Camino a Santiago: Etapa 19 (13-03-2007): Sahagún-Reliegos (30,6 km)

Publicado: abril 22, 2007 en OTROS DICEN...
Autor: F. Cárcamo.

La etapa teórica (la que viene en casi todas las guías sea en papel sea en Internet) sería Sahagún-El Brugo Ranero de 18 kms. Sería una etapa corta y de transición: 18 kilómetros de ligera subida y sin grandes dificultades a no ser que vengan dadas por la climatología. No hay sombras y el camino transcurre por un cómodo andadero. La mejor opción es tomárselo con calma y reservar fuerzas.

Pero si hiciésemos lo habitual, la siguiente etapa sería de 36 kms si quisiéramos llegar a León; como León bien se merece que le dediquemos el tiempo suficiente para visitar sus calles y monumentos, vamos a alargar la etapa de hoy hasta Reliegos y de esa forma podremos llegar a comer a León la próxima etapa.

Amanece en Sahagún y desayunamos en el hostal frente al albergue (dichoso frío). Como el día anterior no había tenido luz suficiente para fotografiar las iglesias de San Tirso y de San Lorenzo, me separo del grupo y espero unos minutos a que los primeros rayos de sol den sobre las torres de las iglesias; mientras, José Luis y Jesús andan buscando una panadería.

La salida de Sahún la hago por el Puente de Canto, construido en 1085 por orden de Alfonso VI. En la chopera de la derecha sitúa la leyenda la supuesta batalla entre el rey moro Aigolando y Carlomagno, en la que perecieron 40.000 combatientes ni más ni menos. La fábula añade también que la noche anterior a la batalla, las lanzas de los cristianos que iban a morir en combate florecieron, “adornadas con cortezas y frondosas ramas”; cortadas las lanzas dieron origen a la chopera que cubre el lugar.

El resto del grupo ha salido disparado y voy a caminar más de una hora en soledad y en silencio. Hasta me permito el lujo de salir del camino y hacerle unas fotos a la pequeña laguna de Valdemolgate, refugio de algunos patos. El terreno reseco, sediento, polvoriento que atravesamos en verano no nos permite imaginar que su sustrato arcilloso provoque que las lluvias de otoño se acumulen formando lagunillas habitadas por garzas, ánades reales y fochas, o por avefrías en invierno.

Antes del cruce a Calzada del Coto, (coto porque en esta localidad usufructuaron los monjes de San Facundo de Sahagún una dehesa de encinas para alimento de sus gorrinos) donde hay una marquesina y se ha habilitado un panel informativo, tiene dos alternativas: una por la antigua Vía Trajana (ruta jacobea original) que pasa por la hospitalaria Calzadilla de los Hermanillos y la otra por el moderno Camino Real Francés de 31 kilómetros de extensión. No hay pérdida ninguna con cualquiera de las dos opciones, ambas van a confluir en Mansilla de las Mulas. Como no tengo claro cual es la opción que han elegido, llamo a Gallego que me confirma que han elegido el camino moderno y que están muy cerca y a punto de almorzar.

En el tramo moderno la Junta de Castilla-León ha habilitado una calzada especial de gravilla, rodeada de zonas de descanso y donde cada nueve metros se ha plantado un árbol para cobijar del tórrido sol a los peregrinos. A pesar de la comodidad nada que ver con el encanto que supone pasear por la calzada romana. Y es que el antiguo itinerario atraviesa una dehesa de encinas, transcurre por robledales y antes de poner pie en Calzadilla de los Hermanillos, donde espera el albergue, el peregrino puede aliviar la sed en la fuente en honor al peregrino, construida por los vecinos de Valdelocajo en 1989. Aquí, en el término de Valdelocajo, debió de tener lugar el conocido episodio del peregrino devorado por los lobos “…partimos hacia Brunello (Burgo Ranero), situado a cuatro leguas; Más recorridas tres aproximadamente, dimos con un peregrino muerto y llegaron dos lobos que comenzaron a devorar aquel cuerpo; Les hicimos huir y continuamos hacia Brunello, y llegados a la tarde, fuimos a buscar un capellán para que fuese a levantar el cadáver…..” y que cuenta Domenico Laffi en su Viaggio a San Giacomo, uno de los ilustres peregrinos que comenzaron la moda de las guías a Santiago de Compostela; antes el clérigo Aymeric Picaud había relatado en latín en 1130 lo que se conoce como la primera guía turística europea, el Liber

El almuerzo lo vamos a hacer en un área de descaso junto la ermita de la Virgen de Perales, llamada popularmente la Perala y de gran devoción por estas tierras. El hornillo de butano no termina de funcionar bien y el dúo Gallego-Santafé intenta desatascar el conducto del gas pero sin resultado. Lo que sí resulta es tener a José Luis de responsable de intendencia porque hoy ya tenemos unas pastas para finalizar el almuerzo.

Nos ponemos en marcha porque por delante tenemos 8kms hasta El Burgo Ranero por rectas interminables flanqueadas por plataneros que en verano quizás den algo de sombra. A nuestra izquierda (sur) de despereza una llanura infinita, y hacia el norte vemos próximas las cimas nevadas de la Cordillera Cantábrica.

En ese entorno se va a poner continuación al “¡basta ya!” de Gallego de la anterior jornada: el presi se ve obligado a parar y a internarse en un maizal para liberarse de una pesada (y maloliente) carga mientras algún desalmado le tira piedras para dificultar la tarea; cuando termina, ve las cosas de diferente manera y firmará con Donato y Santafé lo que ya es conocida como “Paz de El Burgo Ranero”. Una fotografía inmortaliza el momento.

Y es que la monotonía de esta parte del Camino da para muchas conversaciones, algún silencio, y también para ilusiones ópticas como la que sufre Mariano que a más de 5km de distancia identifica con claridad un cartel de gasolinera Repsol; cuando lleguemos a El Burgo, la realidad demostrará que de Repsol nada de nada, aunque él se defiende afirmado que el cartel de Hotel tiene colores parecidos a los de Repsol.

Perdido en la llanura, Burgo Ranero ofrece calidez y varios servicios para un final de etapa. El nombre de la localidad viene de la actividad a la que se dedicaban sus primeros habitantes, a coger ranas de sus lagunas para abastecer a los monjes benedictinos de la abadía de Sahagún. Por su trazado y por su nombre remite a la peregrinación, su única calle se llamó Camino Francés, ahora es la calle Mayor. Su iglesia dedicada a San Pedro, guardaba una hermosa talla románica de la Virgen, hoy en el Museo Catedralicio de León. Localidad típica de Tierra de Campos, donde la arquitectura tradicional, el adobe y el tapial se ven muy bien reflejados en el pueblo, con sus palomares, casetas de los huertos y pozos, corrales de ganado, patios de viviendas, y fachadas de barro.

Son casi la una del mediodía y este podría ser un buen sitio para parar a tomar una cerveza y dar tiempo para poder comer y después continuar hasta Mansilla. Pero se impone la opinión de los que creen que tenemos tiempo de sobras para poder llegar a comer a Reliegos… ¡a 12,8 km de distancia!. Ponemos de nuevo en marcha la máquina de dar pasos y enfilamos el andador.

Fernando pone el turbo y se adelanta unos cuantos metros al ultimo pelotón en el que, sorprendentemente, camina Gallego. Cuando se detiene a echar un trago de agua, Fernando se da cuenta que ha estado caminando con la mochila abierta (¿desde dónde?) y que ha perdido el estuche con las gafas; llamada a Gallego para que estén atentos, y devolución de la llamada pocos minutos después para informar que han encontrado el estuche pero que las gafas están rotas: ¡que le vamos a hacer!.

Mientras tanto, los conductores han visto que no era posible comer en Reliegos y reservan mesa en Mansilla de las Mulas, 6kms más alejada. Como no ven claro que seamos capaces de llegar a tiempo, vienen en nuestra búsqueda con la furgoneta cuando estamos a unos 2kms de Reliegos. Gallego da a Fernando el estuche de las gafas y en su interior, ante la incredulidad de Fernando, solo aparece un cristal roto pero de una gafa de sol.

El albergue de Reliegos es sencillo pero está limpio; tiene dos dormitorios con literas y unos jergones un poco blandos, y una cocina equipada y con un amplio comedor. Las duchas son escasas (solo 3) y están en la planta baja. En cuanto a Reliegos, localidad de 300 habitantes, pasaba la gran arteria romana Burdeos-Astorga y después pasó el Real Camino Francés. Las cuevas de la entrada son antiguas bodegas, que ya nadie usa porque la gente se dedica al cereal. La iglesia parroquial esta dedicada conjuntamente al Papa San Cornelio y al Obispo de Cartago San Cipriano, ambos preclaros personajes de la Iglesia Cristiana del siglo III.

Ducha rápida y, como ya he adelantado, nos vamos a comer a Casa Marcelo, en Mansilla. La comida está bien aunque las lentejas pican y los callos…. ¡uff!. A los postres, aprovechamos los objetos que hay en una vitrina y hacemos algunas fotos de esas tontas pero que al verlas hacen esbozar una sonrisa.

La tarde la dedicamos a visitar una de las joyas del arte leonés: el monasterio mozárabe -levantado por monjes cordobeses- de San Miguel de Escalada (siglo X), a unos 15 kms de Mansilla. Al regreso paseamos por las calles de Mansilla de las Mulas, ciudad amurallada (siglo XII) sobre el río Esla. Perteneció al condado de Benavente hasta 1594. De sus siete iglesias, dos conventos y tres hospitales cuando era un importante centro comercial y ganadero (de ahí el apelativo de las Mulas) sólo quedan dos templos en uso: la iglesia parroquial de Santa María (s. XVI) y la ermita de Nuestra Señora de Gracia. El Arco de la Concepción es el único de los cuatro que quedan para entrar en la villa. A esta localidad está asociada una de las figuras más pintorescas de la literatura del Siglo de Oro español, la “pícara” Justina, de la conocida novela publicada en 1605 en Medina del Campo, y que abre posada en Mansilla.

La cena sí que la vamos a efectuar en el albergue, para alegría de José Luis que puede dar rienda a sus instintos compradores: unos macarrones con tomate, unos platos con lechuga, tomate y cebolla, y ¡por fin! una tarta para postre. Todo ello regado con algo de vino y con la famosa mezcla de zumo-cava que tanto gusta a algunos peregrinos.

A la hora de dormir, algunos preferimos pasar una noche tranquila y, aprovechando que todo el albergue es para nosotros, nos cambiamos de habitación; incluso hay alguien que para evitar el ruido y la blandura del jergón, se va a un rincón y duerme sobre 2 colchones que ha puesto en el suelo. De esta forma, la noche va a ser plácida, aunque el frío haga que no asomemos del saco ni la punta de la nariz.

Hemos cubierto otra etapa del Camino.

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