Archivos para marzo, 2015

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Se nota que el hardcore/metalcore está en un buen momento en Granada. Los dos últimos eventos de este tipo a los que hemos asistido así lo demuestran. Primero el llenazo y éxito rotundos del primer Osario Fest y ahora un concierto, en una sala que acoge por primera vez este tipo de eventos más alternativos, la Funky Soul (antigua Bhuda) con otro lleno y muy buen ambiente.

Los grupos en cartel eran una apuesta segura y, eso, también influye. Los cordobeses Viva Belgrado, que siguen recorriendo salas con su “Flores, carne”, los granadinos La Parade y los madrileños The Blackjaw

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Le denominan “misterioso”, quizás porque no es uno de los habituales de las revistas o porque el circuito indie aún no ha absorbido aún su figura para incorporarla a los “habituales” pero de misterioso nada. Henry Lee Schmidt venía de un proyecto, The False Friends, donde ya había esbozado una línea musical que ahora, en solitario (aunque casi siempre con banda) explota y desarrolla a sus anchas.

A Granada llegaba anoche de manos de Fuzzy Chain, esa promotora que se ha empeñado en que, de vez en cuando, dejemos de ir a ver los mismos grupos a los mismos sitios, y empecemos a conocer otros grupos, otras músicas. Ayer la apuesta era arriesgada y la respuesta del público escasa a pesar de que tener en Granada “personajes” de este tipo no es algo que ocurra todos los viernes.

Porque al fin y al cabo, Henry Lee Sschmidt es eso, un personaje al que algunos medios han llamado “ese extravagante tipo del sombrero”. Un sombrero bajo el que se esconde una personalidad peculiar y una gran voz que no sólo es eso, sino que es la encargada de dar fuerza y congruencia a un trabajo que cumple todos los requisitos de calidad para situarle, en cuanto empiece a sonar más habitualmente por las salas, en uno de esos raros autores “de culto” que finalmente se convierten en moda.

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MÁS FOTOS EN: CARRAÑACAS01 (FOL CONTRERAS) y CARRAÑACAS02 (PERSEFONE)

 

Sniper Alley Quilombo 17

Son un grupo escurridizo, que no se prodiga en las salas granadinas y que elige cada fecha meticulosamente, para medir sus apariciones en su justa medida. Pero ahora, con un disco nuevo bajo el brazo, “Sick, Sad, World” (2015) Sniper Alley vuelven a los escenarios locales, a la Sala Quilombo (antigua Sala Príncipe) esta vez, para demostrar que son uno de los grupos con más proyección de la escena rock granadina.

Vuelven precisamente con eso, mucho rock, árido, desnudo, descarnado. Rock disparado por francotiradores profesionales que, a estas alturas de la película, saben que ha llegado el momento de hacer el disco que de verdad les apetecía.

Salían a escena sorprendiendo con el primer tema del disco que venían presentando, un “Amazing Grace” que coquetea con ritmos más surferos, más fronterizos, de lo que habían presentado hasta ahora. Ahí, la influencia del productor, Fernando Pardo (Los Coronas, Sex Museum, Corizonas) se nota, y las trompetas, que en directo causan el mismo impacto que cuando escuchamos la pista correspondiente, dejan claro que es de ley hacer un homenaje, siempre que se pueda, a quienes van trazando nuestro pentagrama vital a lo largo de los años.

Contundencia en la batería, que el viernes estaba especialmente presente aportando una rítmica brutal al concierto con la exigencia personal de Esteban, uno de los baterías más potentes y perfeccionistas que se mueven en el rock granadino y que controla cada golpe, cada impacto y cada pausa milimétricamente para que cada tema suene con la mayor precisión.

También preciso, con un sonido que ponía los pelos como escarpias, la fuerza en la línea de bajo de Miguel, centrado, sobrio, pero acentuando cada nota de guitarra. Da gusto cuando un bajo suena con esa nitidez y te permite apreciar los muchos matices que aporta este instrumento a los temas.

Y, en este grupo, un punto y aparte para el apartado guitarras, porque su vocalista, el carismático Redd Lao, es el “clásico” guitarra que se desenvuelve igual de bien entre los momentos de virtuosismo en las cuerdas, la irreverencia, la rabia y los gestos más gamberros que pueden combinarse con sentido del humor (y hacerse un bailecito popero para quitarle “dramatismo” al asunto) podríamos decir que “sin despeinarse”.

Impresionante presentación de un disco que merecía esa puesta de largo porque la rabia, la potencia y la actitud que demostraron el viernes Sniper Alley son los ingredientes perfectos que avalan a esta banda y su particular forma de vivir esa “rock actitud” cuando cogen carretera y manta y se marcan una gira en la que abanderan otra forma de hacer música en Granada, la que ellos viven en su día a día, la más cruda, la más árida, la más rockera.

Antes de que ellos subieran al escenario, teloneros de lujo, a pesar de amigos. Una banda que ya ha compartido escenario con estos francotiradores y que, en estos momentos, de reestructuración y puesta en marcha, fueron capaces de salir al escenario para demostrar que no han perdido un ápice de fuerza y que siguen siendo los Young que nos sorprendieran hace un año con una actitud distinta y la intención de devolvernos un poco de los noventa cargado en pequeñas dosis de rock cantadas con todo el desgarro y toda la rabia vital de una generación castigada y a veces olvidada.

Lo hacían como se esperaba de ellos, haciéndose polvo en el escenario, estrenando vocalista, Adrián, dándole la oportunidad a una amiga del grupo, Marcia, de compartir ese momento de gloria. Junto a él, el siempre sorprendente Iván a la batería, a pecho descubierto, dándolo todo en cada tema y Pablo, un bajista al que hemos visto poco en los escenarios pero lo suficiente para saber que cuando se tienen las cosas claras hacer música es algo que te sale con esa naturalidad.

Lo hacían estrenando temas y dejando claro que la juventud es un momento de la vida que sólo se vive una vez y hay que saber vivirla a tope, como se hace música, como se enfoca cada momento cuando de verdad quieres entender el sabor de la vida y del rock ‘n’ roll. Como ambos grupos saben, al máximo de revoluciones. A muerte.

Crónica: María Villa

Fotos: FOL Contreras

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IZAL01

Van de “Sold Out” a “Sold Out”. Desde hace meses no se podían conseguir entradas en Granada. Se pusieron a la venta incluso las localidades traseras al escenario, un sitio en el que nadie querría estar normalmente, a no ser que las entradas estén ya agotadas y no haya otra forma de verlos. Y ellos lo saben, y saben agradecerlo con un concierto de más de dos horas de duración donde disfrutar de lo que podría definirse como toda la historia musical del grupo, con sus grandes éxitos y sus canciones más intimistas, tanto de su primer EP “Teletransporte”, como de los dos LPs posteriores “Magia y efectos especiales” y “Agujeros de gusano”.

Son Izal. El fenómeno musical de los dos últimos años. Un grupo que ha podido permitirse el lujo de tener gira presentación, festivales “nudo” y despedidas de gira “desenlace”. Esta vez, en Granada, era en el Manuel de Falla, un auditorio que en principio no tenía las simpatías de quienes pensaban asistir (desplazarse hasta allí es una verdadera odisea) pero que tenía un lado bueno, la posibilidad de que entre el público hubiese menores que son, al fin y al cabo, la afición del mañana.

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LORE01

Que los “neofolk” se están poniendo de moda de unos años a esta parte es indudable. De hecho, ahora, lo más mainstream y hipster ya sabéis que son las Bodegas Castañeda y ser fans incondicionales de Los Hermanos Cubero o Lorena Álvarez. Así son estas cosas, cantes de ida y vuelta y modas de ida y vuelta. Pero además, en el caso de ambos, acumular seguidores es algo más que merecido viendo el trabajo que están realizando en el campo de las músicas tradicionales y populares.

Y es que, sin dudas, ver a Lorena Álvarez, mola. No sólo porque llega con un original repertorio con el que explota esa parte más hogareña que nos transporta a las fiestas de los pueblos, a los carnavales y las celebraciones más arraigadas sino porque lo hace modernizando, dando una vuelta de tuerca a esos sonidos que nos llevan a la niñez y al regazo de las abuelas pero nos sacude con letras actuales que nos descolocan.

Lorena Álvarez sabe aprovechar el género a la perfección, con músicas sencillas, pegadizas, “coplillas” cantables y bailables con las que introduce nuevas costumbres como si hubiesen estado ahí toda la vida.

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