Camino a Santiago: Etapa 20 (14-03-2007): Reliegos-León (24,6 km)

Publicado: abril 22, 2007 en OTROS DICEN...
Autor: F. Cárcamo.

Llegamos al tercer día o etapa bisagra: la que podría ser una gran etapa, queda reducida a una más “normal” porque ayer avanzamos unos cuentos kms desde Burgo Ranero y porque hoy pretendemos hacer con vehículo los últimos kms que preceden a León y que están rodeados de polígonos industriales, trafico, etc.

Salimos de Reliegos en una clara y fresca mañana (2ºC). Nada más ponernos en marcha, en el grupo de plantea una apuesta sobre cuanto tiempo va a tardar “el kazajo” en ponerse a tirar en cabeza: las opciones para apostar van del minuto a los 3 minutos… y ganó el que apostó que tardaría 1 minuto.

Un cartel nos anuncia que estamos a 1 legua de Mansilla (unos 5 kms), a donde llegamos a través de un agradable andador. Salimos del pueblo por un antiguo puente de piedra que soporta un intenso tráfico regulado semafóricamente, y enseguida hacemos la parada reglamentaria para almorzar.

Hasta el Puente de Villarente, y pasando por Villamoros, un nuevo andadero paralelo a la carretera nacional evita el asfalto, pero no puede impedir los ruidos y humos de coches y camiones. Villarente es una larguísima área de servicios con bares, restaurantes, hostales y gasolineras a lo largo de la N-601 que soporta un intenso tráfico. Lo más destacable es un curioso puente de 20 ojos, en curva y que salva el río Porma: se dice que fueron los romanos los que con la ayuda de los esclavos astures capturados durante las guerras construyeron el primer puente sobre el río Porma, aunque no exista documentación escrita de ello. Lo cierto es que su origen es medieval, que aparece citado en muchas guías de aquella época y fue uno de los pasos más importantes de la ruta en siglos pasados. Aquí levantó el arcediano de Triacastela un hospital de peregrinos que contó con una innovación; una mula para trasladar a los peregrinos enfermos a León, a 15 kms. Primera “ambulancia” documentada en el Camino y antecedente de los coches de atención y apoyo al peregrino que facilitan en la actualidad diversas administraciones autonómicas.

A la salida de Villarente, y tras dejar las últimas casas, a la derecha las flechas amarillas nos llevan a un camino agrícola que se va alejando de la carretera nacional. Comenzamos a ver carteles del Camino con un león vestido de peregrino. De esta forma llegamos a Arcahueja, donde hay una agradable área de descanso, con bancos, fuente y una zona techada. Poco más adelante está Valdelafuente, con una ermita y una fuente. Deberíamos coronar el alto del Portillo, pero eso nos haría meternos en el corredor industrial, por lo que ya tenemos preparados los coches de apoyo que nos van a llevar al albergue de León (o, al menos, lo van a intentar). La furgoneta ha servido también para recuperar las gafas que Mariano se había dejado en Villarente, o la gorra de Roberto en la fuente de Arcahueja.

León es la cuarta ciudad en que nos topamos en el Camino. Tuvo su origen en un campamento romano allá por el año 70 de nuestra era. Importante ciudad romana que en el año 717 fue conquistada por los árabes por primera vez, luego en el 987 Almanzor la volvería a arrasar. Durante el siglo X fue la ciudad más importante del reino cristiano. Sus joyas arquitectónicas son innumerables: la Catedral (siglos XII-XIII) es de estilo gótico inspirada en la catedral de Reims (Francia) El interior de la catedral es grandioso, lleno de armonía gótica, y tiene más de 115 ventanas y tres grandes rosetones (las vidrieras son una joya y con sol resultan espectaculares).

La Real Basílica de San Isidoro es uno de los grandes tesoros del románico español, está coronada por una torre cuadrada y tiene tres naves; panteón de más de 20 reyes, llamada Capilla Sixtina del románico por los frescos del XII que adornan sus bóvedas. El Hostal de San Marcos es un edificio plateresco bellísimo, el Ayuntamiento Viejo tiene una fachada barroca, el Palacio de los Guzmanes posee un magnífico patio. ¡Necesitaríamos una crónica aparte sólo para León!.

Volvamos a la realidad y a dos furgonetas que entran en León y que pretenden llegar al albergue de las Carbajalas, en pleno casco histórico y…. semipeatonal, lo que implica que nos vamos a tropezar con calles cerradas donde menos lo pensemos, direcciones prohibidas, plazas donde damos más de un giro, etc, y todo ello con Jesús pegado como un sello a la furgoneta cabecera. Al final terminamos en una calle sin salida, o con salida pero guardada por unos pirulos que solo se bajan si tienes la tarjeta de acceso; en pleno atasco aparecen unos policías municipales que nos dan el consejo lógico para peregrinos: “aparquen las furgonetas y vayan andando al albergue”.

Mal que bien, conseguimos llegar al albergue regentado por las monjas Carbajalas donde nos atiende con tremenda cordial Pilar, hospitalera en Astorga. El albergue dispone de 152 apretadas plazas en literas distribuidas en habitaciones separadas por sexos; como todavía no han llegado muchos peregrinos, vamos haciéndonos con las literas inferiores. No hay cocina y sí un minúsculo comedor con una bien surtida biblioteca. Pero lo mejor de todo es que hemos conseguido traer los vehículos hasta el albergue.

Comemos en el restaurante “Dos de mayo”, visitamos la catedral y San Isidoro, y después cada uno da un uso distinto a su tiempo libre: Gallego y Roberto a Internet, Fernando va al albergue y charla con sor Ana Maria y consigue por 30 euros una habitación doble que va a compartir con Roberto (finalmente, Roberto debe regresar urgentemente a Zaragoza y su puesto será ocupado por Santafé).

El día finaliza con la asistencia de todos nosotros (incluidos los “rojos”) al último oficio litúrgico del día: Completas. Previamente nos dan las correspondientes explicaciones e instrucciones y entramos en una iglesia vacía; poco después, comienza a aparecer las monjas que se van sentando en sus sitios, perpendicularmente al altar. Todo culmina con el canto del Salve Regina (gran mezcla de voces monjiles con nuestras voces varoniles) y con la bendición a todos los asistentes. Ha sido una experiencia que va a pasar factura a algunos peregrinos en las fiestas de Huesca (deberán asistir a las Completas con su santa esposa…je, je).

La noche es plácida para los que dormimos en habitación y un poco más agitada para los del dormitorio común.

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