CONGELAR LA DANZA

Asistí ayer, un poco sin saber qué iba a ver, a un espectáculo de danza contemporánea llamado DIGITAL BUTOH, que explora, de forma conjunta a la luz y una serie de proyecciones, a cargo de Eric Demay, un artista con una gran capacidad para transmitir a través de su cuerpo. La danza Butoh, creada en el Japón de la postguerra por Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, como forma de expresión contra la intervención estadounidense, vuelve a estar en auge desde hace unos años.

Pero ¿qué es el Butoh?1 Es una disciplina escénica que transita entre el teatro y la danza, y que permite al ejecutante manifestar su interior. Como explica el crítico de teatro Agustín Letelier, quien vivió en Japón durante 13 años: “El Butoh requiere manejo de técnicas de expresión física corporal, extrema fuerza y concentración espiritual, pero no exige una forma definida, importa proyectar las fuerzas interiores del espíritu y del cuerpo y producir movimientos que expresen un sentido.

Es distinto en cada oportunidad para un mismo intérprete en una misma obra, y con mayor razón puede ser distinto en diferentes lugares y en diferentes tiempos”. La mirada del Butoh va hacia el interior del ser humano, apostando por el estado y la intención. El cómo, la forma y el escenario pueden cambiar, ser más o menos despojados o espectacularizados, más o menos coreografiados, más o menos danzados. Muchos artistas, como el reconocido bailaor español Israel Galván, lo usan como entrenamiento, y Vangeline, francesa residente en Estados Unidos que vendrá al FIBUTOH, lo aplica en una cárcel de mujeres hace una década: “En ese contexto, el Butoh se convierte en una herramienta transformadora que rompe barreras y paredes”.

Una vez corta-pegada la definición de esta disciplina, queda contar que, viendo en directo esta representación, tuve la sensación de que, ante mí, se estaban desarrollando algunas de las escenas más fotografiables que había visto últimamente. Mucho más incluso que los conciertos, que, por supuesto, son para mí momentos de una estética potente a la hora de tomar fotografías.

Se podría pensar que un vídeo reflejaría mejor lo que estaba ocurriendo en escena. Pero no, a través del visor de la cámara, jugando con encuadres y velocidades, la plasticidad del cuerpo, el juego con las proyecciones, la interacción con la luz. Todo sugerían una imagen estática, una foto fija que congelase un instante y no el anterior, ni el posterior. De alguna manera, una obra ajena a la propia obra se iba creando en el sensor de mi cámara al apretar el disparador.

Y ahí, justamente, ahí, radica el concepto de congelar el instante. Crear algo a partir de otro algo que existe o que está siendo creado a la vez. Una de las partes más mágicas de la fotografía. Lejos de la pretenciosidad de “el instante decisivo”. Al apretar el disparador, mientras Eric Demay se movía entre las proyecciones, era consciente de la importancia de elegir bien cual era el instante a congelar y por qué ese, y no otro.

1

https://www.laregion.fr/demay-eric

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