Todo el mundo ha visto alguna vez “El jardín de las delicias” de El Bosco. Muchos han tenido la suerte de estar frente al tríptico y sentirse apabullado por su magnitud simbólica. Otros la han visto reproducida hasta la saciedad en láminas y libros de arte. Recientemente incluso, algunos, pudieron profundizar en los múltiples estudios y significados de su enigmática obra coincidiendo con la exposición que presentó el Prado en su “V Centenario”.

Sobre “El jardín de las delicias” hay estudios de todo tipo, que van desde lo artístico hasta lo psicoanalítico. Teorías, estudios, tesis y libros escritos para tratar de entender todos sus recovecos. Incluso eruditos que han tratado de interpretar la extraña partitura que aparece en una de sus tablas, afirmando poder reproducir la melodía dibujada en las nalgas de uno de los personajes.

Se convierte así, en uno de los cuadros que más expectación ha despertado en nuestros días, no sólo entre estudiosos del arte, sino también entre los de otras disciplinas. En este contexto, el de la enorme fascinación que despierta el tríptico, Producciones Imperdibles presentan una propuesta musical que invita a la observación del detalle, a la reflexión sobre cada pincelada.

Dividiendo el concierto-representación en tres partes (simbolizadas también en tres velas que se van encendiendo paulatinamente) nos muestran cada uno de los rincones, imágenes, personajes, toda la mitología y todo lo onírico que El Bosco depositó en su trabajo más extraño y simbólico.

La música, en la que una base lanzada al aire da pie al acompañamiento de teclados, instrumentos de viento, percusiones y efectos, compone en directo una melodía de acompañamiento para guiarnos a través de nuestros pensamientos y todo lo que nos sugieren las escenas del cuadro.

Resulta curioso cómo, al aislarlas, la mente intenta crear, paralelamente a la melodía que escucha, o apoyándose en ella, una historia, una explicación, un pensamiento que conectar con el resto de pensamientos que van y vienen mientras la oscuridad ampara la escenografía intimista que ocupa el teatro.

 

Una proyección, unos cuantos elementos adicionales y la música como hilo conductor no de algo que sucede ante nosotros, sino de lo que sucede dentro de la mente de cada uno de los que asiste a la función.

Una hora para pensar, desconectar, admirar, disfrutar y escuchar con la mente abierta pero en blanco. Como un lienzo sobre el que escribir, cada uno, su propio paisaje sonoro, alquímico, poético, herético. Un camino entre la música y la pintura para descender a nuestros propios infiernos.

Crónica y fotos: María Villa

Depedro en Industrial Copera

Llegó con“El Pasajero”, en una noche donde era difícil elegir dónde ir en Granada, por lo mucho y lo bueno de la siempre bien nutrida oferta musical de esta ciudad.

Pero llegó respaldado por un discazo, su último trabajo, y toda una carrera musical que, como un viaje, emprendió hace ya más de veintidós años, con La vacazul para seguir, siempre por la senda del éxito, trabajando con Amparanoia, Los Coronas y finalmente Calexico.

Pero su viaje, ese en el que él debía ser el pasajero protagonista, era sin dudas su proyecto personal, Depedro, un “alter ego” a medida con el que Jairo Zavala se siente a gusto para dar rienda suelta a todo el potencial creativo que le desborda.

Compositor brillante, cantante talentoso y sobre todo “un hombre bueno”, características que son imprescindibles, junto a la humildad que destila cuando se dirige al público, para alcanzar el éxito.

Depedro en Industrial Copera

Un éxito que no es sólo nacional, sino que le avala por todos los países (que no son pocos) donde edita sus discos y si bien, los de habla hispana le tienen especial cariño, el resto no se quedan a la zaga a la hora de rendirse a la evidencia.

Depedro es uno de los mejores artistas nacionales de la actualidad musical, uno de los más completos y quizás el que más potencial creativo está exhibiendo en estos momentos.

“El pasajero” es un disco que viene a corroborar la admiración que muchos sentimos hacia él, un disco que atraviesa fronteras humanas y terrestres, que toca la patata, vamos.

El sábado, en Industrial Copera, con una producción impecable, apuesta personal de una sala que ha sabido reinventarse y sacar el máximo provecho a lo que tiene, se presentó con una fuerza ciclogenética.

Sin medias tintas.

Depedro en Industrial Copera

Antes que él, dignos teloneros de lo que se nos venía después, los granadinos SUE caldearon el ambiente a base de ese rock hecho a conciencia, por buenos músicos y con buenas canciones.

Es, sin dudas, una de mis debilidades personales en cuanto a música local, no sólo por la enorme calidad de sus intérpretes, sino por su capacidad y perseverancia en un panorama que no siempre sabe apreciar y agradecer lo que tiene en la ciudad.

Directos, impecables y con un gran sonido que les hizo lucirse especialmente, SUE fueron el prólogo perfecto de la noche.

Podríamos decir que Depedro, sin apenas hacer esperar al público, cada vez más nutrido en Industrial Copera, se lanzó al escenario y lo hizo, con uno de sus grandes temas, si es que pudiéramos decir que alguno no lo sea.

Primeros acordes de “Como el viento” y una exclamación colectiva, un “ohhhhh” que se repetiría con constancia en muchas ocasiones según Jairo Zavala iba presentando temas.

A partir de ahí, una carta a los reyes magos atendida de principio a fin, dudo que alguno de los presentes se quedase con ganas de escuchar el que considere su tema favorito.

Depedro en Industrial Copera

Un repaso a todos sus trabajos, sin excepción, con “¿Hay algo ahí?”, “Nubes de papel”, “Hombre bueno” (uno de mis favoritos), vuelta al último disco con “D.F.”, tema en el que introdujo un final ‘a la veracruzana’, “Tu mediodía”, “Diciembre” (otro de mis preferidos) y llegados a ese punto todo el mundo tenía claro que la noche no podía ser más apoteósica.

Con un público que cantó, bailó y se emocionó a partes iguales con su capacidad de comunicarse con los presentes, sus anécdotas, sus pequeños olvidos en “La memoria”, su viaje por la “Panamericana” y “Ser valiente” para terminar, o hacer como se termina, con su emocionante versión de “Llorona” que a más de uno le hizo saltar las lágrimas.

Una salida del escenario musicalizada, dejando al público cantando el último estribillo para reclamar su vuelta a escena, esta vez él sólo con su acústica, para dejarnos dos temas cantados con suavidad y cercanía.

Uno de ellos “Miguelito”, utilizado para dar entrada al resto de músicos y esta vez ya sí, el final tenía que llegar en un momento u otro y tenía que estar a la altura del mejor concierto que he visto en la ciudad en lo que va de año.

Antes de irse, un alegato, una petición, para que se dejen entrar niños en las salas (eso también me tocó mucho la patata).

Y así, entre la emoción general y las ganas de no-irse, sonaban “Casa de sal” y “Comanche”, a modo de despedida, o de hasta luego. Quién sabe. Ojalá sea lo segundo y le veamos pronto, de nuevo, en Granada.

Crónica y fotos: María Villa

Más fotos (de Fran Ortiz Retratista) en INDUSTRIAL COPERA

Monkey Week Planta Baja

Si el concierto comienza con un “Monkey Week presenta”, los que hayan pasado año tras año por el Puerto de Santa María (al que ojalá vuelva este festival alguna vez) o el pasado año por Sevilla, saben que lo que viene detrás puede ser como mínimo impactante.

No es Monkey Week un festival al uso, de esos de bandas consagradas que se repiten en todos los carteles hasta la saciedad, sino un escaparate, un laboratorio o campo de ensayo donde, como su lema suele recordar “ven a ver hoy las bandas del mañana”.

Ahora, Monkey Week amplía su calendario y fronteras y se pasea por nuestra geografía, ofreciendo una serie de conciertos que beben de las fuentes de esa filosofía de lo novedoso y sorprendente, sin dejar de lado la gran calidad que supone el sello MW y la gran oportunidad para los curiosos que recorremos salas para descubrir nuevos valores.

Todo esto, de manos de 1Molar Producciones, que se están currando un pedazo de eventos increíbles. El viernes, en Granada, fue el turno de El lobo en tu puerta, Chochos y moscas y Gentemayor, con el denominador común de su procedencia gaditana.

Monkey Week Planta Baja

Los primeros en salir a escena, con puntualidad granadina, los chiclaneros El lobo en tu puerta con un Lo-Fi Hard Blues (según ellos mismos) aunque en mi opinión sonaba como un punk-blues absolutamente rabioso y brutal . Despedía tanta fuerza que mantuvo, durante su actuación, ese “cerco” que se traza como con goniómetro para que nadie se meta dentro del semicírculo que “protege” el escenario en algunos conciertos. ‘Acojonáos’ que nos tenía.

Lo dieron todo, con una energía y un desparpajo sobre el escenario que invitaba a unos tímidos pogos, que no se terminaban de formar, a pesar de que el cantante se bajó del escenario, empujó hasta al fotógrafo y provocó hasta la saciedad a un público que quería, pero no terminaba de lanzarse a la acción.Tremendos, no los perdáis de vista porque es uno de esos grupos que hay que seguir de cerca.

Tras ellos, un ¿grupo? ¿comparsa? ¿agrupación carnavalera? Como decía un chaval entre el público “No sé qué es lo que acaba de pasar ahí arriba, pero he flipado con ellos”.

Monkey Week Planta Baja

Ellos eran Chochos y moscas, un “grupo” de grindcore express, por intentar definir lo indefinible.

Con “temas” de menos de 15 segundos, una estética que parecía sacada de lo más cutre y casposo del carnaval de Cádiz y, si trato de explicar que justamente eso es lo que les hace cojonudos lo voy a tener difícil, por lo contradictorio de la propia afirmación.

Monkey Week Planta Baja

La definición que acabo de dar puede hacer pensar que no me gustaron, pero ver al trío, con ese “tipo” (juzguen ustedes mismos) inspirado en los romanceros gaditanos, con batería tipo rock band (el guitar hero para bateras), cantando letras sobre las croquetas congelás y pidiéndole a Rafael que bajase ya (Falling Down) fue de lo más desternillante que he presenciado en años.

Imprescindibles, todavía me estoy riendo con los vídeos y espero volver a encontrármelos sobre los escenarios. Escuchad su bandcamp, en menos de 2 minutos podéis oír sus cuatro últimos discos.

Monkey Week Planta Baja

Para cerrar la noche, los también gaditanos Gentemayor, con un alternative experimental rock hardcore noise rock punk electrónico al que también resulta imposible ponerle etiquetas. La noche iba de eso, de grupos que se salen de cualquier intento de encasillarles.

Ellos, como buenos gaditanos, debieron pensar un día que para qué usar un doble bombo si se pueden meter dos baterías completas. Y claro ¿quién dijo miedo? Como no sea a la hora de cargar y descargar backline ellos no ven problema alguno al contundente formato.

Pero claro, tampoco son dos batería cualquiera, ni las guitarras, ni teclados, ni sintes, son cualquier cosa, todo forma parte de un complot para destruir el pop y realmente son armas de destrucción masiva de algún servicio secreto, porque hablar de contundencia es quedarse tan corto que sólo hay que contar que, por primera vez, he visto cerrar las dobles puestas que aíslan la parte inferior del Planta. Brutales.

Monkey Week Planta Baja

Aún me duele el cuello de moverlo tratando de seguir el ritmo marcado por una banda que nace “tras un concierto de Lisabö en el que Rafa Camisón (GAS Drummers, The Ships…) y Antonio Pérez (Hand of Fatima, 8th of September), tuvieron un cruce de miradas cómplices, íntimas y eróticas que fraguarían lo que iba a ser la semilla del grupo GENTEMAYOR.

Tras duras negociaciones se unieron al proyecto Manuel Gallardo (Hand of Fatima, Inertia…) a la bateria y Andrés Trujillo (Kill Kill, The Crrrrrr!!!, Hyper Talbot…) al bajo; éste último pasó a encargarse de voces extras y sintetizadores, y entró a formar parte del proyecto Borja Aguilera (The Shooters, Bafles) como bajista.

Para finalizar la formación, Pedro Perles (Leda 3, Perlita, Paco Loco Trio)” Todo lo cual recogemos de su biografía, que esperamos esté actualizada, para no recibir correos, tras la publicación de éste, diciendo que tal o cual músico ya no está en la banda desde hace tres años.

No sé, demasiado brutal todo como para hacer una crónica al uso, mejor que sigáis a las bandas, escuchéis sus Bandcamp, compréis sus discos y saquéis entradas para el próximo concierto donde toquen. Es la única manera.

Crónica: María Villa

Fotos: J.M. Grimaldi

 

Mäbu presenta “Buenaventura” en La Sala

Mäbu presenta “Buenaventura” en La Sala

Quizás Mäbu no sea un artista de masas. Ni falta que le hace, como ella misma decía al dirigirse al público tras los primeros temas de su repertorio, no estábamos muchos, pero sí los más inteligentes. Tampoco podemos decir que no hubiera gente, La Sala es un sitio donde rápidamente se consigue dar ambiente a cualquier concierto.Para dar ambiente y calidez sólo hizo falta que María Blanco apareciera en escena, derrochando simpatía y buen hacer.

Venía, en formato reducido, acompañada de su guitarra y de Txarlie Solano (con una de las colecciones de guitarras eléctricas más llamativas que he visto últimamente por aquí) y una enorme dosis de amor y “Buenaventura”.

Porque precisamente, venían presentando ese último trabajo, el tercero de este grupo bilbaíno afincado en Madrid. Un trabajo que hay que escuchar con tranquilidad para tomar conciencia de todos los matices y el gran trabajo de producción en el que se han cuidado los detalles para darle toda la belleza a cada uno de los temas que lo componen.

Mäbu presenta “Buenaventura” en La Sala

Antes de que ellos, Lena Carrilero hacía los honores de abrir una noche llena de buenas voces y buen ambiente mientras explicaba al público que, tras años de giras y salas donde los cantautores llegan a sentirse como en casa, está grabando un trabajo que precisamente produce Txarlie Solano. Suponemos, a la vista de lo que pudimos escuchar anoche, que con tan buen gusto como hace con su proyecto personal, Mäbu.

Tras ella, ambos componentes de la banda entraban directamente con “Fantasmas”, el tema que abre el LP que venían presentando. A partir de ahí resulta casi reiterativo hablar de las bondades de una de las voces más bonitas y carismáticas del panorama nacional actual.

Ya no hablamos sólo de una interpretación impecable, tanto por parte de María como de Txarlie, un músico capaz de ser protagonista en segundo plano, sino de una gran capacidad de comunicación con el público, que se metió de lleno en los temas, acompañó con palmas y cantó estribillos con ellos.

Mäbu presenta “Buenaventura” en La Sala

No faltaron tampoco temas de trabajos anteriores (aunque no sonó uno de los que hizo más conocida a la banda, “Con mi voz”, fuera de repertorio hace un tiempo) entre ellos “A solas”, “Caimán” o “Quédate a dormir” que iban sonando entre los nuevos “Los viajes de Sam”, “Los amantes”, “Cara triste”, esta vez sin Vega, que la acompaña en el LP o “La locura” que cuenta con la colaboración de Rayden en este trabajo.

Fue sin embargo, el momento en el que María Blanco versionó “Yo no soy esa” de Mari Trini, cuando el público de más edad (que no mayor) coreó con ímpetu uno de los temas más emblemáticos de la ya desaparecida artista murciana.

Mäbu presenta “Buenaventura” en La Sala

Intercalando los temas con simpáticas explicaciones de su andadura musical, de sus discos, de los temas que incluyen, de las cosas que siente y de su agradecimiento porque la gente vaya a conciertos en directo y apoyen de esta forma que se sigan haciendo eventos.

Entre los temas finales (no hubo bises pero se aprovechó hasta el último minuto de concierto) la colaboración de Lena Carrilero supuso un interesante contraste vocal entre ambas artistas. No sé si faltó más gente arropándola, tampoco se echaba de menos más público. De hecho, en Granada, he tenido el lujo de ver ya varios grandes conciertos con una discreta presencia de gente.

Lo que sí está claro es que quienes estábamos allí lo hicimos sabiendo que esta chica tiene mucho que aportar y mucho que decir en la música.Me considero afortunada de haber estado allí y poder contároslo.

Crónica: Isabel Alonso

Fotos: María Villa

Vita Insomne “Relaxing cup” acústico en Mimimi

Vita Insomne “Relaxing cup” acústico en Mimimi

La oferta cultural granadina se amplía por días, casi podríamos decir por momentos y, esta vez, es Mimimi, un local que lleva poco tiempo abierto en la ciudad y que podríamos describir como bar-cafetería-sala de juegos-terraza cubierta o sencillamente como un #lugarespecialparadisfrutardelavida quienes han apostado por poner su pequeño granito de avena (ellos son muy veganos y naturales) programando un “Relaxing cup con….” en el que han contado con la actuación en acústico del grupo granadino Vita Insomne.

Aún en plena presentación de #astrorutina, con un lleno que arropó y acompañó a los dos miembros del grupo que se encargaron de interpretar los temas, Fernando Cuesta (voz, acústica y ukelele) y Víctor Alonso (guitarra eléctrica), el grupo trató de conectar con la filosofía del sitio y ofreció un show sencillo, directo y comunicativo, con un público que pudo escuchar las breves pero esclarecedoras explicaciones sobre el disco y sus canciones.

Vita Insomne “Relaxing cup” acústico en Mimimi

El sitio, que además de este primer (y esperemos que no último) acústico ofrece otras actividades como “El club de los ecolocos”, en el que debaten temas de interés general, ha optado por un modelo de restauración basado en lo ecológico, natural y el comercio justo, lo cual hace el maridaje perfecto para un encuentro musical de estas características.

El grupo, además de presentar sus canciones, interpretó alguna versión (cada vez menos presentes en su repertorio pero recuperadas para la ocasión) y consiguieron crear un ambiente distendido y cercano con el público a base de frescura y cercanía, dos características que definen perfectamente a un grupo que, a pesar de su juventud, tienen muy claro qué es lo que quieren hacer con respecto a la música.

Vita Insomne “Relaxing cup” acústico en Mimimi

Y lo que quieren es sencillamente ser ellos mismos, experimentar y conjugar diversos elementos presentes en el rock y el indie dándoles un toque personal que les distancia del sonido general que suele escucharse en la ciudad.

Aunque es de justicia decir que últimamente están apareciendo algunos grupos que optan por salirse del mencionado “sonido Granada” para buscar su propia personalidad musical y Vita Insomne son uno de ellos.

Celia y Marc (Mimimi) lo tienen claro, si se puede hacer distinto ¿por qué no intentarlo?

Fotos: FOL CONTRERAS

Luar na Lubre traen una lluvia de música desde Santiago a Atarfe

Hace treinta años, la formación galego/celta encabezada por Beito Romero empezaba a dejar su impronta dentro y fuera de Galicia. El grupo, que se formó en 1986 ha grabado desde entonces nada menos que doce álbumes y un recopilatorio, que presentan en estos momentos, con lo más representativo de su longeva carrera.

En aquel entonces, fue Ana Espinosa quien puso la voz a los temas no instrumentales y la formación, que ha tenido bastantes cambios en estos años, comenzó su andadura con gran éxito desde sus comienzos. Posteriormente, fue la carismática Rosa Cedrón la que se hizo cargo de poner voces a las canciones de Luar na Lubre.

Tras esa fructífera y exitosa etapa, las voces corrieron a cargo de la lisboeta Sara Vidal, otra de las grandes cantantes que han dado personalidad a la banda. Sin embargo, han sido precisamente las voces, las que menos continuidad han tenido dentro de la formación y tras Sara vino la etapa de Paula Rey, otra mujer de gran personalidad artística que también aportó su granito de arena al sonido de Luar na Lubre.

Ayer, en el Centro Cultural Medina Elvira, que vuelve a apostar con fuerza por los conciertos y la vida cultural, donde el teatro siempre tiene un importante papel a la par que el de la música, Luar na Lubre presentaban a la jovencísima Belem Tajes que, en esta ocasión, no procede de tierras nacionales, sino de Buenos Aires, aunque criada en Galicia, lo cual no es problema para interpretar estupendamente los complejos temas del repertorio galego.

Repertorio que habla de la “ardora” que se ilumina en las rías en noches de luna, que nos deleita con la fina lluvia de “Xove en Santiago” (del poema de Federico García Lorca), vuelve a ese “O son do ar” que hizo saltar a la fama internacional a la banda (tras la versión que hizo del tema Mike Oldfield), pasea por canciones que recorren el “Camiño do norte” con la ayuda de las voces del público, o llenan de alegría el recinto con “A salla da Carolina” que recoge la melodía de la Schiazula Marazula (o Schiarazula Marazula) del compositor renacentista Giorgio Mainerio.

 

No faltó tampoco su visita a la “Fonte do Araño”, enlazada con unas paracorredoiras que hicieron mover manos y pies a un recinto que estuvo a punto de colgar el cartel del completo. Un repertorio que discurre entre fragas y mariñeiros, como no podía ser de otra forma y que encuentra, en la forma de mantener los finales de Belem Tajes, una nueva cadencia musical dentro de lo clásico de los temas de Luar na Lubre.

Y, llegado el momento del final, los bises no podían faltar para despedirse del público tras “cinco horas de concierto” (guiño, guiño), aderezados por las interesantes explicaciones y el humor gallego de Beito Romero y ese momento, que ninguno queríamos que llegase, se hizo menos triste escuchando dos de los temas más emblemáticos de los gallegos, la alegría de “Camariñas” y el mensaje, más necesario ahora que nunca, del poema de Víctor Jara y la hermosa canción que nos recuerda “El derecho de vivir en PAZ”.

Un magnífico concierto, como siempre, como estamos acostumbrados los que les hemos visto casi desde sus comienzos y sabemos que cada vez que vuelvan será algo especial, como lo fue ayer, como lo será siempre, ojalá que durante otros treinta años en los escenarios disfrutando del buen hacer de Bieito Romero (Gaita, zanfona y acordeón diatónico), Antía Ameixeiras (Violin), Patxi Bermudez (Bodhran, tambor galego y djimbek), Belem Tajes (Voz), Pedro Valero (Guitarra acústica, bouzouki y baixo pedal), Xan Cerqueiro (Flauta travesera, whistles y teclado) y Xavier Ferreiro (percusiones y efectos).

Crónica y fotos: María Villa

Octava Avenida + Radio Focaccia + Fancy Vodka en La Sala

Las nuevas generaciones musicales vienen empujando fuerte. Tanto como para justificar casi un “mini festival” que es lo que pudimos disfrutar el pasado viernes en La Sala con la actuación de los jienenses Octava Avenida y Radio Focaccia y los granadinos Fancy Vodka, todos ellos grupos formados por músicos jovencísimos que ya tienen claro qué tipo de música quieren hacer.

Abriendo la noche Octava Avenida fue una sorpresa para nosotros ya que no habíamos escuchado hablar de estos jienenses y al entrar nos encontramos con unos temas frescos y dinámicos muy bien interpretados con sonidos que nos remiten a un rock de los noventa, con los que nos hicieron disfrutar un buen rato. Desgranaron su primer trabajo discográfico “Paradigmas” (Púa Music – 2016) recientemente presentado. Un álbum producido por Javi Valverde (Estudios La Viña –Supersubmarina, Lücky Dükes, Caballito de Mar Man).

En el grupo escuchamos a Fran Delgado (Guitarra y Voz), Javier Vidal (Batería), Carlos Mariscal (Guitarra), Miguel Collado (teclados, coros) y David Cárdenas (Bajo) y recomendamos no perder de vista a esta formación procedente de Jaén, tienen mucho que decir.

Tras ellos, los también jienenses Radio Focaccia, que comparte algunos miembros con la anterior, de hecho ellos son Mery Espinosa (voz), Nicko bustamante (bajo), Estéfano Serrano (guitarra), Fran Delgado (batería) y Miguel Collado (teclados, coros) y, a pesar de ellos suenan completamente diferentes.

La banda, que está promocionando ahora el crowdfunding con el que quieren financiar la grabación de su próximo trabajo (podéis verlo en http://www.lanzanos.com/proyectos/proximo-trabajo-radio-focaccia/) tiene listos para grabar en Estudio Uno – Madrid (Miss Caffeina, Dinero, Fito y Fitipaldis), con la ayuda de Luis Criado y Pablo Pulido. Los temas, que sonaron el viernes en directo, suponen una nueva etapa de madurez en una banda muy joven pero con las ideas muy claras y que demostraron, en directo, que se puede hacer indie de otra manera y para ello, la voz y la frescura de Mery tienen un papel muy importante.

Para cerrar, los granadinos Fancy Vodka subieron al escenario en formato trío con el indiscutible protagonismo del piano y la voz de Manuel Nazario Guerrero y la batería de Álvaro Gutiérrez. Con un cambio de registro con respecto a los grupos anteriores, si bien dentro de la tónica general de ‘jóvenes aunque sobradamente preparados’ que caracterizó la noche, un tono mucho más melódico y suave fue el cierre perfecto para la jornada.

Fancy Vodka hacen música salida del corazón, nutrida de experiencias personales y compartidas, letras llenas de preocupaciones juveniles y vivencias cargadas de intensidad y todo ello con las complejas y bien interpretadas melodías de un piano que lleva toda la carga de las composiciones pero que convive estupendamente con la suave base rítmica y una línea de bajo que marca y subraya buscando resaltar los diversos movimientos por los que pasan las canciones.

Gusta ver que la joven cantera sigue nutriéndose de grupos de calidad y gusta, sobre todo, ver que demuestran además la capacidad de auto gestionar sus eventos por sí mismo y que salgan tan bien como el del viernes. Así da gusto. Esperemos volver a disfrutar de estos grupos próximamente, el listón lo dejaron alto.

Crónica y fotos: María Villa