Archivos para febrero, 2016

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Ni en todos los garitos de Granada suena “Luces de neón”, ni todos los granadinos se mueven por la misma música, especialmente ahora que Sala Prince ha decidido no apostar siempre a caballo ganador, sino a caballo de raza y empezar a programar unas “Playing Prince” llenas de ROCK con mayúsculas.

Lástima también que, quienes quieren hacer de esta una ciudad con un circuito de rock tal vez no saben lo que significa eso y anoche, una vez más, brillaron por su ausencia en el sitio donde se estaban repartiendo trallazos a diestro y siniestro con dos grupazos de los que te pierdes una vez y te arrepientes siempre.

Anoche fueron Superfortress (Almería) y Sniper Alley (Granada), pero días atrás estuvieron otros grupos, entre los que también pudimos escuchar a Reina Ácida (Benalúa) y Sibelclan (Granada) que también se marcaron un conciertazo, además de otros grupos que, si bien no hemos podido escuchar en directo en esta ocasión, esperamos poder disfrutarlos en otras.

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Con un frío del carajo, como dicen por aquí, entramos con el concierto recién comenzado (ya se sabe, tapeo granadino pre concierto) y nos encontramos a unos Superfortress que llegaban desde Almería trayendo aires cálidos del mejor rockabilly, con fuerza y un ritmo frenético, a pesar de que tuvieron que comenzar con poca gente aún en la sala lo hicieron con el mismo ánimo que cuando se toca ante un estadio lleno.

Muchas veces, saber estar sobre el escenario, es la clave para que un grupo te llegue de verdad y los almerienses traían consigo ayer los vientos más huracanados y las olas más salvajes para propiciar un ambiente en el que moverse sin pensárselo dos veces. Segunda vez que veo a este trío de los desiertos y tengo que decir que, si ya me gustaron la primera vez, con un equipo muy básico y un escenario modesto, esta vez me declaro fan incondicional de una banda que llega cargada de buenos temas, buen rollo y ganas de hacerse ver en los escenarios.

Tras ellos, con el ambiente ya calentito, cambio de tercio y alunizaje perfecto en el callejón donde más metralla se reparte por metro cuadrado. Sniper Alley comenzaron su actuación reivindicando que “somos del norte de Graná y no nos dejan tocar en todos las salas” y a partir de ahí, metralletas en ristre, repartir tralla como si no hubiera mañana. El trío capitaneado por Lao, un tío que sabe tratar a una guitarra como merece, hicieron uno de los mejores conciertos en los que hemos podido escucharles.

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A pocos grupos hemos visto dejarse la piel en el escenario, moverse y tocar como si el mundo se fuese a acabar después del concierto y hacerlo con verdadera pasión por lo que hacen. Uno de ellos son precisamente este power trío granadino que tiene sus adeptos y sus detractores pero no dejan indiferente a nadie. Destrozando tímpanos a base de caña de la buena, sacando lo mejor de una discografía que ya quisieran para sí muchos grupos locales y haciéndolo a pesar de todos o contra todos, haciéndolo y punto.

Porque Sniper Alley hacen como nadie lo que mejor saben hacer, actitud por encima de todo, rabia, temple, cabezazos y reivindicación de un panorama donde el rock tenga de verdad el sitio que se le está negando en esta ciudad. ¿Ciudad de la música o ciudad del indie? Si no habéis movido la melena con las canciones de “Sick Sad World” necesitáis comprar otro acondicionador para el pelo o estáis demasiado mayores para hacerlo.

Crónica: María Villa

Fotos: FOL Contreras

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Si Lord Byron se colgase una guitarra eléctrica sería, más o menos, como Igor Paskual el pasado viernes en el teatro de CajaGranada. Poeta, a la vez que músico. Hombre de vasta cultura que dejó muy atrás las camisetas de leopardo de su época glam en Babylon Chat para ser reconocido como una de las guitarras con más personalidad, acompañando al que, confiesa, ahora no sólo es su “jefe” sino su amigo, Loquillo.

Llegó a Granada presentando su LP “Tierra firme” (DRO/Warner Music), un disco de rock que da mucha importancia a las letras, a la elegancia y a la posibilidad de expresar todas las experiencias, los sentimientos y los conocimientos de un hombre fuera de lo común, un romántico del rock’n’roll que aún es capaz de vivir cada concierto como una oportunidad de acercamiento a su público, con el que conecta rápidamente y comparte cada momento de su actuación.

El trabajo grabado en Gijón junto a Carlos Stro y producito en “Estudios Fase 4” destila clase y sensibilidad, la propia de un músico que no se conforma con serlo, a pesar de que, como él mismo decía hace unos días en una entrevista de radio “soy músico porque gané un concurso de poesía y pude comprarme una guitarra, si no, seguiría leyendo poesía para unos cuantos”.

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Entrevista a Koel

Publicado: febrero 22, 2016 en Uncategorized
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“…en nuestra próxima gira hay salas que hemos elegido porque la entrada a menores está permitida y esto ha sido determinante a la hora de seleccionarlas.” 

Sorprendidas aún por la fuerza y la energía que desprenden Koel, y que nos llegó como un soplo de aire fresco en su presentación del disco en Granada, nos preguntamos cómo serán de cerca estos cinco chicos que han sido capaces de darle una “Superforma” a su último LP. Les proponemos una entrevista y, como todo el mundo espera encontrar a un grupo de música entre discos, nos saltamos la normal y les citamos en “La Qarmita” un café-librería que apuesta por la cultura en sus múltiples manifestaciones.

Hablamos con ellos de música, de etiquetas, de cosas trascendentes e intrascendentes, creamos nombres nuevos para festivales ficticios o nuevos sitios relacionados con la música. Les informamos de que cualquier cosa que digan podrá ser usado en esta entrevista, pero rodeados por libros, lo interesante es no hablar sólo de música, sentimos curiosidad por saber qué leen. Reciben la pregunta entre risas. Reconocen que algunos de ellos leen menos de lo que les gustaría, a Nico (bajista) lo pillamos leyendo la etiqueta de la cerveza y le aceptamos barco como animal acuático aunque luego nos cuenta que también lee ciencia ficción, como Gabi (voz) que también lee este género principalmente y cosas de Coelho (bromeamos con no mencionar esto para no dar lugar a algún meme y nos reímos con ellos).

También leen biografías o se compran un libro enormes de Kafka para ponerlo sobre la mesa cuando llegan visitas y quedar tope cool con ellos (volvemos a reírnos con la broma). La entrevista transcurre en clave de humor y les dejamos moverse entre los libros buscando los que despierten su interés. Les vemos distendidos, cercanos, llenos de simpatía y buen humor por la situación que les proponemos. Rápidamente el grupo se siente cómodo en este contexto, buscan, comentan, bromean, nos reímos todos, pedimos unas cervezas y charlamos sobre lo que realmente queríamos saber. Sobre la banda.

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Teníamos, desde hace tiempo, ganas de volver a ver en directo una de las bandas más conocidas y emblemáticas de Granada, Eskorzo. Una banda que cumple veinte años de carrera, y han tenido que hacer una segunda gira tras sacar su último LP “Camino de Fuego”, a la vista del éxito que ha tenido su trabajo.

Precisamente con el tema que da título al disco comenzaron su espectáculo ayer en Industrial Copera.  Dándolo todo desde el inicio, sin reservarse fuerzas ni empuje porque, si algo distingue a esta banda, es que desde que salen lo hacen ya con las pilas puestas. Lo cierto es que Tony (voz) sale al escenario cada vez como si fuese la última, haciendo una fiesta de cada uno de sus conciertos, consiguiendo una gran comunicación con el público.

Un público que cantó y coreó sus canciones y que no dejó de bailar durante toda la actuación con momentos álgidos que el propio grupo propicia y jalea. Para ellos son veinte años, un tiempo suficiente para tener claro que el grupo está sólidamente asentado en el panorama musical, pero un tiempo que no ha corrido en su contra en cuanto a su capacidad de demostrar que la locura, en el escenario, es la mejor receta para el buen estado de salud de una banda que no se cansa de pisar y correr escenarios.

Sí es cierto que su música ha ido bebiendo de muchas fuentes, creciendo, experimentando, mezclándose y agitándose entre el  rock, ska, rumba, rocksteady, funk,  soul, jazz, afrobeat, latin, cumbia, drum & bass, reggae, ragga,  balkan y dixieland, pero todo con el denominador común de una actitud y unas letras que siguen sirviéndoles para sacar toda esa mierda que todos queremos gritarle al mundo y ellos, además, lo hacen con música.

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Metidos en un extraño invierno que parecía más una primavera, sin frío ni nieve en una ciudad que precisamente tiene manto nival como atractivo turístico invernal, parece que todo el frío se ha querido condensar en esta última semana para recibir, al calor de la Sala Prince, a los vallisoletanos Arizona Baby que llevan aún entre manos su “Secret Fires” y la reedición de “Songs to Sing Along” que fue su primer trabajo y cumple ahora diez años. Un disco ideal para entrar en calor a golpe de tacón y guitarra, fuerte acento country y sabor al folk americano más arraigados en ese trabajo que se mezcla con el rock más potente de este lado del Genil.

Desde que nos visitaran hace un año en el ciclo de rock de Monachil, el trío nos dejó con ganas de volver a disfrutar de su música, sus vaqueros gastados, sus botas tejanas y el sabor fronterizo de una música que se asienta fuertemente en la música americana de los 60’ y el rock más potente para el que Javier Vielba anda sobrado de actitud, como demostró durante el concierto.

Con una muy buena entrada, casi lleno, lo que demuestra que a la banda se la quiere y se la espera por aquí, y con unos teloneros de lujo, nos disponemos a disfrutar de los muchos matices de su “Secret Fires”, un disco que introduce nuevos sonidos y marca un cambio respecto a su LP “Second to None”, y el editado entre ambos, un “The Truth, The Whole Truth and Nothing but the Truth” que dejó el listón muy alto.

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Con una racha de eventos reubicados por parte de Polaroid Club, que aún permanece cerrada de forma injusta privándonos de uno de los sitios que más han apostado por los conciertos de pequeño formato y variedad de estilos en Granada, el concierto de Apartamentos Acapulco y Tigres Leones se celebraba el sábado en BoogaClub con una entrada discreta pero más que suficiente para demostrar que aún siguen saliendo a la palestra grupos que pueden aportar un granito de arena en originalidad musical.

Los primeros en salir, los locales Apartamentos Acapulco, con una formación que aún no sabemos si será la definitiva ya que ha crecido últimamente, cuenta entre sus incorporaciones con conocidos como Carlos Rodríguez (Charly Gang) al bajo y mantiene el núcleo inicial con Angelina Herrera e Ismael Cámara a quienes pronto se unieron Carlos Rodríguez, Pedro Velardo y Efrén Gaz.

Con un pop, noise, shoegaze que se adentra de lleno en el dreampop, sus composiciones, llenas de sonidos atmosféricos y experimentales no dejan de lado la exploración en las melodías suaves y armónicas llenas de juegos vocales en los que, las voces de Angelina e Ismael se combinan a la perfección para crear esa atmósfera lánguida de la que despiertas con una potente base rítmica que te sacude y te muestra la otra cara de una musicalidad llena de contrastes.

Tras haber sido nombrados como artista emergente del año en el Referendum (antes “liga maquetera”) de Radio3 –galardón que se llevaron dos años consecutivos (92 y 93) Los Planetas, siendo los primeros y últimos granadinos en recibirlo- y haber sido acogidos como primera referencia del sello “Discos imaginarios” con la que han sacado su segundo EP, “Siete“, en formato físico al mercado, la banda se encuentra en un momento idílico que saben que deben aprovechar y se muestran, en consecuencia, receptivos y animados a dar forma definitiva a un proyecto que, como han demostrado, tiene mucha proyección.

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Desde la primera vez que vi a Ara Malikian en un escenario tuve claro que si alguien podía unir música clásica, música contemporánea y espectáculo, era él. La capacidad de tocar con un innegable virtuosismo y poner pasión en cada una de las notas interpretadas se da pocas veces en un mismo intérprete. Y Ara, quizás por sus propias experiencias vitales, sus muchas anécdotas para contar con un sentido del humor finísimo y su capacidad para interpretar la música, dentro de los cánones más clásicos pero con la actitud más desenfadada, es propia de quien ha sabido dar un giro a la interpretación con el violín para transformar lo que podía ser sólo un concierto en una experiencia realmente emocionante.

El intérprete, libanés de origen armenio, salía anoche al escenario de un Palacio de Congresos que registró el sold out horas antes del comienzo del espectáculo, caminando solemnemente mientras tocaba con las manos el violín para situarse junto a su banda bajo las luces azules que le daban una imposible seriedad a un primer tema Dzovarev, un tema propio “de rollo” libanés, como él mismo, que sin embargo acababa rompiendo con los primeros acordes de Misión Imposible para dejar claro que ahí terminaba la posibilidad de ver un concierto de violín a la usanza.

Supimos después, en una de sus anecdóticas historia a caballo entre la realidad, el humor y una capacidad inventiva de Ara Malikian, que su estancia en Alemania y ciertas confusiones acerca de su origen judío dieron lugar a una composición “rollo moro”. Porque, este intérprete, no se conforma con tocar partituras ajenas, sino que de vez en cuando compone sus propios temas, a los que llama, modestamente “picos” comparando el jamón ibérico (las composiciones de otros) con los picos que les acompañan, que según él, son como el pienso de gato, pero a nosotros nos supieron a pan de Alfacar con picual, por hacer un símil local que seguro se entenderá muy bien.

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