Archivos para marzo, 2018

El bar granadino Bella Kurva está de aniversario en estos días (una década poniendo tapas y música en Granada) y lo celebraba el viernes en Planta Baja con un cartel tan alternativo como ellos mismos. Por un lado, abría la noche Haixa, el nuevo proyecto de Javier Bolivar (Aurora), a los platos para empezar a meter en ambiente a los que llegaron más puntuales a la cita.

Tras él, las malagueño granadinas DREYMA, que recientemente ha sido nombrado como grupo revelación 2017 por Radio3. El dúo, en el que escuchamos a Cris (guitarra y voz) y Mel (synthe,  y voz) se estrenó con mucha espontaneidad en el uso del octapad (bautizado como Octavio), lo que demuestra su inquietud por seguir probando cosas e introduciendo nuevos matices tanto en su sonido como en su puesta en escena, aunque les dio algunos problemas en directo, que solventaron con la misma espontaneidad que muestran en lo que hacen.

Con una trayectoria corta pero intensa, ambas se han hecho un hueco casi de inmediato en el panorama musical, viéndose su confirmación durante este verano varios festivales. De difícil adscripción musical, definen su propia música diciendo que “hacemos lo que de verdad nos da la gana”, lo cual suele ser síntoma de frescura y naturalidad.

Cerraba la noche Pacosan, desde Garraf, con su psicodelia de corte pop-electrónico y bien respaldados también por la confirmación de su presencia en varios festivales para este verano (como el Vida Festival) presentando su trabajo ”Sour Mood”  grabado con Ken Stringfellow (The Posies) y publicado por  Ondas del Espacio en 2017.

Un trabajo que supone la evolución de una banda que ya tenía experiencia con los anteriores proyectos de origen de sus tres integrantes, como El Petit de Cal Eril, The Lions Constellation, Ly o Shorebreak y que sin dudas es de lo mejor que han facturado hasta el momento.

Una noche para dejarse llevar por el ambiente festivo  propicio para el baile y el buen rollo imprescindible en cualquier celebración, especialmente si esta es el aniversario de uno de los muchos sitios activos e implicados en la vida cultural de una ciudad que siempre tiene cosas nuevas e interesantes que ofrecer, como es Granada. Larga vida a Bella Kurva y a por otros diez más como mínimo.

Crónica y fotos: María Villa

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Por segundo año consecutivo, tras el éxito de la pasada edición, el ciclo de acústicos “Al oído” volvía el sábado al Teatro Martín Recuerda de Pinos Puente (Granada) con una apertura de lujo a cargo de los granadinos Niños Mutantes. Volvían así, tras comenzar también la primera edición con un grupo de la tierra (Napoleón Solo), a poner de manifiesto desde su organización su compromiso con la música granadina y con la cultura y la música en general.

Original, por su formato y el enfoque que dan a estos acústicos que se llevan a cabo en teatro, con un público sentado (hasta que se pone en pie para bailar con el grupo) y por lo que obliga a los grupos invitados a trabajar sobre sus propios temas para hacer de su actuación algo “acústico, pero no ñoño”, como explicaba el sábado Juan Alberto (voz).

Acústico, pero con banda completa y ampliada (a Niños Mutantes se incorporó para la última gira el napoleónico Alonso), con mucha inventiva a la hora de dar una vuelta a los temas de su “Diez & medio”, con el que pudieron jugar y experimentar con una audiencia muy rejuvenecida (siempre es un lujo, que saben aprovechar los padres, que los grupos toquen un en sitio donde se permite entrada de menores) que se implicó en el propio espectáculo dando palmas y cantando en sus temas más conocidos.

Para darle interés al formato, Niños Mutantes jugaron magistralmente con las posibilidades de unas percusiones en las que no se echó de menos la batería completa, con la solvencia de Nani Castañeda que supo sacar buen provecho de todos los elementos situados sobre el escenario para construir una base rítmica potente que aportaba variaciones muy interesantes sobre los temas. Junto a él, los elementos eléctricos de manos de Andrés López y Miguel Haro (guitarra, bajo), a los que se añadieron teclados y clarinete al que Alonso sacó todo el partido, se encargaron de arropar la acústica y voz de Juan Alberto que trasmitió su entusiasmo por actuar ante un teatro con las entradas agotadas y tantos niños entre sus filas.

Momento reivindicativo, muy necesario en los tiempos que corren, cuando llegando al final de su actuación Niños Mutantes pidieron al público que se dejara llevar y se pusiera en pie para acompañarles al cantar “La voz”, símbolo de una libertad de expresión que comienza a peligrar en nuestro país y que defendieron con el ímpetu de un estribillo que sonó casi a himno “pero tendrás la voz, la voz / para gritar, la voz, la voz”.

El final, tan apoteósico como ese momento compartido con el público, con el bis que contenía el que quizás sea su tema más conocido “Errante”, un tema imprescindible en cada una de sus actuaciones, con el que se marcharon tras sentir cómo el público se volcó para cantar con ellos ese último tema, tras un espectáculo original y bien conformado, una vuelta de tuerca de sofá y voz “al oído” con el que llenaron la tarde del sábado en un festival que está apostando por la cultura musical y la accesibilidad de estos espectáculos para todos los públicos.

Crónica: María Villa
Fotos: J.M. Grimaldi

Acababa de empezar el concierto de Los Deltonos en Planta Baja cuando, al finalizar el primer tema, se escuchó entre el público “es que Los Deltonos son una apuesta segura”. Quizás por eso, el público, fieles seguidores granadinos que ya les habían visto en todas sus anteriores visitas a la ciudad, se situó desde el comienzo en las primeras filas para disfrutar de cerca la contundencia y el empaque de un grupo que, desde el principio, tuvo un sonido propio que han sabido conservar y explotar disco tras disco.

Un total de diez discos (sin contar EPs, mini LPs, sencillos, reediciones y demás formatos) en algo más de treinta años de una fructífera carrera que además han alternado con proyectos en solitarios, sobre todo de su líder y vocalista, el berlinés Hendrik Röver. Muchas inquietudes para resumirse en una sola banda le llevaron a probar suerte con otras posibilidades (como su proyecto Hank) para retomar Los Deltonos incluso como nombre homónimo para el último trabajo que han facturado los cántabros, solvente y definitorio de su sello de calidad personal.

Entre el blues y el rock’n’roll de impecable factura, Los Deltonos salieron al escenario de Planta Baja entre ese buen puñado de incondicionales que esperan cada aparición del grupo para congregarse como fieles parroquianos comentando, a veces en exceso para el gusto de los que preferían escuchar con más atención, los recuerdos que acumulan sobre el grupo y las veces que han tenido oportunidad de verlos.

Con un sonido siempre perfecto, realzado además por la capacidad técnica de la propia sala, su puesta en escena, de rockeros clásicos y de impecable trayectoria propia de una banda de su contundencia. Y es que, la banda de Hendrik Röver, Fernando Macaya, Pablo_Z y Javi Arias ha sabido mirar hacia atrás en su propio sonido y volver a dar lo mejor de sí mismos con la seguridad que da militar en una de las bandas nacionales más consolidadas, de esas que, fuera de este país ingrato, estarían llenando estadios.

El show, con una batería de temas que recorrió su larga y compleja historia musical, no dejó al público con las ganas de chocar las botellas al son de “Brindemos” y regalar dos tandas de bises en un espectáculo que había ido de más a mucho más (aquí no nos cabía un de menos a más porque la intensidad siempre fue in crescendo) y que concluyó rozando la media noche de un día lluvioso y desapacible, encontrando el calor ideal al abrigo de una sala y de un público animado al baile y a la siempre sana costumbre de compartir cerveza y rock’n’roll.

Crónica: María Villa
Fotos: Enrique Arias