Archivos para marzo, 2017

Que el guitarra o el bajista de un grupo se bajen del escenario y se mezclen con el público es un recurso dinámico y muy de agradecer a veces para crear un contacto más estrecho con el público. Que lo haga el batería ya es algo mucho más raro, sobre todo si lo hace con todo el set incluido. Y así, es como terminaba anoche un corto, pero intenso, concierto de It It Anita, precedido por otro igualmente impactante por parte de FAVX.

Con la batería “andando” por Planta Baja y el grupo haciéndose pedazos en el tema final, los belgas It It Anita sorprendieron de principio a fin con su noise-post-punk eléctrico y contundente. Mucha actitud, sin dejar de lado una gran calidad musical, pero sobre todo una gran capacidad (en la que los técnicos tuvieron mucho que ver) para conseguir que un estilo tan complejo de sonorizar en un espacio cerrado sonara con fuerza pero sin pérdida de matices. Un lujo, poder centrarte en cualquiera de los instrumentos y escucharlo con nitidez mientras que la banda se deshacía sobre el escenario con un repertorio demoledor.

Tras varios Ep´s y una larga gira por Europa, It It Anita presenta su primer largo “AGAAIIN” y lo lleva a los escenarios con un directo demoledor, haciéndose con el espectáculo desde el primer tema e interactuando con un público que no fue nada abundante, pero para ellos debió ser como llenar un estadio, a juzgar por las ganas con que lo dieron todo anoche en Planta Baja.

Momentos, como el de colgar la guitarra al cuello de una chica entre el público, convirtiéndola en improvisada estrella del rock con sus minutos de gloria, hicieron que la participación del mismo fuese activa y animada, además de receptiva al desarrollo del propio concierto.

A que el ambiente estuviera bien caldeado contribuyeron, sin duda, unos teloneros que pusieron el listón muy alto, los madrileños FAVX, con los que van a compartir varios carteles en su gira española. Un punk emparentado con lo más exaltado del grunge el trío formado por Nicolás Yubero (batería), Daniel Treviño (guitarra y voces) y Marcos Fairweather (bajo y voces) sorprendieron y engancharon a partes iguales a un público que no sabía exactamente qué se iba a encontrar y conectó rápidamente con la banda.

Ambos, armados de buenos temas para defender, pusieron toda la carne en el asador para dar forma y fondo a una noche donde se escuchó buena música. Poca gente en el Planta, en uno de esos conciertos que rompen la dinámica musical de la ciudad, ofrecen algo alternativo y sin embargo, inexplicablemente (el jueves suele ser buen día para los conciertos) no goza del apoyo de un público que normalmente se queja precisamente de la poca variedad en la oferta cultural.

Un lujo para los que sí pudimos presenciarlo y disfrutar de un cartel redondo, con dos grupos que hay que apuntarse ya en favoritos. Esta noche, esperemos que con más público, volverán a hacerlo en Sala X (Sevilla) y mañana en París 15 (Málaga) así que si aún estáis a tiempo de verles, disfrutad, que espectáculos como este no se ven todos los días.

Crónica: María Villa

Fotos: Leo Leiva

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La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra

[crónica] La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra (28/03/2017)

La danza, a caballo entre el baile y el teatro, es una de las disciplinas más elocuentes en cuanto a su capacidad de contar, a través del movimiento de los artistas, una historia. Si a una coreografía que entra en lo experimental para potenciar la expresividad de los artistas, le ponemos de trasfondo una historia como inspirada en ‘El caballero inexistente de Italo Calvino’, obra en la que está inspirada “Mille Batailles”, nos encontramos ante un espectáculo donde conviven espacio y personajes para dar vida a una obra verdaderamente impactante.

Louise Lecavalier presenta su peculiar danza, intensa y frenética como “un personaje insólito, enigma de un cuerpo armadura que se defiende de los envites de la vida y la sociedad en un conflicto permanente”.

Un personaje que interactúa con la luz y el espacio, que se acota, se divide, se acentúa o se amplía gracias a un apartado luminotécnico que forma parte de la propia fuerza representativa y constituye un apoyo imprescindible para conseguir contar la historia.

La hipnótica concepción de la danza de “Mille Batailles” en Teatro Alhambra

Sobre un fondo de música afro-funk electrónico y de profundos riffs de guitarra, y, también, por la música house y techno, interpretada magistralmente en directo por Antoine Berthiaume, la bailarina desarrolla una acción, a veces cercana a la mímica por la propia expresividad de su rostro, que también parece intervenir en la danza.

La bailarina, Louise Lecavalier, hace suyo el ritmo y lo convierte en su propio pulso, sobre el que construye un monólogo de movimientos hipnóticos, frenéticos por momentos, dotados de plasticidad y una expresividad que interioriza desde el sonido para exteriorizar en el movimiento.

Acompañada por Robert Abubo, con quien comparte ese espacio que se fracciona y se acota, sin que ninguno de los personajes se mantenga dentro de los límites –imaginarios- dibujados sobre el espacio, la obra traspasa los límites el propio escenario en un espacio, como es el del Teatro Alhambra, con la versatilidad necesaria para acoger obras de todo tipo, pero especialmente adecuado para realzar éstas.

Crónica: María Villa

Fotos: Dossier fotográfico artistas

Es gallego y, como buen gallego, uno nunca sabe si va o viene. Ya se encarga él mismo de alimentar el tópico. Ante un Palacio de Congresos lleno de mitómanos que adoran al cantante y por qué no decirlo, al personaje que él mismo ha forjado de sí mismo. Lo que viene llamándose, un artista. Porque Iván Ferreiro es eso, un pedazo de artista con recorrido y recursos como para facturar un directo de los que te hacen disfrutar desde el primer minuto.

Con una banda que facilita mucho las cosas, en la que Ricky Falkner ocupa un lugar estelar con una presencia escénica indiscutible y flanqueado, como no, por dos escuderos siempre precisos y certeros en sendas guitarras, Emilio Sainz que se mostraba inquieto sobre el escenario y Amaro Ferreiro. A primera visual se echó en falta la presencia de Pablo Novoa a los teclados, más por la costumbre que de verlo en escena que por falta de esa instrumentación, bien presente en la banda con dos teclistas más el piano de Iván Ferreiro.

Por delante, más de hora y media de concierto para enseñarnos su “Casa” para empezar precisamente por ahí, con Iván sentado al piano y sus “Dioses de la distorsión” recordándonos que “la luz de la mañana tardaba ocho minutos en llegar” con el público aún sentado en los asientos. Dos temas más “El bosson de Higgs” y el que da parte del título al último disco “Casa, ahora vivo aquí” y el permiso del artista ‘podéis levantaros si queréis’ para que el público ya no volviera a sentarse más que en los temas más tranquilos del repertorio.

Un setlist que le puso a pie de confesionario con “Inerte” (Confesiones de un artista de mierda – 2011) para contarnos “Toda la verdad” (Mentiroso, mentiroso – 2008) antes de llevarnos hacia “El viaje de Chihiro” y repasar su amplia carrera en solitario yendo y viniendo por casi todos sus trabajos aunque, obviamente, nosotros estábamos allí para escuchar su “Casa” y de este último trabajo es del que más temas introdujo en su repertorio.

En directo, la guitarra, mucho más atmosférica que en el disco, se hacía más presente en temas en los que podía lucirse especialmente. Alguna “parada técnica” (cosas del directo) por esas pequeñas distracciones que tanto humanizan realmente a los grupos y que Iván Ferreiro resolvió con un “no debí tomar ese vino” y su aviso de que había sacado “Turnedo” del setlist para meter una petición que le habían hecho por Twitter: “Tupolev” justo después de que la chica que se la había pedido se levantara entre el público reclamando la autoría de tweet.

Entre medias, temas que no podían faltar, como “Dies irae” o “Pensamiento circular”, aunque sí se echaron en falta otros como “Laniakea”, que todo el mundo esperaba escuchar en directo. Pero está claro que no se puede tener todo, visitar toda su “Casa” (grande, amplia y acogedora) y disfrutar de sus canciones más conocidas de los últimos años nos hubiera ocupado el doble del tiempo disponible.

Mucha conexión con el público, que por supuesto, se sabía todas las letras y momentos de complicidad en los primeros bises con un “Farsante” interpretado sin batería ni bajo, dándole mucho más énfasis a su interpretación al piano y, por supuesto, en la siempre esperada “Años 80” donde se escuchó mucho más fuerte al público que al propio artista y especial también el momento en el que sonó “Cómo conocía a vuestra madre” (Val miñor – 2013) antes de volver a salir del escenario y dejarnos la imagen de un Ricky Falkner animando al público con las manos para que siguieran pidiendo otra.

Y en ese momento, cuando ya el público sabe que sí, que se acerca el final del concierto y parece que hay más ganas de disfrutar lo que queda del mismo (y sabiendo ya que no iba a tocar Turnedo), tocaba disfrutar a tope de esa última tanda que daba comienzo con “S.P.B.N.” que nos remitía mentalmente a la voz, ahí ausente, de Rubén Pozo para dar paso a “Promesas que no valen nada” magníficamente enlazada con una versión con la que ya nos sorprendió hace tiempo “Insurrección” (El último de la fila) y uno de sus mejores temas, “El dormilón”, antes de finalizar el concierto con… “Turnedo”, por supuesto. Y es que, como decía al principio, Iván Ferreiro es gallego y cuando dice que no va a cantar un tema nunca sabes si lo canta, o no lo canta.

Crónica: María Villa

Fotos: J.J. García