Nada es como antes…

Publicado: mayo 12, 2008 en Y DIGO YO...

Últimamente me ha dado por ser más crítica… a lo mejor es porque los años de lectora compulsiva me han enseñado a leer con otros ojos o será la experiencia y que ya no dudo si debo o no debo decir lo que pienso. Sencillamente he aprendido a decirlo de otra forma… y entre tanto, me ha dado por analizar más lo que escribe mi “admirado” Pérez Reverte que esta semana vuelve a dejarme de piedra con su articulo “Hombres como los de antes“.
Menos mal que con los años he aprendido también a leerle entre líneas y intuir entre sus frases cuanto de verdad y cuanto de “licencia de autor” hay en ellas (cualquiera que empuñe una pluma -o teclado-, tarde o temprano mezcla fantasía y realidad en lo que escribe) y en esta ocasión le leo con una sonrisa mientras pienso que ya quisiera él que una “torda canónica, segura y brava“, como María en su artículo, le “asaltara” con esa claridad de ideas e hilvanara ese discurso trascendental que le atribuye…

De hecho, dicen las buenas lenguas que Arturo, con los años y las listas de superventas se ha vuelto un poco esquivo con el “pueblo llano” y un tanto “inabordable”… que no lo digo yo, pero que dicen… Y tampoco es por criticar al susodicho, que bastante tiene ya con el sambenito de ser un “escritor de moda” pero eso de atribuir a una señora una parrafada tan repetida por el propio autor, como queriendo decir por boca de otros, no me ha gustado demasiado.

Coincido, eso sí, en que los hombres de ahora no son como los de antes y que él mismo pertenece a una generación de caballeros (eso no significa que todos lo fueran) en vías de extinción de los que sabían como tratar de verdad a una mujer y de los cuales aún quedan aunque cada vez menos, pero tampoco eran todos Humprey Bogart ni ellas se parecían todas a Lauren Bacall. Había de todo, como en botica, porque en “aquel entonces” la mayoría no tenía poder adquisitivo suficiente como para ser tan guapas como las del cine y a los que nos ha tocado vivir esta otra época sólo nos queda admirar las películas en blanco y negro y los finales inolvidables como el de “Siempre nos quedará París…”
Luego está la cuestión de que los tiempos cambian y con ellos las personas y si el señor Reverte tuviese descendencia masculina posiblemente le acompañaría a comprar gorras de béisbol, calzoncillos Calvin Klein y camisetas estilo NYC y se pasearía orgulloso con su vástago por mitad de la Castellana y es que no hay nada como poder vivir de hacer ejercicios mentales y que encima te paguen.

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