Julián Maeso en Planta Baja 14/02/2015

Publicado: febrero 16, 2015 en CONCIERTOS

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Hay veces en las que la música se convierte en una experiencia sublime y un concierto va mucho más allá de la propia música para convertirse casi en un acto de culto y, como en otros actos de culto, la presencia de un órgano, Hammond en este caso, en el escenario de Planta Baja, hace presagiar que algo grande se está cociendo en la sala. Nos esperaba una noche muy especial con Julián Maeso y su banda, en la que escuchamos a Pere Mallén (guitarra y coros), Paco Cerezo (bajo y coros) y Mario Carrión (batería) como protagonistas.

No se trata de un artista cualquiera, sino de alguien que ya ocupó un lugar significativo con “The Sunday Drivers” y que ha formado parte de bandas tan importantes como la de M-Clan o Quique González.  Imponía, al llegar, encontrar tan tremendo instrumento acompañado de su Leslie correspondiente (amplificador con unas “bocinas” que giran lentamente, y que, al hacerlo girar a más velocidad produce un efecto de trémolo que caracteriza el sonido de estos órganos), algo que ya no se ve normalmente por los escenarios. Así es Julián Maeso, espectacular incluso antes de empezar su actuación.

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WALLAS03En una ciudad donde los proyectos nacen, se reproducen y algunos, desgraciadamente, mueren, como fue el caso de “Serpiente Negra” o “Asociación Metalmancho” el pasado año, los que han debido de pensar que algo grande se empieza a lo grande han sido Fuzzy Chain, nuevos agitadores de la escena musical granadina que traían a Los Wallas y Los Nastys a Planta Baja Granada para su fiesta presentación.

A los responsables de este proyecto les preguntábamos sobre el mismo y nos contaban que: “Fuzzy Chain nace con el objetivo de dinamizar la escena independiente con propuestas underground de verdad, tanto de aquí como de allí: todos esos grupos que dejan España de lado en sus giras o que nadie apuesta por ellos porque son demasiado nuevos ya tienen una figura a la que abrazarse.

Con epicentros en Granada y Madrid y con ondas transversales dirigidas hacia otras ciudades españolas, pretenden apostar por nuevos talentos y artistas consagrados de diversos estilo que van del garage al new soul pasando por la electrónica de culto, el pop más luminoso y la

psicodelia más densa. Para empezar, ya hay fecha para la presentación de Fuzzy Chain, apunten: 7 de febrero de 2015 en la sala Planta Baja de Granada con post fiesta en Polaroid Club.

Algo se mueve en Granada y tiene nombre y apellido: Fuzzy Chain. Esta productora de nuevo cuño ha elegido “la ciudad mágica” como centro de operaciones para sus planes y qué mejor que un fiestón de este calibre para presentarse en sociedad. Agárrense que vienen pogos.”

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Avalados por uno de los sellos que nos está dando más gratas sorpresas últimamente y a través del que estamos descubriendo grupos de gran proyección, como es Sello Salvaje, llegaban a Granada el pasado viernes los sevillanos Kenedy a Planta Baja. En plena presentación de su último trabajo “GUTS” grabado en Estudio Setentaynueve de Jerez de la Frontera, con Rafa Camisón (G.A.S Drummers), venían demostrando que hoy en día hacen falta “agallas” para lanzarse de lleno al mundo de la música, pero que a ellos no le faltan.

Con un disco cargado de temas que navegan entre el dream pop y el post rock sin cerrarse a ningún tipo de influencia y manejando los sonidos atmosféricos en las justas dosis para dar dinamismo a composiciones como “Devil by my side”, “Wembley”, “All things” o “Fallen Star”, el grupo, en el que escuchamos a Iñigo Laspiur (voz/guitarra acústica), Miguel Asencio (guitarra eléctrica), Esteban Azagra (teclados) José Luis de la Vega “Seluk” (bajo/coros) y Rojo Rodríguez (batería y percusión) llegaba con ganas de compartir lo mejor de su repertorio con un público que abandonó la sala masivamente tras la actuación de los teloneros sin darles la oportunidad de mostrar todo lo bueno que traían hasta Granada. Una más de las malas costumbres granadinas, como la de llegar siempre muy tarde a los conciertos.

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Compartía días atrás en las redes sociales un artículo que, bajo el título de “Granada para melómanos” enumeraba unos cuantos locales de moda donde música y músicos se dan la mano para hacer las noches granadinas culturalmente más melódicas a pesar de que, en esta ciudad, no es tan fácil como pudiera parecer a la vista de la cantidad de eventos que se alternan.

Me sorprendía el citado artículo con la inclusión de sitios que, por desgracia, no tienen la repercusión que merecen a pesar de llevar años luchando por aportar no un grano, sino una montaña de arena al panorama musical local, como es el “Tornado”. Un histórico para los más rock’n’rolleros.

Junto a éste, merecidamente, otros sitios que llenan de música la noche granadina pero, cual no fue mi sorpresa a ver que entre estos no se encontraban otros tan históricos o más y que el artículo se quedaba en la superficie, en lo obvio y visible, sin pararse a rascar un poco, a mirar la agenda de la ciudad ni a descubrir otras posibilidades y propuestas que están ahí, en esa Granada para melómanos de la que todos formamos parte.

Enfocaba así el fin de semana con un objetivo que esta vez quería ir más allá de la reseña de tal o cual concierto. Lo que realmente quería saber es qué y cuanto nos ofrece Granada en este sentido y no tenía que trasnochar mucho para empezar, en plena tarde del viernes, en uno de los locales que, si bien no lleva mucho tiempo en Granada, se ha hecho un hueco tamaño camión de bomberos entre nosotros. Se trata de Discos Bora Bora, un local “de los que ya no quedan ni en Madrid”, como decían Sidecar antes de empezar uno de esos intimistas (aunque a veces llenos a rebosar, hasta el punto de que alguna gente se queda en la calle) showcase que nos ofrecen Don Gonzalo y Mariajo y donde puedo presumir de haber escuchado tocar a Neuman en un concierto donde estábamos cinco personas (tres de las cuales éramos mi hija, yo y una amiga de ésta).

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Desde ahí, una cervecita para ir entonando la noche en cualquiera de los muchos bares donde la buena música acompaña a la tapa y el ambiente musical se intuye o donde, realmente, te “codeas” (por aquello de apoyarse ambos en la barra) con los mejores artistas locales. De estos son tantos que si nombrase algunos me dejaría muchos más en el tintero y, a estas alturas, cada uno tiene su “ruta de la música-tapa” favorita para las noches de concierto. Por mencionar sólo uno de ellos lo haré con uno que también acoge acústicos ocasionalmente, El Bar de Eric.

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Desde ahí, a un local que empezaba, este mismo viernes a ofrecer música en directo. Acústicos para amenizar tapas tan poco comunes como el sushi, menos “visto” en cuanto a gastronomía local donde, la estrella de la noche, suele ser el bocata de carne en salsa o la hamburguesa. Se trata de Palinka18, un local situado en Martínez de la Rosa, donde pudimos presenciar la actuación de César Camacho junto a Pepe Olmedo en un acústico lleno de sentimiento, de temas donde la voz de César resuena y ocupa todo el espacio que ya de por sí se quedó escaso con la presencia de gente que iba a escucharles.

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Sin mucha diferencia horaria nos dirigimos desde ahí a otro local que también está apostando por los directos en formato acústico. El Sidecar, un local pequeño que cede una de sus esquinas a los intérpretes y que el viernes nos ofrecía a Charly Gang en la presentación de nuevos temas en solitario, sin banda, con el desgarro de su voz y su guitarra. Entramos ya en la franja horaria donde la cerveza se acompaña de pipas y uno se encuentra en la disquisición de acompañar a Charly con un bourbon o seguir con la cerveza.

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Terminado este concierto uno puede pensar que la noche ya ha dado suficiente de sí, o irse a Planta Baja a seguir escuchando música pero si lo tuyo es el directo como filosofía de música, aún se puede coger el coche y desplazarse apenas 10 km. (Madrid centro tiene más recorrido) y llegar hasta Santa Fe para incorporarse, apenas empezado el concierto, a otro histórico de la ciudad, el Alexis Viernes, que cada fin de semana desde hace muchos años ya, ameniza tu copa con buena música de todos los estilos.

Como evento especial también podemos mencionar que esa misma noche, en el teatro de CajaGranada un concierto benéfico a cargo de The Blues Riders. Y mencionar también, cómo no, que hasta el mes de abril la Casa de la Cultura de Mochachil se incorpora a esta ruta tan melómana con una serie de conciertos que van a acercar el rock a todos los públicos y que empezaba el pasado viernes con Arizona Baby.

Comenzamos el sábado “rebuscando” otros lugares menos mencionados en las distintas revistas, guías y listados varios y nos encontramos con que en la misma noche hay música en directo en otro local de reciente incorporación situado a las afueras de Granada y con una apuesta que va más hacia los grupos de versiones para ofrecer una noche “bailable” a un público menos joven pero con las mismas ganas de pasarlo bien. Se trata de La Catedral, en la carretera Maracena-Albolote donde actuaban Trío de Tres en la noche del sábado.

Encontramos también una atractiva programación con la presencia de Guerrero & Cinzano + Paco Chica en otro sitio que últimamente sorprende con directos como poco variados, se trata de Shade Café & Copas, entre Cullar Vega y  Churriana de la Vega aunque, realmente, no es fácil encontrar el sitio (la primera vez que fui estuve perdida más de media hora) pero para eso está google maps y no está de más mirar la ubicación antes de desplazarse hasta el sitio.

También esa misma noche, para los que son más de tocar que de escuchar, en El Balcón del Realejo nos esperaba una jam sesión donde uno podía acercarse a descubrir cosas nuevas o a mostrar el más reciente trabajo de quienes encuentran en estas jam la oportunidad perfecta para ir echando los dientes en la música.

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Y si alguien piensa que el domingo es para descansar y sestear en el sofá se equivoca, a los granadinos aún nos quedan fuerzas para pasar la tarde (más noche que tarde, para desgracia de quienes trabajamos/estudiamos al día siguiente) y pasarnos por El Trastero Rock Bar a otra de esas jam (Imprudentes por más señas) donde puedo decir que he tenido la suerte de escuchar artistas de una gran talla y disfrutar de propuestas diversas e incluso aportar algún granito de arena.

Pero claro, publicando esto lo único que hago es agrandar el “error” cometido por la omisión del artículo que motiva mi reflexión porque, al fin y al cabo, yo soy la primera que se está dejando otros muchos lugares de esta “Granada para melómanos” en el tintero. Sé que me dejo, por ejemplo, el ciclo Carbónico14, que nos ofrecía este verano una serie de conciertos en el Corral del Carbón y me dejo todas esas actuaciones en la calle, con o sin motivos, para celebrar actos diversos o como parte de algún evento concreto pero eso, y algunos de los mencionados, quedan fuera de la consideración “bares”. Ahora tampoco están todos los que son, pero al menos estoy segura de que son todos los que están.

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Si todos los caminos llevaban a Roma sin dudas debió existir uno que se desmarcaba de la senda y se dirigía a su propio destino. Ese debió ser, sin dudas, el Camino Ácido de un Ángel Stanich que ha pasado de ser un joven ermitaño, un “enigma” sin resolver, a transformarse en una suerte de mesías del rock más alternativo donde lo ácido y lo lisérgico conviven a partes iguales y aglutina cientos de fieles que le siguen en las salas para corear sus extrañas canciones cargadas de letras perversamente surrealistas, ingeniosas y mordaces a partes iguales.

Así, Stanich llega con un trabajo lleno de grandes historias, de esas que distinguen a un cantante de un artista y una peculiar estética que también se distingue del resto. En esa senda “bobdyliana” que también ha explotado al máximo Quique González, artistas con los que se le ha comparado y con los que, a pesar de tener cosas en común, no es comparable se mueve él con esos temas con presentación, nudo y desenlace y unos estribillos pegadizos que apura y degusta con una particular voz que te gusta o aborreces, sin término medio.

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(Fotos sacadas del Facebook del Ayuntamiento de Monachil)

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Hay festivales que se montan con una gran inversión económica, en medios y en un equipo humano que consigue poner en marcha la maquinaria para que todo salga a lo grande. Otros, sin embargo, se hacen con una gran inversión de ganas, de coraje y de buen gusto, que se hacen para que el rock sea la excusa de un día de fiesta donde compartir cervezas y música.

El Moi Fest, del que se celebraba este fin de semana la tercera edición (por ahora se hacen dos al año) es de los segundos, de los que se ponen en marcha gracias al empeño de una persona, Moisés Belmonte (aunque él afirma que si no fuese porque María –Pita Sound- le empuja, no seguiría adelante) y con los medios mínimos imprescindibles para que pueda llevarse a cabo.

Celebrado en La Caverna, un rock-bar que puede llegar a acoger a más de doscientas personas (que son las que pasaron por allí a lo lardo del sábado) distribuidas a lo largo de un recinto donde predomina el buen gusto en la decoración y las muchas referencias al rock y la música en general. Es decir, un éxito. Con un cartel de lujo en el que Granada y Almería se dieron la mano para sacar adelante un día muy especial para todos los que pasamos por allí. En el cartel nada menos que Parlement, Proyecto Eskatha, Superfortress, Santa Marta Golden y Desert Stone.

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