Archivos para febrero 22, 2017

Todo el mundo ha visto alguna vez “El jardín de las delicias” de El Bosco. Muchos han tenido la suerte de estar frente al tríptico y sentirse apabullado por su magnitud simbólica. Otros la han visto reproducida hasta la saciedad en láminas y libros de arte. Recientemente incluso, algunos, pudieron profundizar en los múltiples estudios y significados de su enigmática obra coincidiendo con la exposición que presentó el Prado en su “V Centenario”.

Sobre “El jardín de las delicias” hay estudios de todo tipo, que van desde lo artístico hasta lo psicoanalítico. Teorías, estudios, tesis y libros escritos para tratar de entender todos sus recovecos. Incluso eruditos que han tratado de interpretar la extraña partitura que aparece en una de sus tablas, afirmando poder reproducir la melodía dibujada en las nalgas de uno de los personajes.

Se convierte así, en uno de los cuadros que más expectación ha despertado en nuestros días, no sólo entre estudiosos del arte, sino también entre los de otras disciplinas. En este contexto, el de la enorme fascinación que despierta el tríptico, Producciones Imperdibles presentan una propuesta musical que invita a la observación del detalle, a la reflexión sobre cada pincelada.

Dividiendo el concierto-representación en tres partes (simbolizadas también en tres velas que se van encendiendo paulatinamente) nos muestran cada uno de los rincones, imágenes, personajes, toda la mitología y todo lo onírico que El Bosco depositó en su trabajo más extraño y simbólico.

La música, en la que una base lanzada al aire da pie al acompañamiento de teclados, instrumentos de viento, percusiones y efectos, compone en directo una melodía de acompañamiento para guiarnos a través de nuestros pensamientos y todo lo que nos sugieren las escenas del cuadro.

Resulta curioso cómo, al aislarlas, la mente intenta crear, paralelamente a la melodía que escucha, o apoyándose en ella, una historia, una explicación, un pensamiento que conectar con el resto de pensamientos que van y vienen mientras la oscuridad ampara la escenografía intimista que ocupa el teatro.

 

Una proyección, unos cuantos elementos adicionales y la música como hilo conductor no de algo que sucede ante nosotros, sino de lo que sucede dentro de la mente de cada uno de los que asiste a la función.

Una hora para pensar, desconectar, admirar, disfrutar y escuchar con la mente abierta pero en blanco. Como un lienzo sobre el que escribir, cada uno, su propio paisaje sonoro, alquímico, poético, herético. Un camino entre la música y la pintura para descender a nuestros propios infiernos.

Crónica y fotos: María Villa