III Osario Fest Granada

Publicado: diciembre 15, 2015 en Uncategorized

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Empezó tímidamente y con mucha modestia, en un C.S.O.A. de Granada con grupos de primera y vocación solidaria con los animales y ahora, un año después, celebra su tercera edición con las mismas dificultades de siempre para llevarlo a cabo pero la ilusión intacta a la hora de conseguir que en Granada se escuche otro tipo de música.

Y es que, el screamo, post rock, post punk y todos los post más extremos del panorama musical, tienen sitio en el cartel más alternativo que puede verse en la ciudad a lo largo del año. El mismo paisaje social y cultural de anteriores ediciones nos mete de lleno entre pieles tatuadas y chupas de cuero, entre gritos guturales y guitarras como hachas y, aunque las salas no se prestan al desfase que tuvo la primera edición, los huesos se siguen saliendo del cuerpo y los cuellos se agitan con los gritos desgarrados.

Brutal, sencillamente brutal todo lo que se vive en este tipo de festivales porque, el Osario, es el festival que más grupos de estilos alternativos atesora. Anoche fueron nada menos que Rencor (Almería), Osoluna (Torrelavega), Wild Animals (Madrid), Hongo (A Coruña) y repitiendo en cartel Viva Belgrado (Córdoba) ante algo más de un centenar de personas que compartieron sudor y empujones ante el escenario.

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Los primeros en salir a escena, Rencor, desde El Ejido, venían con una propuesta de grindcore con la que justifican canciones llenas, quizás, de todo ese rencor que llevan como bandera. Letras donde la poesía se transforma en grito y el grito en angustia y les da pie a enfrentarse verbalmente contra un mundo de incomprensión que les ha tocado como herencia a esta generación sin oportunidades. Todo ello con la voz de Antonio Acién (voz y bajo) a quién ya conocíamos como bajista de Proyecto Eskata, grupo en el que nos deleita con su ocho cuerdas, poco habitual en este tipo de música.

Tras ellos, procedentes de Torrelavega, Osoluna con su screamo, post rock lleno también de gritos y desgarro se adueñaban de un escenario frente a una sala que se quedó algo más vacía durante su actuación (la costumbre de salir a fumar hace que más de uno se pierda todos los comienzos de grupo), con una voz femenina en sus filas y una alternancia vocal entre los miembros del grupo, intentaban darle un toque diferente a una propuesta que, desde mi punto de vista, aún está un poco floja a pesar de que puede tener bastantes posibilidades cuando los cántabros terminen de conseguir darle forma a su proyecto.

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Los terceros en escena, los madrileños Wild Animal sorprendían con un punk potente que tuvo una muy buena acogida entre el público y demostraban que tener una chica a la batería puede ser una gran baza si la baterista en cuestión deja el listón tan alto como lo hacía ayer esta integrante del grupo que no sólo resulta bestial a las baquetas sino que pone un contrapunto muy interesante a los coros y sabe aportar la justa dosis de personalidad como para no quedarse sólo en la anécdota (seamos honestos, no es habitual ver chicas a la batería haciendo este tipo de música) y definir perfectamente el espíritu de este post punk agresivo y con garra con la que la banda puede ganarse un sitio dentro del panorama musical alternativo. Atentos al nombre porque esta gente puede dar que hablar.

Llegado el turno de los coruñeses Hongo las luces se apagan, se enciende una pequeña luz blanca ante la batería y se hace la oscuridad total no sólo en la sala sino en la atmósfera, la música y las letras de esta propuesta crust-death metal oscuro y angustioso no apto para depresivos a punto de cortarse las venas. Denso y lineal, con un tono negro y desgarrado, una buena interpretación salvaba levemente de la angustiosa sensación de haberse metido en un bucle espacio temporal, en un agujero negro donde las voces te atrapan en una espiral de desasosiego que, sin dudas, es el objetivo de un grupo que opta por hacer música en esta vertiente tan extrema del metal.

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Mucho menos oscuros, más melódicos y con un disco ya bien rodado “Flores, Carne” (2014), los cordobeses Viva Belgrado volvían a Granada un año después con las mismas ganas y más fuerza si cabe y ese screamo-post rock con el que han recorrido las salas cosechando muy buenas críticas. La misma angustia y el mismo desgarro que sus predecesores pero un estilo donde los melódicos tienen cabida y aportan un contrapunto a los guturales rotos y oscuros de unas composiciones con la alternancia de voces apropiada para sumergirte en la placidez o tambalearte sin cambiar de tema y hacerlo a golpe de contundentes guitarras y ritmos que marcan el latido de una forma de vida, esta que llevan ellos por bandera.

Se cerraba así, con muy buen resultado general, la tercera edición de un festival que lleva una trayectoria de éxitos suficientes, gracias al empeño de su artífice, Aurelio Calvario, que no ceja en su empeño de visibilizar estos grupos más alternativos, como para plantearse que ya hacía tiempo era muy necesario tener un festival así en Granada, una ciudad que enarbola la bandera indie y que sin embargo tiene un sustrato underground que justifica la presencia de estos eventos para dar salida a las inquietudes de los que, afortunadamente, giran alrededor de otras órbitas planetarias.

Crónica: María Villa

Fotos: Perséfone. VER ÁLBUM

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