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Peatón Juan José Castro

Publicado: mayo 25, 2011 en POESÍA

Cruzando la acera, por el paso de peatones, por supuesto, esta semana encontramos a Juan José Castro leyendo su “Estudio para fuga” en el Pub Peatón. 

Juan José Castro Martín (Motril, 11 de noviembre de 1977) es licenciado en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura por la Universidad de Granada. Ejerce actualmente como profesor de secundaria.

Como poeta ha publicado hasta el momento tres libros: No cesa el tiempo, Deriva de las islas y Margen de lo invisible, obras por las que ha obtenido los premios Genil, Villa de Peligros y Florentino Pérez-Embid respectivamente.

Asimismo, ha participado en varios proyectos colectivos y publicado en revistas como “Letra clara”, “Extramuros”, “Entrerríos” y “El maquinista de la Generación”.

Allí, entre otros,  nos dejó poemas como el que copio aquí, poemas intensos para llenar otra noche de peatones:

DAS ULMER MÜNSTER

I
Bajo la niebla los tranvías trazan
la sombría estrategia de lo ausente,
la demora de los nombres y lugares,
los árboles que son tan sólo sueño.
Diciembre encierra la ciudad al fondo
de los escasos transeúntes
que por las calles húmedas resbalan
hacia el breve artificio de la aurora
interna y no visible (rubios campos del trigo).

Sobre la plaza el agua es una fuerza
capaz de destruirnos.
Deformes centinelas gimiendo por la lluvia,
las gárgolas del Münster siempre supieron del dolor.
Después de siglos siguen arrojando
en un perpetuo espasmo la materia
incesante del tiempo.

El campanario es un temblor que el alma
se empeña en resonar por encima de los tejados
de casas doblemente antiguas
al verse en el Danubio, ser y pasar dos veces.
La catedral embosca su tiniebla,
se hace la piedra signo, mientras vamos
dejando atrás el Rathaus y una incierta fatiga
nos vulnera al mirar las altas torres.

En el pórtico un Hombre se hurga el dorso
de las manos y sonríe. Adentro del recinto
otro cuenta las flechas indolentes clavadas en su carne.
Pareciera que sólo los ángeles sufrieran
el vértigo terrible con sus alas
abiertas expulsando a la serpiente.
¿Serán también infatigables
viajeros del invierno sin otro paraíso
que el de lo azul desesperado?
Será por ellos que escalamos piedra,
y cielo para hacer nacer la luz.