Archivos para junio 29, 2009

Todo artista atraviesa varias etapas en su vida y cada una de ellas queda asimilada a una tendencia personal a través de la cual se expresa dando salida a sus inquietudes en el momento. Matisse también tuvo las suyas, tres para ser más concretos y de entre éstas, la etapa intermedia (1917-1941) es hasta ahora la menos estudiada y la menos comprendida.

Al que es el máximo representante de los fauvistas (fauve quiere decir fiera y la expresión se acuñó en el Salón de Otoño de 1905 por un crítico al ver el gran colorido de las telas expuestas). La gran influéncia de los fauvista fueron sin dudas Van Gogh y Gaugin pero a partir de su visión fueron capaces de tener su propio estilo.

Si el fauvismo en general sustituye el toque puntillista, la pincelada suelta que habían utilizado los impresionistas por grandes áreas de color contrapuestas y se explicita a través del color teniendo como seña de identidad la espontaneidad, en esta etapa Matisse utiliza aún técnicas puramente expresionistas, quizás demasiado influenciado aún por este movimiento.

Matisse en estos años se recrea en una pintura más intimista donde su estancia en Niza es evocada a través de paisajes locales y escenas cotidianas de la ciudad. Pinta interiores y exteriores donde las telas, el color de las tapicerías, cortinas, alfombras, muchas veces de influencia oriental se erigen casi como tema del cuadro aunque no lo sean, preludiando con ello parte de su pintura posterior.

Los paisajes, su entorno inmediato, al que interpreta con una pincelada mucho más fluída a veces incluso excesivamente esquemática son parte de su visión del mundo en ese momento. Junto a éstos, el retrato, en el que va cogiendo influéncias picassianas en una interpretación personal del cubismo menos evolucionado y la forma, a la que da el lugar protagonista en sus sensuales cuadros de odaliscas completan este recorrido que puede verse en el Thyssen hasta septiembre.

Se trata de un Matisse diferente al que acostumbramos a ver y por tanto, especialmente interesante para quienes quieran tener una perspectiva más completa del artista. La entrada al recinto y su visita está bien organizada y sin largas esperas por lo que es casi obligado el paso por una exposición tan didáctica como esta.

Poco después la esquematización completa y el color aplicado en grandes superficies que ya se preludia en Ninfa y Sátiro (reproducida aquí también) le acerca de modo irreversible a la etapa más intensa del artista donde su creación “La danza” puede considerarse su obra maestra.

Lugar: Museo Thyssen-Bornemisza
Fecha: del 9 de junio al 20 de septiembre