Un tren a toda máquina con “Corizonas”

Publicado: noviembre 25, 2012 en CONCIERTOS, MÚSICA

Lo de Corizonas en la noche del sábado fue sencillamente apoteósico. Uno de esos conciertos de los que uno se arrepiente de no haber ido o guarda en la memoria como uno de los grandes eventos del año. Sobre todo, teniendo en cuenta, que Corizonas tiene presumiblemente una fecha de caducidad que devolverá a sus componentes de forma definitiva a sus grupos originales, Los Coronas y Arizona Baby.

En la Tren, tras abrirse el telón y comenzar a proyectarse una serie de imágenes llenas de fractales y mensajes subliminales aparece en el escenario  Rubén Marrón entre una nube de psicodélicos riffs, haciendo gala de que es un virtuoso con la acústica a pesar de que después, en medio de la variedad de instrumentos y sonidos que se apropian del espacio, pasa más desapercibido.

Tras él, David Khahe a la guitarra, Yehven Riechkalov con su trompeta, Javier Vacas, quien está impresionante con el contrabajo en este grupo además de tocar el bajo eléctrico, Fernando Pardo también a la guitarra y Roberto Lozano “Loza” quien ocupa su sitio en la batería para comenzar un ritmo continuo, cual tambor de guerra, que marca la cadencia de un intro absolutamente hipnótico al que le pone el punto psicodélico el propio Javier Vielba theremín en mano, para dar paso, poco a poco y de forma espectacular al “Hey, hey, hey” que abre también su disco “The news today”.

A partir de ahí todo comienza a desbordarse porque no es un concierto de los que va de menos a más, es de los que empieza en el más y alcanza un nivel difícil de igualar. Desbordantes de energía, con una fuerza y una capacidad increíbles, los temas del disco suenan amplificados, más potentes, con arreglos propios del directo y esa personalidad que le imprimen los miembros de Corizonas a cada canción que tocan.

Haciendo gala del buen humor que les caracteriza, bromeando sobre el origen del grupo, la ropa que llevaba Vielba el día en el que ambos grupos se conocieron o echando a Black Sabbath la culpa de que existan Corizonas, en el escenario se les ve disfrutar haciendo música tanto o más de lo que hacen disfrutar al público. Esas cosas se notan, cuando ves músicos que sonríen, bromean y se comunican con esa fluidez con la gente. Se les veía pasarlo bien y eso a la gente también le llega.

Mucho baile, animado por la capacidad de mover a las masas que tienen tanto Pardo como Vielba y buena selección musical, tanto de los temas de su propio disco, como versiones. Entre los primeros no faltó casi ninguno y sobre todo estuvieron presentes los más emblemáticos como “Run to the Woods”, que ya había comenzado a cantar el público antes que el propio grupo, al escuchar los primeros acordes, “The Falcon Sleeps Tonight”, con la presencia incontestable de la trompeta de Riechkalov o “I wanna believe”.

Tampoco faltó en el repertorio “Hotel Room”, el tema más “tarantinesco” del disco, la instrumental “El Rancho” cargada de aires fronterizos, su “I am (what I am)”, una magnífica interpretación de “The queen of hearts”  junto a esa revisión que ha hecho Corizonas de temas que para ellos son especiales y que ahora suenan como si hubieran sido suyas desde siempre “al estilo Corizonas” con esos ritmos, punteos y acordes que enlazan de forma impresionante.

Además de estos temas propios de los que, el público, que ya conoce a estas alturas casi todos sus estribillos y los coreaba con unas ganas que valieron los comentarios de Pardo y Vielba sobre los mismos, tocaron versiones que enriquecen significativamente su repertorio, como el “Everybody knows this is nowhere” de Neil Young, el “Whish your were here” de Pink Floid, una “Poison Ivy” de Los Rebeldes del Rock castellanizada, la espectacular “Pushing too hard” de The Seed cantada estupendamente por “Loza”, el “Supernaut” de Black Sabbath, el “Piangi con me” de The Rokes versionada en italiano o la siempre celebrada “Shiralee” de los propios Arizona Baby.

Todo ellos, con la clásica pausa en la que los grupos se retiran y la gente se deja la voz pidiendo que vuelvan, esta vez con una fuerza y unas ganas que no veía en una sala hace tiempo. Así, dieron la oportunidad nuevamente al Sr. Marrón de dejar fuera de juego al público con el dominio de la acústica y el sentimiento que este guitarrista le imprime a los temas que toca con ella.

Algo más de hora y media de concierto en el que el guateque sesentero y el rock conviven en un mismo escenario codeándose con el country, el folk, el garage y “los temas de amor” para conformar un concierto irrepetible en la que el grupo se despidió como había empezado, de forma apoteósica, convirtiendo una despedida en una fiesta.

Despidiéndose con el cantante bailando y saltando entre el público, con  los coros de la gente que le rodeaba, el feed-back que se consigue cuando se tiene el carisma de este grupo y se sabe que, a pesar de ser el grupo revelación del año, haber cosechado éxitos en todas las salas  que han pisado y crear gran expectación cuando llegan a una ciudad, saben, como pocos, ponerse a la altura de su público.

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