"Breve Historia Universal" de Jean Paul

Publicado: septiembre 4, 2009 en MÚSICA
Jean Paul no es un cantante, no es un músico, no es un triunfito venido a más. Es una apuesta fuerte por la música de calidad y el resultado, su disco autoeditado por su sello Bartlevy “Breve Historia Universal“.

Jean Paul son seis músicos, Raúl Bernal (voz, guitarra, piano, música y textos), Víctor Sánchez (guitarra eléctrica), Paco Solana (guitarra acústica, armónica y voces), Marcos Muñiz (banjo, acordeón, autoharp y percusión), Isaac Zafra (bajo) y Popi González (batería y percusión).
Algunos habían acompañado anteriormente a José Ignacio Lapido, quien también ha colaborado con Jean Paul en esta “Breve Historia Universal” Donde también han estado presentes Paul Grau (guitarra), Zahara (voz), Sara Beyermann (violín) y Alfonso Alcalá (contrabajo).
No es que yo crea que la autoedición sea una “edición menor”, sino todo lo contrario, creo que es una apuesta fuerte por aquello en lo que uno cree. Sin embargo, en esta ocasión creo que las discográficas han perdido la oportunidad de tener entre sus filas un grupo que va a dar mucho que hablar de aquí en adelante. Merece la pena fijarse en sus letras, porque es una de las cosas que los distingue.
Sobre ellos, en su MySpace, he encontrado un artículo escrito por José Ignacio Lapido y lo copio+pego aquí porque me ha resultado una gran definición del disco. Yo lo adquirí ayer durante el concierto que dieron en Granada y lo que sí puedo es recomendar que lo busquéis y lo tengáis entre vuestra discografía porque merece la pena.
Palabras mayores
A modo de presentación del primer disco de Jean Paul.
Por José Ignacio Lapido
En los tiempos que corren, el que se pone a componer y ensayar canciones, luego graba un disco con ellas y finalmente lo autoedita sólo puede ser dos cosas: un filántropo o un inconsciente. “¿Quién me habrá mandado a mí meterme en esto?”, es la pregunta que después de haber completado el proceso no nos dejará dormir. Lo cierto es que cada cierto tiempo, por algo somos animales de costumbres fijas, volvemos a hacerlo: composición, ensayo, grabación, edición, promoción, gira… Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Debe ser eso. En el caso que nos ocupa, Jean Paul, el delito tiene una agravante: ¡es la primera vez! Y no puede decirse que lo hayan hecho sin conocimiento de causa. Tenían en mí el perfecto espejo en el que no mirarse. Aún así han dado el paso, ese que separa el atrevimiento de la imprudencia, y se han lanzado al vacío: composición, ensayo, grabación…

Benditos sean. Me atrevo a poner por escrito estos pensamientos circulares porque los músicos de Jean Paul forman parte de mi vida desde hace años. Ellos sabrán perdonarme. Al primero que conocí fue a Popi González; tocó la batería en mi primer álbum en solitario allá por el año 99 del siglo pasado. Luego coincidí con Isaac Zafra; él fue el técnico de sonido que registró la primera canción que grabé después de dejar a los Cero. El siguiente en cruzarse en mi camino fue Víctor Sánchez, que se pasó por el estudio a grabar unos coros y un slide en el año 2002 y desde entonces no se ha ido. Raúl Bernal llegó exiliado de Murcia en 2005 y yo le di, en la medida de mis modestas posibilidades, asilo político en Granada. Paco Solana me prestó una vez su guitarra acústica y se quedó a tocar el bajo en mi banda.

A Marcos es al único que no conocía personalmente. Mejor para él. Os preguntaréis por qué unos individuos, ni demasiado jóvenes ni demasiado viejos sino todo lo contrario, con estudios, experiencia sobre los escenarios, sentido del humor, vicios confesables y de trato agradable llegan a esto. Es como el buscador de oro que baja al río y encuentra una pepita. El siguiente paso que dará es ir a un joyero a que se la tase, y después, si tiene la fortuna y la habilidad de encontrar más, las venderá o las fundirá para hacerse un anillo o un lingote, quién sabe. Algo parecido pasa en música. Estás en tu casa, coges la guitarra porque no tienes nada mejor que hacer, enlazas unos acordes, sacas una melodía, luego le pones letra y algo te dice que eso no está nada mal. Se la llevas a los demás al local y ese boceto, con el esfuerzo y las aportaciones de todos, se convierte en una gran canción. ¿Cómo vas a dejar de grabarla? Imagino que eso es lo que ha ocurrido con Jean Paul, y algún día habrá que agradecerles el glorioso atrevimiento de empeñarse en que el resto del mundo conozca su música.

Cuando Raúl Bernal, el impulsor de esta historia, llegó a Granada vino con una maqueta y con unos folios fotocopiados de relatos cortos escritos por él. Primeras impresiones: “Qué voz tiene este tío” y “coño, escribe bien”. A partir de ahí, su talento, su dedicación y el azar hicieron que lo que podría haber sido otra historia más de bellos perdedores haya acabado en lo que hoy tenéis en vuestras manos: Breve Historia Universal. Palabras mayores. Mi diagnóstico es claro: Raúl es un letraherido. Le pasa lo que ya escribió hace mucho otro Jean Paul, en este caso Sartre: “como cualquier soñador, ha confundido el desencanto con la verdad”.

Apuesto a que cuenta sus amaneceres por capítulos: de Cortázar, de Pessoa, de Kerouac, de Bukowski… Estos autores y otros como ellos han dejado un poso agridulce en sus textos, que más que poemas musicados son prosa poética de alto octanaje con un pie en el realismo más o menos sucio y otro en la ensoñación más o menos imposible. Además es músico -¡de carrera!-. Un músico que ha sabido rodearse de una banda capaz de dotar a sus composiciones de un impecable acompañamiento electro-acústico de ecos añejos.

Lo sé, lo sé. Los que vais a leer esto necesitáis referencias, ¿os valdría una receta? En una coctelera echáis a partes iguales un poco de Mark Lanegan, The Band, Eels y Leonard Cohen; unas gotitas de Nick Drake, limaduras de chanson francesa y de country crepuscular, luego lo agitáis todo con la prestancia de una banda de rock con todas las de la ley y servís bien frío y a su volumen correspondiente. Ahí están Jean Paul, listos para ser degustados. Sólo espero que, como me ha pasado a mí, encontréis el momento y las claves para disfrutar de estas canciones arrebatadas que poseen la rara clarividencia que da el insomnio, nacidas en un punto intermedio entre las entrañas y el cerebro. No digo más, dejemos que suene la música. Quizá sea desencantada pero es de verdad.
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