría posteriormente en muchas de sus obras.

Hacia 1922 fue a Italia de vacaciones y terminaría viviendo en Roma una larga temporada. Le gustaban el clima y los paisajes italianos, y a menudo los recorría a pie en larguísimas excursiones. En 1924 conoció en uno de esos viajes a Jetta Umiker, que se convertiría en su mujer y con quien tendría tres hijos. Muchas de las obras de Escher en las que se ven casas y edificios en la costa están inspiradas en la arquitectura tradicional de pequeños pueblecitos italianos.

Escher también viajó a España, donde descubriría la Alhambra de Granada, el Generalife y la Mezquita de Córdoba, cuyas maravillas estudiaría con detalle. Lo que aprendió allí tendría fuertes influencias en muchos de sus trabajos, especialmente en los relacionados con la partición regular del plano y el uso de patrones que rellenan el espacio sin dejar ningún hueco.

A partir de 1935, Escher dejó Italia entre otras cosas debido al desagradable clima político que se avecinaba y que desembocaría en la II Guerra Mundial, y pasó algunos años en Suiza, cuyo clima le resultó muy desagradable y poco inspirador. Luego fue a vivir a Bélgica en 1937 y finalmente regresó a Baarn, Holanda, en 1941.

Hasta 1951 vivió básicamente dependiendo económicamente de sus padres. A partir de entonces fue cuando comenzó a vender sus grabados y obtener un buen dinero por ellos. Esto le permitió vivir sus últimos años con una economía personal excelente. Generalmente hacía copias de las litografías y grabados por encargo. También hizo por encargo diseños de sellos, portadas de libros, y algunas esculturas en marfil y madera. En cierto modo le resulta gratificante y a la vez fácil, y se admiraba de tener en su taller una especie de «máquina de fabricar billetes» reproduciendo sus propias obras. Normalmente no usaba elementos de obras anteriores en las nuevas, excepto en los encargos especiales. Hacía, por ejemplo, esculturas en madera basadas en algunos de sus dibujos, y para algunas peticiones especiales reciclaba parte de las ideas y elementos de obras anteriores.

Hasta 1962 su producción de trabajos fue muy constante. Entonces cayó enfermo y eso supuso un pequeño parón transitorio. En 1969 realizó su último trabajo original, Serpientes, que demostraba que su habilidad seguía intacta. Hacia 1970 ingresó en una residencia para artistas en Holanda, donde pudo mantener su propio taller.

Falleció el 27 de marzo de 1972.

A lo largo de su carrera realizó más de 400 litografías y grabados en madera, y también unos 2.000 dibujos y borradores. De muchos existen decenas de reproducciones, cientos e incluso miles de otros. Al final de su carrera destruyó algunas de las planchas para que no se realizaran más reproducciones de originales. También existen estudios y borradores de muchas de sus obras, en ocasiones también varias versiones de algunas de ellas. Muchas de su obras se vendieron masivamente poco después de su muerte y están esparcidas por el mundo. Un grupo importante está expuesto de forma permanente en el Museo Escher en La Haya, Holanda.

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