Archivos para marzo, 2016

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A punto de empezar a escucharse tambores y cornetas en Granada, un ejército de inconformistas aún se enfrenta a las más rancias tradiciones y se parapetan en las salas para seguir escuchando buena música aún en vísperas tan sagradas. Era el caso el público que llenó casi por completo la sala El Tren y que, a pesar de la lluvia, se congregaron a pie de escenario para disfrutar de dos pedazos de grupos de esos que hacen que una noche sea especialmente brillante.

Con tanta puntualidad que incluso empezaron cinco minutos antes de lo anunciado, los granadinosKoel salieron con la fuerza y la solvencia que les caracteriza. Bien rodado ya este “Superforma” con el que está claro que van a consolidarse y dar un salto que les permita codearse con lo más florido de los sempiternos carteles festivaleros que, nos guste o no, siempre confirman los mismos grupos.

Muchas ganas, canciones que te ponen a bailar y corear y una actitud que deja clara su profesionalidad y la capacidad con la que se enfrentan a cada concierto dando siempre lo mejor y un poco más. Koel tienen claro que sólo hay una forma de hacer esto y es poniendo toda la carne en el asador y en eso, ellos, no se quedan cortos. Con un buen repaso al LP que presentaron recientemente y dejando ya atrás las canciones de su anterior EP supieron hacerse con una sala donde no todo el público les conocía pero aún así bailaron junto a ellos los temas más movidos.

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Y si los granadinos dejaron ya el ambiente bien caliente, The Vaccines, que salieron a escena con puntualidad casi inglesa para dejarse la piel rockanrolleando durante algo más de hora y media a base de melocotonazos que se sucedían uno a otro sin descanso. Melodías pegadizas, bailables y coreables, con los que un público con una media de edad más bien baja, lo dieron todo con una banda que ha sabido situarse alto en este escalafón de grupos imprescindibles en los festivales, con un producto ‘made in London’ que viene con sello de calidad en origen.

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Paralysis Festival

Traer un festival a Granada, coincidiendo en fechas con alguno de los grupos fuertes de la localidad es un acto de valentía. Quizás por eso, el Paralysis Fest, organizado por Paralysis Record y celebrado el pasado sábado en la Petite Cabaret fue, sobre todo, un festival valiente y arriesgado que consiguió llenar de rock la noche a base de grupazos como los granadinos Lulabay y Yetiblack, los almerienses Norek y los madrileños Kitai. Todo un catálogo del pop y el rock conjugándose en un mismo cartel en el que tuvieron cabida las expresiones musicales más variadas.

Los primeros en subir al escenario, Lulabay, nos sorprendieron gratamente por el salto cualitativo que ha dado esta banda prácticamente en un año. Si bien, hasta ahora, no habíamos tenido la suerte de verles en un concierto donde los fallos de sonido no perjudicaran al sonido de la banda, en esta ocasión tenemos que alegrarnos de que sí fuera así. No sólo el sonido, sino la propia banda, más pausada ahora, más acoplada y con los temas más rodados y asentados. De vuelta de su “Un largo viaje”, con el que se están dando a conocer en la ciudad y a punto de grabar nuevo trabajo, los granadinos se encuentran en un buen momento, y musicalmente se les nota.

Lulabay Yetiblack

Tras ellos, Yetiblack, una banda de rock experimental afincada en Granada con miembros procedentes de puntos tan distantes como Canadá o Italia, pasando por Hueva y Cádiz, casi ná. Con el rodaje bien hecho a una máquina que se nota mejor engrasada día a día, su último EP “Lifeboats” le va dando a la banda la consistencia y la seguridad necesaria para enfrentarse a cada actuación como un reto visual a la vez que musical.

Cuidando detalles como la intro, que suena con mensajes subliminales mientras el grupo permanece en la oscuridad de la que salen a golpe de baqueta para sumergirse en ese mundo onírico en el que Shawn (voz y guitarra) parece entrar en un particular trance místico en el que la voz es el canto con el que enlaza las cuidadas melodías y marca las subidas y bajadas con las que el grupo experimenta rompiendo esquemas compositivos y haciendo imprevisible el desarrollo de cada tema.

De Almería, iniciando gira, aunque ya pasaron en acústico en enero por La Tertulia, Norek llegaron estrenando su trabajo “Peligroso”. Saltando al escenario con energía y un puñado de temas en los que el pop se llena de matices y busca, a través de las guitarras, salidas y posibilidades que den consistencia a unas letras cargadas de historias intemporales, el grupo llega dispuesto a defender su propuesta en plazas tan importantes como la Costelo Club (Madrid), donde actuarán el próximo viernes.

Norek  Kitai

Cerrando la noche, con el ímpetu de la juventud y mucha actitud, los madrileños Kitai llegaron para dar comienzo aquí a la segunda etapa de su gira “Que vienen” con la que están recorriendo prácticamente toda la península con muy buena acogida por parte del público. Juegan a su favor con la baza de saber llevar su propuesta al escenario con fuerza y seguridad y con unos temas que se debaten entre los timbres más pop en la voz y los más rockeros en unas guitarras y percusiones que dan contundencia a las composiciones.

Un buen festival, con una floja afluencia de público, que se condensaba a esa hora arropando la resurrección de otro grupo local, pero no menos interesante por menos concurrido. En Granada ya se sabe, difícil poner fecha a un concierto sin riesgo de coincidir irremediablemente con otro evento así que valiente, con ganas de llenar de buena música la noche, los grupos del Paralysis Fest hicieron que mereciera la pena la elección de estar allí esa noche.

Crónica: María villa

Fotos: FOL Contreras, Maria Villa y PerseFone

Es su primer álbum en solitario. “Uno”. Cuantos vendrás detrás aún es una incógnita. Atrás queda la etapa de “El puchero del hortelano” el proyecto con el que Antonio Arco se ha expresado hasta hace poco. La fecha elegida para Granada fue el 11 de marzo, en Sala Tren y allí acudió el público para escuchar unos temas que se sabían de principio a fin y que cantaron junto a él desde el primer tema.

Se le recibió con mucho cariño, el que se le tiene en Granada independientemente del proyecto en el que milite pero ahora, enfrentándose a esta etapa que está inaugurando con este LP se le recibió con más ganas si cabe. Suponemos que a la tristeza por el anuncio de ese final de etapa ha llegado la alegría de volver a verle sobre los escenarios.

Desgranando este trabajo por completo, con cariño y con poéticas introducciones a ese universo Arco, explicando, antes de comenzar algunas de ellas, sus motivaciones y pensamientos, hablando al fin y al cabo de todo lo que lleva dentro y musicaliza luego con ese aire sureño y el carisma que le caracteriza.

Con un público entregadísimo que no sólo escuchó, sino que vivió cada momento del concierto, que cantó, saltó, se emocionó y en algunos casos incluso lloró escuchando sus rasgueos a la guitarra.

Muchas emociones para él y para sus seguidores, pero sobre todo, la capacidad de ponerlas en forma de canción y de defenderlas con tanta solvencia sobre el escenario. Bien rodeado, de buenos músicos que, sin robarle protagonismo, saben resaltar cada momento en las canciones y bien rodeado de esta familia granadina tan grande y tan fiel que ha esperado pacientemente la aparición de este disco que vio la luz el 19 de febrero y que, menos de un mes después, ya ha sido memorizado por sus más incondicionales.

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Comenzaba en jueves, en Lemon Rock (Granada) una experiencia vertical que tiene intención de cambiar el punto de vista de la música. Denominados precisamente como “Conciertos verticales” aprovechan el patio de luces de una casa magníficamente restaurada en el centro de Granada que alberga uno de los hostel de ciudad con bar y restaurante más curiosos de Granada.

El lugar, que no lleva mucho tiempo abierto, ha tenido un gran éxito entre el público local y foráneo de la ciudad, creemos, que por su apuesta activa por la música en directo y eso precisamente se volvía a demostrar el pasado jueves con estos conciertos cuya apertura vino a cargo de Napoleón Solo tras agotarse en primer lugar, de forma fulminante, las entradas para Carmen Boza, que actuará en este ciclo el próximo 7 de abril y colgar también el sold out con los granadinos en los días previos a su visita.

Pero los granadinos no venían solos, llegaron acompañados de Cosmotrío, un trío de cuerda que ha iniciado un interesante proyecto musical que traslada la música “de cámara” a otros sonidos y otros ambientes y además lo hacen magníficamente. Fueron ellas las encargadas de la intro musical que dio paso a que los miembros de la banda se colocaran en el pequeño escenario habilitado para acoger a ambos grupos simultáneamente.

Alrededor de ellos, arropándoles como nunca por la propia disposición de los asientos en el sitio, casi mano a mano con el grupo, el público se distribuyó alrededor de lugar habilitado como escenario y en las dos plantas superiores que tienen vista directa a ese patio central que estructura los elementos de la construcción.

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Estar ayer en Granada debió parecerse bastante a estar en cualquier sala de esa Europa nórdica que tan buenas bandas da para el rock, tanto por el intenso frío y los alrededores nevados como por la presencia en la ciudad da dos bandas que tienen a gala llevar al frente a dos mujeres de voces impresionantes, la noruega Heidi Solheim (Pristine) y la sueca Elin Larsson (Blues Pills).

No debió parecerse tanto, sin embargo, en lo que a afluencia de gente se refiere porque ambos grupos no son sólo referentes en sus países de origen sino que están colgando el sold out en la mayoría de salas que acogen este world tour que han emprendido juntas. Algo menos de media sala, que dadas sus dimensiones parecía casi vacía con la escasa presencia de un público que, por otro lado, hubiese llenado alguna sala más pequeña en la ciudad.

Con puntualidad de país nórdico, a las 21:00 h. salían a escena Pristine, llevándonos directamente al ambiente que pudo vivirse en los 60 y demostrando que quizás estemos en uno de los pocos países que no da el sitio que merecen a las voces femeninas porque últimamente, todo lo que nos está viniendo de fuera, lo hace con fantásticas showwomen a la cabeza. En este caso, la banda noruega, donde se vio la calidad musical de todos y cada uno de sus componentes, llegaban con ese toque sesentero cargado de soul, blues, rock y psicodelia y un repertorio de gran fuerza musical.

Algo corta su actuación, que no pasó de los cuarenta minutos aproximadamente pero de una intensidad musical que, si bien no encontró en el sonido de la sala su mejor partenaire, al menos sí pudo mostrar todo el poderío que tienen este tipo de bandas a las que sólo podemos disfrutar esporádicamente en esta ciudad del indie.

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Tras ellos, los suecos Blues Pills, rápidos en el cambio de escenario, se enfrentaron nuevamente a un sonido altamente saturado de graves que, en algunos momentos, pudo parecerse más a una mascletá valenciana que a una base rítmica. Superados los primeros temas y algo más controlado el equipo técnico, pudimos centrarnos más en la envidiable voz y las enormes cualidades vocales de una Elin Larsson que apareció en escena completamente vestida de negro, descalza y con una actitud que recordaba mucho a una Janis Joplin a la que no tiene nada que envidiar en lo que a poderío vocal se refiere.

Segura y bien acompañada de una banda de virtuosos que tienen bien estudiado el momento idóneo para resaltar cada una de sus intervenciones, pandereta en mano, esta gran mujer se hizo con el grueso de la sala en pocos minutos y nos mantuvo ahí, atentos a cada uno de sus movimientos, algo más de hora y media que duró un show bien medido y con presencia de temas como “High Class Woman” o “Yet To Find” en una sala que no llegó a ese estado de comunión grupo-público que están viviendo en su paso por otras ciudades, no por méritos de la propia banda, sino porque el calor no llegó a reinar por completo en una Sala Tren que dio de sí todo lo que pudo pero no parecía suficiente.

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Despedida con bises bien medidos, para no hacerse pesados ni dejar con ganas a los más fans del grupo y cierre con un “Devil man” que, teóricamente, debería haber dado mucho más de sí pero se quedó en un nuevo intento de los Blues Pills por dejar huella en unos corazones que añoran mucho ese ambiente sesentero para el que parecen hechas estas bandas, más aire libre, más césped sobre el que compartir psicotrópicos, más paz y amor para escucharles en plenitud de facultades mentales. Quizás eso es lo que nos falta por aquí, un poco más de todo. De todo lo auténtico.

Crónica: María Villa

Fotos: PerseFone

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