Local de ensayo: AraAppaloosa

Publicado: abril 24, 2014 en MÚSICA

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Tarde de ensayo. Un local pintado en negro. Techos negros, paredes negras. Puerta metálica y el matiz gris de los paneles de fibra para insonorizar. Todo neutro. Sin poster. Ninguna seña de identidad. Sin fotos. Sin nada. Si no vemos en el suelo las guitarras, algunas de las más afiladas que suenan en las noches granadinas, no podemos decir con seguridad qué grupo ensaya en un local que resulta neutro a la vez que acogedor. Trasmite una curiosa sensación que invita a permanecer y escuchar lo que se cuece entre luces tenues pero bien situadas.

Dentro, un grupo de lo más dispar estilísticamente: AraAppaloosa. Nos acomodamos mientras empiezan a ensayar y desde el primer acorde empiezo a moverme rítmicamente. Agradezco en ese momento no ser yo quien lleva la cámara, las fotos hubieran salido movidas.

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Entre tema y tema, cuñas con preguntas que buscan conocer un poco quiénes son estos chicos que llegaron desde Benalúa de Guadix para traer algo original y novedoso a la música local. Son Tony Travé (el Oso de Benalúa), Alejandro Molina, Bailón y Pablo Peláez. Voz y guitarra, guitarra, bajo y batería. Les pregunto qué tipo de música hacen. Se ríen. Imaginemos una maleta que ha viajado por medio mundo y a la que se le añade una etiqueta en cada ciudad destino. Eso serían ellos, una maleta en la que casi no caben más etiquetas. Eso da como resultado nombres de canciones que ni ellos son capaces de recordar y pronunciar todo seguido pero que reflejan, en un solo título, toda una filosofía musical.

Influencias que van desde el stoner más árido, estilo en el que empezaron su andadura casi por casualidad sencillamente porque, los primeros temas, sonaron así. Después se mezclaron con el rock setentero, el blues, el metal, el folk americano y la espontaneidad de cuatro personas a las que les da igual dónde quieran encuadrarlas porque, al final, van a seguir haciendo lo que les suena bien a ellos. Un coctel que podía explotar o funcionar y ha optado por lo segundo.

Y claro, cuando lo que les suena bien a ellos nos encanta a los demás, de sus ensayos salen tal cantidad de temas que ahora mismo ya podrían editar un doble compacto como mínimo. Lo más simpático que les han dicho sobre su música “Y esto, ¿cómo se baila?”. Pero reconocen que son una banda a la que la gente les ha dedicado “muchos piropos”. Eso, sin dudas, les da ánimos para seguir adelante especialmente ahora que, contra todo pronóstico en un concurso que tiene mucha tendencia al indie-pop, se han clasificado en las semifinales.

Les pregunto alguna anécdota pero no recuerdan nada especialmente significativo. O llevan poco tiempo o son muy profesionales. Sólo mencionan, como algo anecdótico en su parte negativa, haber participado en un festival que sonó tan mal que el rebote del sonido hacía parecer que tocaban varios grupos a la vez. Yo estaba allí y doy fe de ello. Sin embargo después, sin centrarse en contar anécdotas van saliendo espontáneamente historias, cosas que les han pasado y de las que ahora pueden reírse al contarlas.

Por ejemplo, la historia del nombre del propio grupo, el de un caballo mestizo árabe y Appaloosa americano, de Idaho nada menos, un poco como ellos, con influencias de aquí y de allá. Música donde el mestizaje tiene ingredientes fuera de la música de mestizaje. Es sencillamente, la mezcla musical que ellos sienten como capaz de expresar lo que entienden por rock y nosotros vemos con una originalidad que puede aportar mucho a las tendencias de la ciudad.

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