Archivos para agosto, 2008

Un año más Granada no quiere olvidar esa noche. Un año más, la luna iluminaba el olivar donde le mataron. Un año más, en Alfacar se reunieron cientos de personas que no están dispuestas a que se deje de pronunciar el nombre de Federico.

Este año, para conmemorar tan triste fecha en el 72º aniversario del suceso la Diputación de Granada ha editado un pequeño librito que se repartió a la entrada con tres poemas inéditos de Gabriel Celaya dedicados a este acontecimiento, al recuerdo de su amigo, el poeta de Granada.

Con la siempre sobrante a la vez que inevitable presencia y protagonismo de los políticos de turno, como inicio de la velada el pianista José Luís Zafra interpretó siete piezas inspiradas en el Romancero Gitano y en la vida del propio Federico, temas que fueron desde una versión personal de Las tres moricas de Jaén hasta una Rumba Guajira compuesta por el músico para recordar su visita a Cuba.

La voz a los poemas se la puso con gran emotividad Manuel Galiana y los más de quinientos asistentes guardaron un profundo silencio mientras en la noche granadina resonaban las palabras de Celaya en su “Elegía del muerto juvenil”:

Has muerto. Y todavía
Te envolvías en un aire tembloroso
De promesas y sonrisas.

Has muerto. Y todavía
Tu risa era un torrente
De vida no vivida.

¡Oh, corazón que, ligero
Flotaba como un niño adormecido
Sobre el agua cambiante del momento.

O la “Memoria de Federico”

Que no murió. Le mataron.
Contra la cal de una tapia luminosa
Me lo dejaron clavado.
¡Por vuestras madres! decía.
Y los fusiles sonaron.
En el vacío de España
Aún retumban los disparos.
¡ Por vuestras madres” decía
Y lo dejaron clavado
Diez pólvoras asomadas
Y una bruta voz de mundo.

Como cada año, la sencillez nada estentórea fue la nota dominante de la conmemoración y el sencillo hecho de ir un año más al lugar donde le mataron ya significa mucho para los granadinos, para nuestra memoria y para nuestra sobria sensibilidad cuando ésta es bien entendida.

El Romancero Gitano

Publicado: agosto 13, 2008 en EVENTOS, TEATRO

El mundo de los gitanos siempre atrajo a Lorca y su Romancero Gitano es un reflejo de la admiración que sentía por su cultura y su forma de vivir y ahora, en el 80 aniversario de su edición hemos podido disfrutar del magnífico espectáculo montado por Cristina Hoyos basado en sus poemas con la dirección escénica de José Carlos Plaza y la música de Pedro Sierra.

Cristina no es sólo una de las grandes bailaoras en la actualidad sino una gran coreógrafa que en esta ocasión ha diseñado un espectáculo que nos lleva a ver a la luna bailar con el niño, a Antoñíto el Camborio dirigiéndose a Sevilla, a la preciosa pasionalmente acariciada por el aire… y los sentimientos más fuertes que podían inspirar los gitanos.

El Generalife vuelve a convertirse en el marco más apropiado para cualquier representación que tenga que ver con Lorca y una vez más, el completo acierto por parte de la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales de la Junta de Andalucía al facilitar el acceso por medio de unas entradas económicamente asequibles al público granadino con la colaboración de algunos ayuntamientos de distintas localidades que incluso han trasladado en autocares a los vecinos de sus municipios para ver el espectáculo.

Cristina, una vez más, brilla al bailar y brilla al estar. Su presencia llena el escenario y su esencia se trasmite en cada uno de los pasos de los bailores, en la música y el resultado final de un montaje que no destaca por sus efectos sino por el baile en sí mismo.

Con ella, el cuerpo de baile que da vida a cada uno de los poemas interpretados comunica los conceptos lorquianos acerca de la niñez, el adulterio, las reyertas, la muerte, la lujuria, la pasión de una monja bajo los rígidos hábitos… y como nexo, los gitanos.

El elenco artístico nos lo facilita la página de la Junta de Andalucía y algunos de los mejores momentos podemos verlos en el siguiente vídeo:

Para ver a Cristina Hoyos en uno de sus momentos estelares, el siguiente vídeo de “El Amor brujo” es quizás el más ilustrativo:

18º Parapanda Folk

Publicado: agosto 8, 2008 en CONCIERTOS, MÚSICA

Ahora sí se ve el castillo de Íllora como telón de fondo durante los conciertos pero se ha perdido en comodidad al dejar de celebrar el festival en el teatro semicircular que parecía hecho para estos actos. Sólo se hacelebrado allí un par de años y por algún motivo que desconozco se ha vuelt oal incómodo patio del antiguo I.E.S. Diego de Siloé, mucho más “casero” pero también menos acondicionado y otra vez la entrada vuelve a ser gratuíta apesar de que cuando dejó de serlo el precio era más que simbólico incluso ridículo (entre 2 y 3 € copa incluída).
Este año, por unas cuestiones u otras sólo hemos ido un día, suficiente paradar fe de que cada año cuesta más trabajo organizar un evento de esta categoría y al final son pocas las personas que se desplazan hasta Íllora para presenciar el festival que a estas alturas, en su 18º año de celebración ya debería ser un referente nacional sin duda alguna pero hay que aclarar que el cartel del mismo sólo estuvo disponible en internet una semana antes de quediera comienzo y se echa en falta que se le de publicidad y se incluya en laspáginas sobre folk en España donde este año tampoco ha podido verse el carteldel mismo.
Elegimos el jueves 31 para desplazarnos y esa noche Ismael Peña, con sus olvidos y distraciones pero sabiendo improvisar y retomar la letra por dondela había dejado hizo un repaso general del folk de buena parte de nuestra península, incluyendo en su repertorio canciones de pastor acompañados de una cacerolita de metal donde cuenta que lo mismo servía para cocinar, afeitarseque lavar de vez en cuando la camisa… o canciones picantes como la del Ajo robado que final es devuelto a su dueña con un “(En Madrid robé un ajo a una tendera.Me ordenó la justicia que el ajo diera. Como mi honra y fama estaban allí me arreglé de manera que el ajo dí. Pedro mi amigo al vermeme dijo “muy bien hiciste pues he sabido que el ajo diste. Y al que murmuró ufano así contestó:”Sabed todos, imbéciles que el ajo dio)”… o romancesc omo el de las morillas de Jaén: Aixa, Fátima y Marién… un clásico épico donde los haya.
Tras su actuación, la actuación de Mateo a quien conocimos como“Superviviente”, integrante de “Lombarda” y últimamente en su incursión celtaen “Shanon”, ahora en pleno desarrollo de un nuevo proyecto “Atroj”, querecoge música con sonidos de las dos orillas del Mediterráneo. Mateo,incansable en su búsqueda musical ha desarrollado en esta ocasión un estilo muy personal de mezcla bereber y granaína, con letras actuales y letras tradicionales, con usos, costumbres y modos de hacer la música acompañandosede un particular dulcimer que toca como pocas veces he visto hacer. Merece lapena seguir a este grupo y esperar que se hagan el merecido hueco en la escenadel folk español.
Finalmente, los húngaros Kerekes Band levantaron literalmente al público de la silla porque lo dificil era quedarse quietos escuchando el dinamismo, la fuerza y la extraordinaria forma de interpretar música tradicional con instrumentos modernos y traernos un poco de su folclore de forma completamente actualizada. Tanto, que podía sonar en cualquier discoteca sin desentonar en absoluto. Y un año más… el Parapanda ha podido celebrarse, a ver qué pasa el que viene…

Jebel Toukal

Publicado: agosto 6, 2008 en OTROS DICEN...

Autor: Fernándo Cárcamo Cubero

En nuestro país, cada montañero se ha iniciado en la montaña de una forma diferente. Aunque los clubs de montaña siempre han sido vivero de futuros montañeros, en los años 40-50 del siglo pasado la necesidad hacia “recomendable” utilizar el Frente de Juventudes y sus campamentos; más tarde fueron otras organizaciones las que utilizaron los campamentos de verano para acercar a los jóvenes a la montaña; en los 80-90, con frecuencia se veían a padres que pateaban los senderos con mochilas portabebes; últimamente parece que predomina una corriente de rechazo hacia lo organizado (léase clubs de montaña) y la iniciación va un poco por libre y con frecuencia a través de reseñas escritas en Internet con mejor o peor fortuna…

Pero sea cual sea el camino por el que se llega a la actividad montañera, la mayoría buscamos el más difícil o el más alto, y en cuanto podemos saltamos de las sierras locales a los Pirineos para sobrepasar la mítica barrera de los 3000 metros de altura en picos como el Aneto o el Monte Perdido. Y cuando se queda pequeña esa altura, pensamos en cuatromiles, en cincomiles,…. ¡y hasta en ochomiles!. ¿Y donde podemos subir una montaña de más de 4000 metros?: pues casi todos responderán que en los Alpes.

Esa respuesta – la de los Alpes – es eurocéntrica, porque tenemos un gran macizo montañoso geográficamente cercano (y posiblemente culturalmente tampoco lo tengamos lejano): el Atlas marroquí. Este es un breve relato de mi viaje al Atlas y de la ascensión a su montaña más alta, el Jebel Toubkal (4.167 metros).

Llegados a este punto, algún lector pensará que este relato “de montes” a él ni le va ni le viene, y que no le va a interesar seguir leyéndolo. Intentaré persuadirle diciéndole que la ciudad ideal para llegar al Atlas es Marrakech, la “ciudad roja” que dio nombre a Marruecos. Dice la leyenda que cuando la Kutubia (el alminar de su mezquita) se clavó en su corazón, la ciudad entera sangró y sangró hasta que las murallas y las paredes de todas las casas quedaron totalmente cubiertas de rojo. Creas o no en la leyenda, si llegas a Marrakech al atardecer y comienzas visitando la plaza Jemaa el Fnaa te verás envuelto en un mundo con un atractivo del que no es fácil sustraerse (sobre todo, si dejas aparcados tus prejuicios occidentales).

En esta ciudad con más de mil años de antigüedad, parece que el tiempo se ha detenido en un laberinto de calles sinuosas y retorcidas entre las que surge un inmenso zoco donde las prisas no existen y el regateo representa una forma de ver la vida. Si compras un articulo sin discutir el precio, el vendedor pensará que te está robando y por lo tanto pecando contra Alá; así es que debes comenzar el juego del regateo que invariablemente llevará al comprador a pronunciar la frase “tú ¿cuánto?”. Ya sé que para un occidental puede resultar incómodo el regateo, pero tómatelo como una tradición del mundo árabe. Y por supuesto… nunca intentes llegar a saber cual es el precio real de lo que vas a comprar.

Me estoy dando cuenta que quería hablar de una montaña pero pasan las líneas y estoy bloqueado escribiendo de Marrakech. ¿Cambio el titulo del artículo o me echo la mochila al hombro y dejo de hablar de la ciudad roja?. Vayamos al Atlas pero aconsejemos antes al lector tomarse una naranjada fresca en uno de los puestos de la Jema el Fnaa (3 dirham o 0,30 €uros), sentarse en una terraza de esa plaza viendo como va cambiando de color conforme avanza la tarde, no dejar que un encantador de serpientes nos ponga una en el cuello, y terminar cenando en uno de los tenderetes que brotan de repente en cuanto se apagan las ultimas luces del día. Y por supuesto, no os hospedéis en un hotel de la zona moderna sino en un Riad dentro de la medina.

El punto de partida para comenzar la ascensión al Jebel Toubkal por su vía normal es el pueblo de Imlil a unos 1700 metros de altura. Las condiciones de vida aquí son duras, no hay sistema de alcantarillado y la electricidad llegó en 1997; aún así, en los últimos años ha crecido hasta el punto que algunos hablan de la Chamonix marroquí. Pero que no nos engañe esa afirmación: sigue siendo un pequeño pueblo del Atlas, donde las calles son poco más que caminos de montaña entre bosques de nogales.

De Marrakech a Imlil podemos llegar en un autobús hasta Asni (64 kms), pero es más cómodo alquilar un Grand Taxi y poner en práctica las artes del redondeo que habremos aprendido en el zoco (pueden comenzar pidiéndonos 1000DH y terminar pagando sólo 200DH). A partir de Asni, el taxista normalmente será reacio a continuar y deberemos alquilar una camioneta o una furgoneta, a menudo compartida con otros montañeros o con lugareños. Otra buena opción es recurrir en la propia Marrakech a una agencia especializada, que nos solucionará también el tema de los porteadores y los guías. En cualquier caso, el trayecto hasta Imlil nos introduce de forma perfecta en el territorio del Atlas.

De Imlil hasta la cima del Jebel Toubkal (aclaremos que Jebel significa pico) el desnivel es superior a los 2500 metros por lo que lo habitual es emplear dos jornadas: el refugio Neltner a 3200 metros de altura es el lugar idóneo para pernoctar. Y lo más cómodo es alquilar el servicio de una mula (con su correspondiente mulero) que te lleva la mochila grande hasta el mismo refugio. Además, como nosotros somos un grupo numeroso, contratamos un cocinero y un guía.

El sendero discurre por un estrecho valle llamado Assif n’Ait Mizane. En media hora llegamos a la ultima población del valle: el pueblecito de Aremd construido encima de un enorme caos de bloques producto de un antiguo desprendimiento y con el aspecto típico de los pueblos bereberes del Alto Atlas mimetizado con el entorno. El fondo del valle tiene el color verde de manzanos y nogales, y el resto de la montaña es de color pardo.

De Aremd, el camino desciende levemente atravesando pequeños campos de frutales (cerezos, perales) y de maíz, hasta el cauce pedregoso de un río que en estas fechas va totalmente seco. Dejamos las últimas viviendas pensando que ya no vamos a encontrar rastros de civilización. Pero la necesidad de estas gentes y el elevado número de montañeros hace que a lo largo del camino surjan pequeños puestos donde poder abastecerse de refrescos y de algún alimento; cualquier hilo de agua puede ser utilizado para mantener las bebidas a una temperatura menos caliente que la del ambiente (conseguir en Marruecos una bebida fría-fría no es tarea fácil).

Sorprendentemente vamos a ir cruzándonos o adelantando a pequeños grupos de marroquíes, unos andando y otros en mulos, que no tienen aspecto de montañeros. Y es que hacia los 2300 metros de altitud se encuentra el morabito de Sidi Chamharouch, lugar de peregrinación y de ofrendas distinguible por una enorme piedra pintada de blanco, lugar también de curaciones diversas (locura, infertilidad, etc), y que como es habitual está cerrado a la entrada de no musulmanes. Sí que están abiertos para nosotros unos cuantos tenderetes donde poder tomar un refresco o comprar telas, fósiles, colgantes, etc, y recuperar el arte del regateo.

Dejamos el torrente a nuestra izquierda y a mucha profundidad, y vamos ganando altura en una fuerte subida en diagonal que nos va dejando sin aliento. Cuando volvamos a acercarnos al torrente y las fuerzas flaquean, surge como un pequeño oasis: nuestro cocinero ha extendido unas esterillas y nos espera con la comida preparada (ensalada variada, cuscus, fruta fresca, y el omnipresente te). Aprovecho para hacer un inciso y hablar de las gentes de estas montañas: posiblemente sea su cordialidad y hospitalidad el rasgo que mejor les caracterice, y una de las frases que más escucharemos estos días es el “no problema” (y realmente, pocos problemas no resolubles nos hemos encontrado en nuestra estancia).

Dicen que con la tripa llena se camina peor, pero a nosotros el refrigerio nos ha venido de maravilla y alrededor de las 5 de la tarde llegamos a las cercanías del refugio donde ya están montadas dos jaimas, una para nosotros y otra para el guía y el cocinero, y nos ponemos a montar nuestro pequeño campamento de tiendas biplaza: va a ser nuestro campo base. Hacemos una visita al refugio del Club Alpino Francés que en nada se diferencia de los refugios alpinos; es posible que tenga ventajas como duchas y wc, o sillas y mesas, pero no lo cambio por el ambiente de nuestra jaima donde vamos a hacer nuestras comidas, nuestras tertulias y risas.

El día amanece y nos desperezamos en nuestras tiendas. El Toubkal está a unas 4 horas de marcha y recargamos las pilas con un desayuno un poco más occidental que incluye leche-café-cacao en polvo en vez del te. Las mañanas a esta altitud son frescas y decidimos salir con camisetas técnicas de manga larga y algo más de abrigo porque el sol tardara en alcanzarnos. Hasta la cima, el camino esta perfectamente marcado a través del valle del Ikhibi sur por donde asciende lentamente pero sin tregua. La aparición del sol coincide con la primera visión del Tizi-n-Toubkal (o collado sur, a 3971 metros) y de nuestro objetivo, el Jebel Toubkal.

Desde el collado, subimos una fuerte pendiente hasta asomar a un falso collado desde donde se divisa el gran vértice geodésico que corona la cima: el objetivo está en nuestra mano y lo alcanzamos con menos esfuerzo del que pensábamos cuando salimos de España. Estamos a finales de julio y la cima está muy concurrida, siendo mayoría los montañeros españoles. Las vistas son extraordinarias y nos rodean todos los cuatromiles del circo: Timesguida, Ras-Ouanoukrim, Akioud, Afella, Imouzzer….. En la lejanía podemos apreciar el verdor que rodea a Imlil, y al sur la cadena del Anti-Atlas y las primeras llanuras del Sahara. Las fotos se suceden y se repiten: todo el grupo, con mi hijo, los Andarines, los de Sabiñanigo, con nuestros amigo marroquíes: el día es extraordinario y todos estamos felices de haber llegado hasta aquí arriba y con nuestros amigos.

Ahora queda un descenso que podemos afrontar en dos jornadas volviendo a hacer noche en nuestro campamento base, o bajando directamente a Imlil: si disponéis de tiempo, mi recomendación es hacerlo en dos etapas y aprovechar la noche para hacer una pequeña fiesta de celebración. Además, así podréis disfrutar de un descenso relajado y aprovechar para parar en los tenderetes y hacer alguna compra de fósiles o de geodas con los que recordar el mundo mineral del Atlas. Nosotros nos decantamos por hacer una nueva noche en el campo base, lo que nos permitió acercarnos hasta la cima del Toubkal Oeste (4030 m.) e inscribir un nuevo cuatromil en nuestro currículo.

Abandonamos el Atlas sin poder evitar volver la vista atrás para lanzar una ultima mirada a estas montañas tan diferentes a las nuestras y, quizás por eso, tan bellas. Afortunadamente nos espera de nuevo Marrakech y nuestro Riad que nos recuerda a los palacios cordobeses; aunque… ¿no seria más correcto decir que al-Andalus lo hicieron así almorávides y almohades para combatir la nostalgia de su Marrakech natal…?). Cuando embarcamos en el avión de regreso, todos estamos convencidos de haber vivido una gratificante experiencia y de que Marruecos bien se merece una nueva visita.

NOTAS: en algún momento ya he dicho que este viaje lo hicimos en el mes de julio. Realmente Marrakech puede visitarse en cualquier época del año, pero mi experiencia me dice que debemos evitar los meses de verano por la cantidad de turistas y por no sufrir un calor sahariano. En cuanto a la ascensión al Toubkal, en invierno podemos encontrar nieve abundante y realizar esquí de travesía e incluso escalada de cascadas de hielo, en primavera (por ejemplo, Semana Santa) puede ser un buen momento para evitarnos una buena parte de los caos de piedra a partir del refugio y que todavía conservan la nieve, y otoño puede ser un buen momento para evitar el calor del verano y realizar una ascensión casi en soledad.

Otras alternativas con base en Imlil pueden ser una travesía completa del macizo de una duración entre 8 y 10 días que incluiría entre otras cosas la ascensión al Toubkal, la visita al lago de Ifni, etc. Y un poco más montañera, la travesía entre los refugios Lepiney y Neltner, y la ascensión a algunos de los cuatromiles del macizo.

* Jebel Toukal es un homenaje póstumo a Fernándo Cárcamo, que falleció el pasado 30 de julio en un trágico accidente en el Collado de Chía, en Los Pirineos. Me lo envió el pasado año para otra publicación que nunca vio la luz y creo que es el mejor momento para que podais leerlo. La primera foto es de hace unos días en Mont Blanc y el resto del año pasado en Marruecos. De Fernando me quedan sus imágenes en la cima de las montañas. “Tú sí que has llegado alto, Fernando”.